Los mundos mutantes de Estefanía B. Flores en El Chico

La exposición de Estefanía B. Flores explora universos escultóricos mutantes inspirados en lo digital temprano, donde cuerpo, memoria y juego construyen paisajes en transformación.

La primera exposición individual de Estefanía B. Flores en Madrid despliega un universo escultórico en constante transformación. En Incluso un Lugar Como Este Puede Durar Para Siempre. O Desaparecer en los Próximos Minutos, la artista propone un recorrido por paisajes ambiguos donde memoria, cuerpo y cultura digital temprana se entrelazan para abrir espacios de juego, inquietud y descubrimiento.

Los mundos mutantes de Estefanía B. Flores en El Chico

La galería El Chico acoge la primera exposición individual en Madrid de Estefanía B. Flores (Santa Cruz de Tenerife, 1989), titulada Incluso un Lugar Como Este Puede Durar Para Siempre. O Desaparecer en los Próximos Minutos. La muestra reúne un nuevo conjunto de esculturas que continúan la investigación que la artista ha desarrollado en los últimos años, una práctica en la que forma, materialidad e imaginación se entrelazan para construir entornos abiertos y mutantes.

Formada en el Máster en Bellas Artes de Goldsmiths, en Londres, Flores trabaja desde un imaginario que remite a los primeros entornos digitales: aquellos paisajes generados por consolas domésticas donde la precariedad gráfica no limitaba la imaginación, sino que la expandía. En esos universos esquemáticos se abría un umbral hacia territorios afectivos aún difíciles de nombrar, espacios donde lo virtual y lo emocional comenzaban a entrelazarse.

Los mundos mutantes de Estefanía B. Flores en El Chico

Las esculturas de Estefanía B. Flores funcionan como elementos de un sistema en movimiento: objetos aparentemente autónomos que contienen siempre la posibilidad de transformarse.

Las piezas se presentan como parte de un entramado vivo. Aunque cada una aparece ante el espectador como un objeto singular, todas parecen contener la latencia de una transformación futura. La práctica de la artista se desarrolla como un sistema en expansión, en el que las obras se relacionan entre sí y generan nuevas configuraciones a lo largo del tiempo.

Los mundos mutantes de Estefanía B. Flores en El Chico

En ese sentido, la lógica de su trabajo recuerda a la estructura del videojuego. Del mismo modo que el jugador acumula objetos o habilidades que le permiten avanzar por distintos niveles, las esculturas se expanden —literal y simbólicamente— a medida que su práctica evoluciona. Las piezas incorporan variaciones y resonancias de trabajos anteriores, creando una continuidad que no es lineal, sino mutante.

Los mundos mutantes de Estefanía B. Flores en El Chico

Como en la lógica del videojuego, cada obra actúa como un ‘ítem’ de un universo en expansión, acumulando variaciones, ecos y mutaciones.

Los escenarios que propone Flores nunca se repiten por completo, aunque sí conservan genealogías reconocibles. Persisten ciertas morfologías, detalles recurrentes o alusiones corporales que reaparecen como fragmentos de una anatomía en permanente rearticulación. Así, cada obra funciona simultáneamente como entidad autónoma y como parte de un ecosistema mayor, siempre inestable.

Los mundos mutantes de Estefanía B. Flores en El Chico

La dimensión técnica desempeña un papel decisivo en esta nueva serie de esculturas. En ellas emerge una cualidad de mayor densidad y firmeza que introduce una sensación de peso, acumulación y sedimentación. Lejos de actuar como un simple soporte, la materialidad se convierte en un elemento expresivo fundamental.

Los mundos mutantes de Estefanía B. Flores en El Chico


La materia deja de ser un simple soporte para convertirse en lenguaje: texturas, sustancias y soluciones constructivas trazan la genealogía de las piezas.

Los materiales funcionan como hilos conductores entre las distintas obras que conforman el universo de la artista. Comparten sustancias, texturas y estrategias constructivas que permiten rastrear su origen común y comprender que, pese a sus diferencias aparentes, todas proceden de un mismo núcleo conceptual.

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Ese origen, sin embargo, permanece deliberadamente difuso. Al aproximarnos a las esculturas, podemos experimentar una leve inquietud frente a formas que recuerdan a garras, extremidades o fragmentos corporales. Son presencias que remiten tanto a nuestra propia anatomía como a la dimensión animal que nos constituye, pasada o latente.

Los mundos mutantes de Estefanía B. Flores en El Chico

Las formas evocan garras, extremidades o fragmentos corporales que nos remiten tanto a nuestra anatomía como a la dimensión animal que nos constituye.

Los mundos que se insinúan en estas piezas no funcionan únicamente como ficciones imaginarias. Aparecen también como vestigios de algo que ya ha sucedido y, al mismo tiempo, como proyecciones de futuros posibles. En ese cruce entre memoria y anticipación se sitúa gran parte de la fuerza evocadora de la obra.

Las esculturas no actúan solo como detonantes de la imaginación: funcionan también como depósitos de memoria. Evocan imágenes vistas, sensaciones experimentadas o recuerdos imprecisos que cada espectador completa desde su propia experiencia. De este modo, la escultura se convierte en un dispositivo de conexión entre quienes la observan.

Los mundos mutantes de Estefanía B. Flores en El Chico

Entrar en la exposición implica aceptar una invitación al juego y habitar, por un momento, un territorio todavía por descifrar.

Quienes se adentran en la exposición aceptan tácitamente esa invitación. Como en cualquier propuesta de Estefanía B. Flores, el visitante atraviesa territorios inciertos y comparte con las presencias que lo rodean un escenario en proceso de revelación. En ese espacio suspendido entre permanencia y desaparición, la obra despliega todo su potencial imaginativo.

Incluso un lugar como este puede durar para siempre.
O desaparecer en los próximos minutos
Exposición individual de Estefanía B. Flores
28 febrero – 1 abril 2026
El Chico
Ronda de Toledo 16, local 9, Madrid