
Se ha inaugurado la 61ª edición de la Biennale Arte 2026, cuya expo central concebida póstumamente por Koyo Kouoh bajo el título In Minor Keys, en display hasta el 22 de noviembre.
Esta Biennale queda inevitablemente atravesada por la ausencia de Koyo Kouoh. Fallecida en mayo de 2025, semanas después de cerrar el marco curatorial de muestra, la comisaria camerunesa-suiza no llegó a inaugurar lo que concibió como una bienal de frecuencias bajas. Así In Minor Keys transforma los Giardini y el Arsenale en una constelación de instalaciones, rituales y espacios de escucha atravesados por espiritualidad, memoria y reparación.
Imagen de portada: Otobong Nkanga
Lie Dan
Frente al espectáculo y la sobreestimulación que suelen definir las grandes bienales, Kouoh propone con In Minor Keys una exposición donde les 110 artistas invitados exploran nuevas formas de resonancia afectiva, comunidad y resistencia sensible. Se trata de una coreografía de escucha, reparación, espiritualidad y descanso en medio del agotamiento sistémico del presente. Frente al impulso enciclopédico que históricamente ha definido las grandes exposiciones internacionales, Kouoh imaginó una muestra organizada no tanto por categorías como por “motivos” o resonancias, como santuarios, procesiones, escuelas u oasis. Más que imponer un discurso lineal, la muestra despliega un ecosistema de afinidades entre artistas, geografías y temporalidades múltiples.
Alice Mahe
El santuario de In Minor Keys
El Arsenale se abre con el “santuario” de Issa Samb. Una gigantesca tela azul con el poema If I Must Die del desaparecido poeta palestino Refaat Alareer (asesinado durante un ataque aéreo israelí en diciembre de 2023) cuelga a la entrada. La pieza de Samb funciona prácticamente como el corazón conceptual de la exposición. Sus ensamblajes, poemas, archivos vivos y estructuras se repiten por toda la muestra, condensando una idea del arte como energía colectiva, pensamiento situado y resistencia a la institucionalización. Frente a la monumentalidad heroica, Samb propone precariedad, acumulación y circulación de saberes con sus textos seleccionados de diferentes autores.
Issa Samb con poema de Refaat Alereer
Trauma, colonialismo y reparación
Entre las piezas más potentes del recorrido destaca también la presencia de Kader Attia, cuya investigación sobre trauma, colonialismo y reparación encaja de forma casi estructural con el marco curatorial de Kouoh. Sus dispositivos visuales y materiales continúan explorando cómo las heridas históricas permanecen inscritas tanto en los cuerpos como en la arquitectura y los objetos. En esta bienal, su trabajo adquiere una dimensión casi litúrgica: la reparación no como cierre, sino como proceso abierto e imposible de completar.
Kader Attia
Algo similar sucede con Joana Hadjithomas y Khalil Joreige, cuya práctica lleva años investigando la memoria, la desaparición y las temporalidades suspendidas del conflicto en Oriente Medio. Sus piezas operan desde la huella, el archivo incompleto y la sedimentación de historias invisibles, dialogando perfectamente con la dimensión espectral de In Minor Keys. Más que representar el trauma, trabajan desde sus restos y reverberaciones.
Joana Hadjithomas y Khalil Joreige
Ecología, territorio, artesanía
La obra de Vera Tamari introduce otra línea fundamental como la relación entre territorio, artesanía, desplazamiento y ecología material. Sus formas orgánicas y estructuras frágiles parecen situarse en un umbral entre ruina y regeneración, reforzando esa atmósfera general de la exposición donde muchas obras funcionan como refugios temporales o espacios de reparación sensorial.
Vera Tamari
Theo Eshetu aparece aquí desde una economía mucho más física de lo que su práctica suele sugerir en el plano audiovisual. En In Minor Keys presenta un olivo milenario montado sobre un motor que lo hace girar lentamente, como si el tiempo histórico hubiera sido desplazado a un eje mecánico mínimo. La pieza no ilustra la idea de memoria, sino que la pone a circular en el espacio, obligando a pensar la espiritualidad no como imagen sino como movimiento continuo, casi incómodo en su repetición.
Theo Esthetu
Espiritualidad y sanación
La dimensión espiritual y sonora de la muestra encuentra uno de sus mejores momentos en las piezas de Cauleen Smith y Guadalupe Maravilla. Smith trabaja desde una poética afrofuturista donde cine, música y meditación política conviven en espacios suspendidos entre ciencia ficción y ritual colectivo.
Cauleen Smith
Guadalupe Maravilla, por su parte, convierte la experiencia migratoria y la sanación en dispositivos vibracionales y performativos donde el sonido funciona literalmente como herramienta terapéutica. Sus esculturas-instrumento y resonancias chamánicas encajan perfectamente en la voluntad de Kouoh de pensar el cuerpo como archivo y espacio de transformación.
