Os devuelvo lo que miré de Lola Zoido en la Marc Bibiloni

Lola Zoido presenta una exposición en la galería Marc Bibiloni donde lo digital y lo táctil se entrelazan en una investigación sobre imagen, cuerpo y tecnología desde la escultura expandida.

Entrevistamos a Lola Zoido con motivo de su última exposición, Os devuelvo lo que miré, en la galería Marc Bibiloni de Madrid. En este proyecto, la artista explora la relación entre lo digital y lo material a través de la impresión 3D, desarrollando piezas que se sitúan entre lo textil y lo escultórico. Su trabajo conecta el telar con el ordenador, el gesto manual con los procesos tecnológicos, abriendo un diálogo entre tradición y contemporaneidad.

Todas las imágenes: vistas de la exposición Os devuelvo lo que miré. Lola Zoido en Marc Bibiloni.

Os devuelvo lo que miré de Lola Zoido en la Marc Bibiloni

Os devuelvo lo que miré

La práctica artística de Lola Zoido se sitúa en un territorio híbrido donde modelado 3D, escultura e imagen digital convergen para pensar cómo construimos la realidad a través de sistemas tecnológicos. En este contexto, la impresión 3D se convierte en una forma de artesanía contemporánea, una extensión del cuerpo y del pensamiento que le permite, como señala, “pensar con las manos”.

Os devuelvo lo que miré de Lola Zoido en la Marc Bibiloni

En Os devuelvo lo que miré, que podrá visitarse hasta el 4 de abril en la galería Marc Bibiloni, las piezas se despliegan como estructuras textiles impresas y ensambladas que se entrelazan con la arquitectura de la galería. Estas formas, plegadas y en tensión, remiten tanto al tejido como a lo orgánico, evocando superficies corporales y cavidades internas. Los patrones repetitivos, habitualmente ocultos en los procesos de impresión, se hacen visibles, revelando la materialidad de lo digital y situando su trabajo en un continuo entre lo humano y lo maquínico. A partir de fotografías tomadas con el móvil y procesadas mediante inteligencia artificial, las esculturas de Zoido condensan la lógica acumulativa de la imagen contemporánea. Entre pliegues, ensamblajes y pequeños fallos, esta introduce una tensión frente a las dinámicas de eficiencia y control, devolviendo a la tecnología una dimensión táctil, material y profundamente corporal. Conversamos con ella.

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Entre lo analógico y lo digital

Tu práctica se centra en explorar cómo la realidad se construye a través de procesos digitales. ¿Qué fue lo que inicialmente te llevó a interesarte por esa relación entre tecnología, imagen y realidad?

Creo que tiene que ver con una cuestión generacional. Crecí en un momento en el que lo digital empezaba a integrarse en la vida cotidiana: no era algo completamente nuevo, pero tampoco estaba del todo naturalizado. No tengo la extrañeza de quienes crecieron en un mundo totalmente analógico ni la naturalidad absoluta de quienes ya nacieron con estas tecnologías plenamente incorporadas.

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A mí me tocó vivir ese momento de transición, y creo que eso ha marcado mucho mi forma de mirar. Desde pequeña me interesaba ese mundo, primero desde un lugar más lúdico —por ejemplo a través de los videojuegos— y más adelante como un medio con el que empezar a pensar mi propio lenguaje. En realidad el origen es bastante simple: empecé a trabajar con herramientas digitales porque me sentía cómoda con ellas, y poco a poco se convirtieron en una forma de pensar cómo las imágenes influyen en nuestra percepción de la realidad.

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Trabajas con modelado 3D, escultura e imagen digital. ¿Cómo dialogan estos lenguajes dentro de tu proceso?

Para mí ese diálogo es bastante natural. La línea de mi trabajo siempre ha estado muy centrada en intentar dar cuerpo a lo digital, no solo a las imágenes, sino también a ciertas sensaciones o materialidades que parecen existir únicamente al otro lado de la pantalla. Normalmente parto de una imagen —puede ser personal, encontrada o generada digitalmente— y a través de distintos procesos intento convertirla en algo tridimensional. Muchas veces esos procesos tienen un componente bastante automatizado. No me interesa tanto esculpir una forma desde cero como observar qué ocurre cuando intento darle volumen a una imagen.  Curiosamente, durante mucho tiempo no me veía trabajando dentro del campo de la escultura. Sin embargo, herramientas como la impresión 3D me permitieron materializar ese paso entre lo digital y lo físico. De alguna manera, esas imágenes terminan adquiriendo cuerpo a través de ese proceso y se convierten en esculturas.

