Entrevista. Pablo Agma nos cuenta historias de fantasmas

Entrevista a Pablo Agma sobre su trabajo en cine experimental, donde habla de deseo, culpa, cuerpo, error y su forma personal de crear imágenes.

Pablo Agma (Vigo, 1997) trabaja desde los límites entre el cine experimental, la performance y la instalación. Su práctica explora el deseo, la culpa y la imagen como espacio de revelación. Con obras como Niño Monaguillo y Sus Pecados o I Want (a film), ha construido un lenguaje visual profundamente personal, hipnótico y poético.

Imagen superior: Niño Monaguillo y Sus Pecados – Foto: Gabriel López

Entrevista. Pablo Agma nos cuenta historias de fantasmasPablo Agma por Adrian Salgueiro

En Niño Monaguillo y Sus Pecados parece haber un diálogo entre lo ritual y lo transgresor, entre la culpa y el deseo. ¿Qué tipo de reconciliación personal o simbólica hay detrás de esa pieza?

Pablo Agma: Describe el despertar sexual en un contexto católico y en una ciudad pequeña. A mí me hablaban de pecado mientras convivía con estatuas de santos y de Jesucristo desnudo, y mi mirada se dirigía hacia ellas con culpa. En la obra trabajo con esa sensación, pero traduciéndola en luz, en algo bello. También retrato con cariño recuerdos en la iglesia; había una complicidad con ese lenguaje, con ese modo de habitar el espacio. Creo que el trabajo de reconciliación ya estaba hecho. La pieza trata, sobre todo, de representar esa realidad compleja en la que empiezo a descubrirme.

Entrevista. Pablo Agma nos cuenta historias de fantasmasImagen superior: Niño Monaguillo y Sus Pecados – Foto: Gabriel López

Has trabajado mucho con el error, la distorsión y la textura analógica. ¿Crees que hay una forma de verdad o autenticidad que solo puede revelarse a través del fallo o la imperfección?

Pablo Agma: El error está presente en mi trabajo tanto desde lo formal como desde lo temático: figuras marginales, disidentes, de alguna forma rotas, que no encajan, igual que los procesos analógicos manuales, que tampoco tienen cabida en los esquemas de producción tradicionales. No me atrevo a hablar de verdad ni de autenticidad, pero sí puedo decir que disfruto la imperfección y que me identifico con ella.

En Niño Monaguillo y Sus Pecados tiene algo de exorcismo público. ¿Te importa más el acto de mostrar o el de liberar?

Pablo Agma: Siento que es lo mismo. Mostrar siempre implica liberar, después de un proceso creativo que, en mi caso, suele ser largo.

Entrevista. Pablo Agma nos cuenta historias de fantasmasImagen superior: Niño Monaguillo y Sus Pecados – Foto: Gabriel López

En PisTola, el videoclip que has dirigido para Bella Báguena, hay una atmósfera hipnótica y espectral. ¿Cómo concebiste ese espacio —esa sala suspendida entre lo sensual y lo místico— y qué buscabas contar?

Pablo Agma: PisTola es una celebración del cuerpo transfemenino. Siempre me han fascinado las actuaciones televisivas de divas ochenteras, y hay un imaginario concreto ahí: el escenario, el brillo, la actitud frente a la cámara. También hay recursos de montaje, como la superposición, que llevamos a un lugar más extremo. Las referencias a divas hispanohablantes como Jeanette, Luz Casal o Amanda Miguel son claras. Los juegos con el pelo son un guiño directo a Él me mintió. Bella me hablaba de llevar una coleta larga y rápidamente la imaginé en un escenario así.

Entrevista. Pablo Agma nos cuenta historias de fantasmasNiño Monaguillo y Sus Pecados – Foto: Estudio Perplejo

En tu colaboración con Bella Báguena, dos universos muy personales se cruzan: el suyo, más performativo y queer, y el tuyo, más introspectivo y cinematográfico. ¿Cómo fue ese encuentro?

Pablo Agma: Mi universo también es performativo y queer; simplemente venimos de lugares distintos. Fue muy fácil congeniar y, desde el principio, compartíamos una misma idea.

Entrevista. Pablo Agma nos cuenta historias de fantasmasNiño Monaguillo y Sus Pecados. La casa Encendida – Foto: Estudio Perplejo

En I Want (a film) planteas un flujo de deseos anónimos que se superponen hasta volverse ilegibles. ¿Qué te atrajo de esa imposibilidad de leer o de poseer completamente lo que se muestra?

Pablo Agma: La obra no permite al espectador poseer esos mensajes. Solo puede captar palabras sueltas, formar sus propios enunciados, y hay algo ahí guiado por el subconsciente: no todo el mundo se queda con lo mismo. También lo relaciono con el momento hiperacelerado actual; la obra funciona como un scrolling exagerado y plantea preguntas sobre la atención, la fugacidad y la incoherencia de nuestros deseos. Yo he leído cada uno de esos textos, así que para mí no funciona igual que para el espectador; en ese sentido, me sitúo más como un canal entre ellos y quien intenta leerlos.

Entrevista. Pablo Agma nos cuenta historias de fantasmasNiño Monaguillo y Sus Pecados. A la guitarra LeChatelier. La casa Encendida – Foto: Estudio Perplejo

La pieza recopila confesiones reales, anónimas, y también deseos tuyos. ¿Dónde trazas la frontera entre el archivo colectivo y el autorretrato?

Pablo Agma: La defino como un autorretrato colectivo. Todas esas personas me han prestado sus deseos voluntariamente; yo he filtrado los míos, y me identifico con ese modo de desear, que me parece problemático pero inevitable.

Dices que cada fotograma encierra un deseo. ¿Qué te interesa del deseo como material de trabajo artístico?

Pablo Agma: Es motor, porque creo desde el deseo de que algo exista. Es materia, porque me interesa como fenómeno y reflexiono sobre ello. En esta obra quería trabajar desde el cine estructural para relacionar nuestro modo de desear con cómo uso el soporte.

Entrevista. Pablo Agma nos cuenta historias de fantasmasNiño Monaguillo y Sus Pecados. A la guitarra LeChatelier. La casa Encendida – Foto: Estudio Perplejo

Tus piezas parecen construirse desde el exceso, pero también desde la ausencia: fragmentos, repeticiones, loops. ¿Hay una poética de la pérdida o del agotamiento detrás de tu forma de montar?

Pablo Agma: Sí. Me interesa lo que ocurre en la persistencia ante la repetición. En I Want(a film) puedes atrapar más palabras cuanto más tiempo permaneces ante la obra. En la inauguración en el Auditorio de Galicia traté de observar la paciencia del espectador. Había quien se quedaba un buen rato —y eso para mí es muy satisfactorio— y quien no aguantaba más de un segundo. Ahí la pieza se refuerza en su discurso sobre la atención.