
Antes de convertirse en The Bright House, la reforma de Parasite 2.0, aquel apartamento del este de Milán construido en los años 80 carecía de atributos extraordinarios, salvo uno muy codiciado: claridad a raudales.
¿El secreto de tanto sol? Su doble orientación, virtud que cualquier casa ambiciona. Parasite 2.0 advirtió enseguida el potencial y lo estableció como la columna vertebral de toda la intervención arquitectónica. De modo que se trata de un piso de 90 m² pensado para que la luz resbale por cada habitación y el aire la atraviese de lado a lado. Para tal cometido, cayeron varios tabiques y con ellos una distribución envejecida, presidida por un interminable pasillo y una estrecha cocina con geometría triangular. “La parte más difícil fue reorganizar las estancias dentro de esa configuración”, explica el despacho.

Parasite 2.0 vació para dejar entrar
Inspirado por el movimiento Light and Space, desde las primeras investigaciones de Robert Irwin hasta las atmósferas blancas y etéreas de James Turrell, y por la arquitectura de Mario Galvagni, Parasite 2.0 siguió la intuición de su cliente y apostó por la sustracción: vaciar antes que llenar y despejar antes que decorar en esta residencia italiana ubicada en una quinta planta.




La curva que cambia las reglas de The Bright House
El equipo cambió las reglas de la planta original al introducir en ella un muro central curvo que reordena toda la vivienda y subvierte su ortogonalidad inicial. Un elemento diseñado a medida por Parasite 2.0 que separa parcialmente el salón de la zona culinaria y del corredor, pero sin cerrar por completo los espacios. Su espesor se aprovechó para alojar baldas que absorben funciones de almacenamiento, una solución que redujo la presencia de mobiliario exento y dejó libres y vacías el mayor número posible de paredes, acabadas con un sencillo enlucido.
Una cocina hecha de fragmentos
En la actual The Bright House, el área coquinaria poco tiene que ver con su primigenia disposición. Ha pasado de ser un rincón más delimitado a transformarse en un volumen bajo y alargado que se abre al salón-comedor. Su composición material y su estudiada paleta cromática remiten a una cocina armada desde la acumulación de piezas encontradas y vestigios de mobiliario anterior.






La memoria bajo los pies
La operación alcanzó también los dormitorios, que ahora cuentan con vestidor, y los baños, completamente reformados. En lo material, el parquet original resiste como remanente del pasado, rodeado hoy de resina, hormigón y paredes blancas de rugosa textura.
Salvo la cocina-aparador del salón, ideada ad hoc por Parasite 2.0, el resto de las piezas fue seleccionado por el cliente, con predilección por piezas vintage como una silla monobloque de Gaetano Pesce.