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La mirada en lo digital

El título de la exposición, Os devuelvo lo que miré, sugiere una especie de retorno o traducción de la mirada. ¿Qué significa esta idea en tu trabajo?

Para mí, el título Os devuelvo lo que miré tiene que ver con pensar la mirada en un contexto digital. Me interesa entenderla como una especie de circuito en constante transformación, un proceso de ida y vuelta. Por ejemplo, miramos algo en el mundo y lo capturamos con nuestros dispositivos. Esa imagen pasa a la pantalla, donde queda retenida, y desde ahí vuelve a ser mirada, guardada, recordada o transformada.

Os devuelvo lo que miré de Lola Zoido en la Marc Bibiloni

En mi trabajo, ese proceso continúa a través de diferentes herramientas digitales que me permiten manipular o reinterpretar esas imágenes. A partir de ese archivo empiezo a transformarlas hasta que finalmente se materializan en objetos o superficies dentro del espacio expositivo. Sin embargo, en ese proceso dejan de ser escenas reconocibles o documentos directos de algo que ocurrió: han sido sintetizadas, plegadas y convertidas en otra cosa.

Os devuelvo lo que miré de Lola Zoido en la Marc Bibiloni

De algún modo me interesa pensar ese gesto casi como un intento de volver a dar vida o cuerpo a algo que ya existió, pero que ha atravesado distintos estados de la mirada a través de la tecnología. Por eso el título habla de una devolución: de mirar algo, transformarlo y devolverlo después al mundo, ya alterado, para que otra persona lo vuelva a mirar.

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Escultura en diálogo con el espacio

En la exposición en Marc Bibiloni Gallery, las piezas infladas de carácter textil se entrelazan con las columnas arquitectónicas del espacio expositivo. ¿Cómo influyó la arquitectura de la sala en la forma final de las obras?

Para este proyecto tenía claro que quería trabajar con textiles impresos en 3D y que me interesaba que las piezas se relacionaran con el espacio de forma volumétrica. No quería colocarlas simplemente en la pared, porque muchas de ellas funcionan mejor cuando se pueden ver desde distintos ángulos. Algunas piezas tienen fondos transparentes, y al suspenderlas en el espacio aparece un juego de capas en el que la imagen se mezcla con lo que hay detrás. Eso también remite al vidrio de la pantalla, a esa superficie a través de la cual solemos mirar las imágenes.

“No resulta contradictorio, entonces, pensar la práctica de Zoido como una artesanía del siglo XXI  en la que la impresora 3D se integra como extensión del cuerpo y del pensamiento, permitiéndole, como ella misma afirma, pensar con las manos.” Paula Tomasini Collado (texto curatorial).

Además, en la parte trasera de las piezas se pueden apreciar los restos del proceso de impresión: hilos, fallos, capas de material. Para mí es importante que esos elementos se vean porque forman parte de la construcción física de la imagen. En ese sentido, la arquitectura de la sala permitió que las obras funcionaran como cuerpos dentro del espacio, no como imágenes planas.

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Tu obra parece situarse en un momento en el que la imagen digital se ha vuelto omnipresente. ¿Crees que la escultura puede ofrecer una forma distinta de relacionarnos con ese universo de imágenes?

Creo que, en cierto modo, mi trabajo aparece como una respuesta a ese contexto en el que las imágenes se producen y se consumen a un ritmo cada vez más acelerado. Hoy estamos rodeados de imágenes que aparecen y desaparecen continuamente, y esa velocidad también implica una gran fugacidad. Frente a ese flujo constante, a veces casi abrumador, me interesa generar objetos físicos que nacen de esas mismas imágenes. Para mí es una forma de agarrarme a algo dentro de esa corriente, de detener momentáneamente ese movimiento continuo y darle un cuerpo más estable. En ese sentido, la escultura me permite establecer otra relación con las imágenes: en lugar de aparecer y desaparecer en la pantalla, pasan a ocupar un espacio, a tener peso, volumen y duración. Es como si ese universo visual tan inestable encontrara un lugar donde quedarse.