Tecnología y sanación
Por otro lado, Tabita Rezaire aporta una de las aproximaciones más complejas a la relación entre tecnología, espiritualidad y sanación. Sus instalaciones y vídeos, atravesados por referencias a cosmologías africanas, redes digitales, colonialismo de datos y prácticas energéticas, expanden el imaginario espiritual de la exposición hacia territorios claramente postinternet. Su pieza funcionan casi como nodos de transmisión entre saber ancestral, futurismo y ecología digital, evitando tanto el tecnoutopismo como la nostalgia antimoderna.
Tabita Rezaire
Memoria oral
Como Rezaire, Kaloki Nyamai son dos de las artistas que ayudan a entender uno de los grandes aciertos de In Minor Keys, porque la exposición no plantea una oposición simplista entre tradición y contemporaneidad. Más bien se trata de una red mucho más compleja donde ritual, archivo, tecnología, oralidad, paisaje y vibración conviven simultáneamente. Sus grandes superficies textiles y pictóricas introducen una dimensión material particularmente poderosa dentro de In Minor Keys. Su trabajo, profundamente conectado con narrativas kamba, memoria oral y transformación del paisaje keniano, evita cualquier lectura folklórica para construir composiciones densas, casi tectónicas.
Kaloki Nyamai
Berni Searle transforma la sala en un espacio casi suspendido, donde grandes velos translúcidos impresos con arquitecturas en ruina cuelgan desde el techo como fragmentos de memoria flotante. La instalación obliga a atravesar lentamente capas de sombras, columnas y estructuras derruidas, mientras una pequeña forma iluminada en el centro concentra toda la tensión del espacio.
Berni Searle
Memoria afrodiásporica y resistencia cultural en In Minor Keys
La presencia de Big Chief Demond Melancon introduce una reflexión fundamental sobre memoria afrodiásporica, ceremonialidad y resistencia cultural. Sus elaborados trajes textiles y composiciones beadwork, vinculados a la tradición de los Black Masking Indians de Nueva Orleans, funcionan aquí no como piezas etnográficas sino como estructuras vivas de transmisión histórica y afirmación política. En el contexto de In Minor Keys, su trabajo refuerza la dimensión procesional y ritual que atraviesa gran parte de la exposición.
Big Chief Demond Melancon
Colonialismo en el Caribe
También resulta especialmente potente el trabajo de Sofía Gallisá Muriente, cuyas investigaciones sobre archivo, colonialismo y construcción de identidad puertorriqueña operan desde la fragmentación y la reapropiación crítica de imágenes. Sus piezas desplazan constantemente la autoridad del documento histórico, abriendo espacios para memorias afectivas, lagunas y narrativas incompletas. Hay una sensibilidad afinada en la forma en que su práctica dialoga con la idea de Kouoh de una exposición construida desde reverberaciones más que desde afirmaciones categóricas.
Annalee Davis
Annalee Davis trabaja desde una relación íntima entre ecología, colonialismo agrícola y memoria territorial en el Caribe. Sus investigaciones sobre paisaje, plantación y sostenibilidad expanden uno de los ejes más insistentes de la exposición: la posibilidad de pensar jardines, huertos y espacios de cultivo como formas de resistencia y reparación histórica.
Crisis ecológicas y coloniales
La práctica de Carolina Caycedo continúa explorando extractivismo, ecologías fluviales y luchas comunitarias frente a infraestructuras de poder. Su instalaciones que consiste en tres esculturas de semillas de gran escala, suspendidas en redes desde el techo introducen una energía mucho más activista y material en la atmósfera de la bienal, recordando constantemente que las crisis ecológicas y coloniales no son abstracciones metafísicas sino conflictos concretos sobre territorio y supervivencia.
Carolina Caycedo
Prácticas pedagógicas y comunitarias
La inclusión de Linda Goode Bryant refuerza además el peso de las prácticas curatoriales, pedagógicas y comunitarias dentro de In Minor Keys. Su trayectoria —entre activismo, institución y organización colectiva— conecta directamente con la noción de “Escuelas” propuesta por Kouoh como estructuras donde arte, cuidado y responsabilidad social se entrelazan fuera de la lógica puramente mercantil.
Más allá de artistas individuales, la inclusión de Lugar a Dudas refuerza la importancia de las infraestructuras independientes y las pedagogías colectivas dentro de la visión de Kouoh. No se trata solo de mostrar obras, sino de visibilizar ecosistemas culturales capaces de sostener pensamiento crítico y comunidad fuera de los grandes centros institucionales.
Lugar a Dudas
Representación y violencia
La obra de Avi Mograbi introduce una dimensión más frontalmente política, especialmente en relación con representación, violencia y responsabilidad ética de la imagen. Su presencia aporta cierta fricción dentro de una bienal que en ocasiones corre el riesgo de quedar absorbida por una espiritualidad demasiado atmosférica. Mograbi devuelve el conflicto al centro, insistiendo en las tensiones irresueltas entre imagen, poder y memoria.
