
El Museo Reina Sofía presenta Dulce Venganza, una exposición emocionante y necesaria dedicada al artista de origen cubano Felix Gonzalez-Torres.
La ciudad de Madrid fue un lugar difícil para Gonzalez-Torres (1957-1996), quien en 1971 fue enviado a España en el marco de un programa destinado a trasladar a niños desde Cuba para alejarlos de la dictadura. Permaneció en Madrid poco tiempo antes de trasladarse a Puerto Rico y, posteriormente, a Nueva York, donde desarrolló prácticamente toda su trayectoria artística.
Imagen superior: Vista de la exposición Dulce Venganza. Foto Roberto Ruíz
Vista de la exposición Dulce Venganza. Foto Roberto Ruíz
Felix Gonzalez-Torres volvió a Madrid veinte años después, en 1991, con motivo de la organización de una exposición colectiva. Así recordó en sus escritos ese regreso: «Volví a Madrid casi veinte años después —dulce venganza—».
Y esa frase tan simbólica ha quedado como título de una exposición de gran envergadura que no debe leerse como una retrospectiva, sino como una muestra a gran escala de su obra, tal y como explican sus comisarios, Nancy Spector y Alejandro Cesarco. Esta exposición se suma, ahora en Madrid, a la que pudo verse hace pocos años, en 2021, en el MACBA de Barcelona bajo el título Política de la Relación y que entonces bajo la curaduría de Tanya Barson sí respondía a una retrospectiva más completa del artista americano.
Vista de la exposición Dulce Venganza. Foto Roberto Ruíz
Vista de la exposición Dulce Venganza. Foto Roberto Ruíz
Las obras de González-Torres no se entienden sin la complicidad del público.
En una de las cartelas puede leerse: «Necesito la interacción del público. Sin el público, estas obras no son nada. Necesito al público para completarlas. Le pido que me ayude, que se haga responsable, que pase a formar parte de mi trabajo, que se una». Nada permanece inmóvil ni perenne en su universo. Las pilas de papel pueden disminuir hasta desaparecer. Los caramelos son recogidos por los visitantes y pueden volver a reponerse o no.
Untitled (Revenge), 1991. Vista de de la exposición El Jardín Salvaje. Fundación Caja de Pensiones, Madrid. 1991. Foto: Javier Campano
Exposición, Dulce Venganza. Foto: Natalia Piñuel
Los retratos escritos admiten modificaciones por parte del propio museo: A Untitled (Portrait of Austrian Airlines) (1993) se le han añadido, por ejemplo, los años en que compañías como Amazon o Nvidia salieron a bolsa. La obra cambia con cada presentación y con cada gesto. Que esta concepción voluble sea entendida como el núcleo de su práctica artística, concebida en todo momento como una experiencia compartida y abierta, la convierte en una bienvenida rara avis. La pérdida y la regeneración se convierten en una metáfora silenciosa de la memoria, la migración, la resistencia y la muerte.
Exposición, Dulce Venganza. Foto: Natalia Piñuel
Exposición Felix Gonzalez Torres, MACBA, 2021
La muestra reúne más de cincuenta piezas procedentes de instituciones y museos como el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, el San Francisco Museum of Modern Art o Glenstone, además de colecciones privadas.
El recorrido despliega algunas de sus instalaciones más conocidas, como los Candy Works; Sin título (Retrato de Ross en L.A.), Sin título (Amantes) y Sin título (Ross), y permite entender cómo su lenguaje, aparentemente conceptual, escondía una extraordinaria capacidad de confrontación, belleza y emoción.
Vista de la exposición Dulce Venganza. Foto Roberto Ruíz
Las instalaciones efímeras que acumulan caramelos, caramelos azules como el mar, dispuestos a manera de alfombras rectangulares, llevan un peso asociado; 355 libras es el de dos tituladas Untitled (Lover boys) y 175, el de otras dos que expresamente mencionan a Ross Lycock, pareja del artista, fallecido a consecuencia del SIDA y para quien realizaba realmente todas estas piezas. En su equivalencia a 69 kg (el peso de Laycock antes de empezar el deterioro físico por la enfermedad) va desvaneciéndose según el público la va consumiendo. El caramelo como metáfora del cuerpo transmutado resulta conmovedora.
Vista de la exposición Dulce Venganza. Foto Roberto Ruíz
Sus esculturas de golosinas, papeles amontonados de colores neutros, guirnaldas luminosas, vallas publicitarias o sus intervenciones textuales mínimas parecen invitar a una experiencia amable, casi naif.
Sin embargo, bajo esa superficie estética se esconde una reflexión política sobre el poder, la identidad, el deseo, el duelo y la violencia política. Felix Gonzalez-Torres convirtió la sutileza en una forma de resiliencia y la belleza en un mecanismo de confrontación. Toda la exposición insiste en esa dualidad y tensiones. A Gonzales-Torres no le gustaban tampoco los recorridos lineales y ese tránsito libre por las salas de la primera planta del edificio de Sabatini le confieren un aura especial a toda esta propuesta. El espectador camina libre por unas salas diáfanas que se traspasan por preciosas cortinas translucidas.
Vista de la exposición Dulce Venganza. Foto Roberto Ruíz
El componente autobiográfico y la crisis del SIDA atraviesan su vida y obra, aunque nunca sin recurrir al panfleto o contenido explícito.
Dulce Venganza recuerda además hasta qué punto Gonzalez-Torres alteró las nociones tradicionales de autoría y permanencia. Las obras pueden existir también simultáneamente en distintos lugares y todas las versiones son válidas. El artista construyó así un sistema flexible que desafiaba la idea del objeto único y estable, apostando por formas de circulación abiertas y cambiantes. Más de treinta años después de la creación de muchas de ellas, la pertinencia de su mirada sigue viva. Los discursos reaccionarios de la ultraderecha dominante, los debates sobre identidad, migración o derechos civiles y la persistencia de diferentes formas de violencia institucional conectan triste pero también de forma lúcida con el presente.
Imágenes cortesía de los Museos Reina Sofía y MACBA y de Natalia Piñuel Martín.
Dulce Venganza de Felix Gonzalez-Torres
Hasta el 12 de octubre de 2026
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Madrid