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La mano como interfaz

En varias de tus piezas aparece una tensión entre lo táctil y lo digital. ¿Te interesa pensar la escultura como una forma de devolver materialidad a imágenes que normalmente solo existen en la pantalla?

Creo que en la era digital lo táctil media mucho nuestra forma de mirar. Por eso también aparecen muchas manos en mis obras: para mí la mano se ha convertido hoy en día en una especie de extensión de la mirada. Gran parte de nuestra relación con las imágenes pasa por ese gesto táctil. Aunque no podamos tocar directamente un paisaje o una escena, cuando la capturamos con un dispositivo sí podemos interactuar con ella: ampliarla, desplazarla, compartirla, borrarla o pasar a la siguiente imagen. Todas esas acciones ocurren a través de la pantalla y de nuestras manos, que de alguna manera median nuestra relación con la imagen y con el recuerdo. En ese sentido, lo digital ya es, en cierta medida, una experiencia táctil, aunque sea de forma indirecta. Por eso me interesa que esas imágenes puedan terminar materializándose en esculturas. Es una forma de llevar ese gesto un paso más allá: de poder tocar físicamente algo que, en principio, solo existía en la pantalla.

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“Zoido crea así formas orgánicas a partir del pliegue y la curva. Sus piezas en tonos rosados nos pueden recordar literalmente a órganos internos, como si un cuerpo se abriera ante el espectador.” Paula Tomasini Collado (texto curatorial).

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Entre el arte textil y el digital

¿Qué artistas te interesan o han influido en tu manera de trabajar?

Depende bastante del momento y del proyecto en el que esté trabajando. Ahora mismo, por ejemplo, tengo muy presente el trabajo de investigación y la práctica artística de Laura Subirats. Su trabajo me fascina y siento que tenemos muchas cosas en común. Cada una desarrolla una práctica muy propia, pero hay muchos intereses que se cruzan, especialmente en torno a la imagen, la tecnología y la cultura visual. Para mí su trabajo es muy inspirador, y por eso también aparece citado en el texto curatorial que escribió Paula Tomasini para la exposición.

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Por otro lado, hasta hace relativamente poco no estaba tan familiarizada con el ámbito del textil dentro del arte contemporáneo. Hace poco descubrí el trabajo de Aurelia Muñoz y me parece fascinante. Me interesa especialmente cómo entiende el textil como algo que ocupa el espacio y que puede adquirir una presencia casi escultórica, algo con lo que conecto mucho también en mi propia forma de trabajar.

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Lo que aún está por tomar forma

Mirando tu trayectoria hasta ahora, ¿qué aspectos de la relación entre lo digital y lo material te interesa seguir explorando en el futuro?

La verdad es que no lo sé con total certeza, porque gran parte de mi trabajo parte precisamente de esa investigación constante que nace de mis propias inquietudes, pero también de dejarme sorprender por cómo va evolucionando la tecnología. Sí tengo claro, por ejemplo, que quiero seguir explorando todo lo que tiene que ver con la impresión textil mediante impresión 3D, que es algo con lo que he empezado a experimentar recientemente. Desde que comencé a investigar esa posibilidad y desarrollé este primer cuerpo de obra para la exposición ha pasado aproximadamente un año, así que siento que todavía es un campo muy abierto para mí.

Os devuelvo lo que miré de Lola Zoido en la Marc Bibiloni

Me interesa seguir investigándolo tanto a nivel técnico como conceptual: entender hasta dónde puede llegar ese “textil” generado con la impresora 3D, cómo puede comportarse en el espacio y qué tipo de imágenes o materialidades pueden aparecer a partir de ahí. En general, cada vez que se abre un nuevo campo de exploración dentro de mi trabajo me resulta muy estimulante. Esa sensación de descubrimiento y de investigación continua es, para mí, una de las motivaciones principales para seguir trabajando.

Os devuelvo lo que miré de Lola Zoido podrá visitarse en la galería Marc Bibiloni hasta el 4 de abril de 2026. Más información en este enlace.