Algo similar sucede con Akinbode Akinbiyi, cuya fotografía urbana en blanco y negro funciona casi como una cartografía silenciosa de desplazamientos, periferias y ritmos cotidianos. Sus imágenes rehúyen el dramatismo espectacular para construir otra temporalidad visual, basada en la observación lenta y en la circulación de cuerpos por ciudades atravesadas por historias coloniales y modernidades fragmentadas.
Akinbode Akinbiyi
Representación y medios
La presencia de Alfredo Jaar aporta otra capa importante, la de una generación de artistas que lleva décadas interrogando la representación del trauma, la violencia mediática y las limitaciones éticas de la imagen contemporánea. Aunque su lenguaje resulta ya canónico, en esta edición adquiere una resonancia particular en esta edición de la bienal.
Éric Baudelaire
Éric Baudelaire trabaja sobre ficción política, archivos y narrativas desplazadas, aquí presenta una instalación multicanal de video. Baudelaire trabaja siempre desde zonas ambiguas entre documento, especulación y memoria, construyendo relatos donde la historia aparece como algo incompleto, inestable y continuamente reescrito.
Cierre In Minor keys Arsenale
Casi al final del recorrido aparece la instalación negra de Laurie Anderson, cuya presencia funciona casi como puente generacional entre experimentación sonora, performance, tecnología y espiritualidad. Más que nostalgia por una figura histórica, su inclusión parece subrayar algo central en In Minor Keys como es la idea de la voz, el sonido y la narración como espacios de transmisión afectiva capaces todavía de producir atención y experiencia compartida en medio del ruido contemporáneo.
Laurie Anderson
Antes de los pabellones nacionales situados en Arsenale, el recorrido se cierra con Torkwase Dyson, cuyas monumentales esculturas desplazan la exposición hacia un terreno estrictamente arquitectónico. No hay imagen central ni narrativa explícita, lo que aparece es un sistema de formas curvas, planos y estructuras que obligan al cuerpo a modificar su manera de atravesar el espacio.
Torkwase Dyson
Exterior de Arsenale
En el exterior del Arsenale, Wangechi Mutu instala una monumental figura recostada, entre esfinge y divinidad híbrida, que observa silenciosamente como una presencia ancestral caída fuera del tiempo. Más adelante, sobre el agua de la dársena, las cabezas flotantes anaranjadas de Alice Maher introducen una imagen mucho más fantasmagórica y extrañamente lúdica, como restos humanos convertidos en aparición flotante dentro del paisaje veneciano.
Wangechi Mutu
En Giardini
A la entrada Otobong Nkanga interviene directamente la arquitectura del Pabellón Central de los Giardini, donde una serie de árboles y estructuras vegetales envuelven y cubren las columnas, alterando la percepción clásica del espacio expositivo. En lugar de ocupar la sala como objeto autónomo, la obra se adhiere al edificio, lo infiltra y lo reconfigura como organismo. La arquitectura deja de ser contenedor neutral para ser atravesada por materia orgánica, sombra y crecimiento. Otra pieza, una esbelta escultura, se encuentra en el jardín posterior a una de las salas.
Otobong Nkanga
En una de las rotondas del edificio, Celia Vázquez Yui presenta una instalación de esculturas zoomórficas. Yui es además una presencia menos sobredeterminada por el circuito internacional. Más que funcionar como representación simbólica, las piezas ocupan el recorrido con una materialidad directa y casi táctil, introduciendo una dimensión donde cosmología, naturaleza y transformación corporal aparecen entrelazadas sin necesidad de traducción discursiva.
Celia Vázquez Yui
Detrás de las criaturas de Vázquez Yui aparecen las esculturas de flores cerámicas brillantes de María Magdalena Campos-Pons y Kamaal Malak. Sus superficies esmaltadas y colores saturados desplazando la exposición hacia un terreno casi exuberante donde lo floral deja de funcionar como ornamento para convertirse en presencia física, densa y ligeramente artificial.
María Magdalena Campos-Pons y Kamaal Malak
In Minor Keys, una muestra atmosférica y sensorial
In Minor Keys es probablemente una de las bienales más atmosféricas y sensoriales de los últimos años. La insistencia en la lentitud, la contemplación y la escucha profunda entra constantemente en fricción con la propia maquinaria de la Biennale con hiperproducción visual, saturación y agotamiento perceptivo y colas interminables como por ejemplo en el pabellón de Austria para ver las performance de Florentina Holzinger. A veces roza el exceso de densidad contemplativa; otras, consigue momentos genuinamente hipnóticos. Pero incluso en sus desequilibrios, la última exposición concebida por Koyo Kouoh deja algo poco habitual en el circuito bienalístico contemporáneo y es la sensación de que todavía es posible pensar el arte como espacio de resonancia sensible y no únicamente como superficie de consumo acelerado.
Guadalupe Maravilla
Continuar con la bienal, los pabellones nacionales aquí.
La Bienal de Venecia se puede visitar hasta el 22 de noviembre, toda la info aquí.
