
El 22 de agosto Jacob Hashimoto presentó Giant Arc en SFMOMA, la mayor instalación de su carrera, formada por más de 75.000 elementos. Una obra monumental concebida para transformar la experiencia del espacio.
Entrevistamos a Jacob Hashimoto, cuya obra transforma miles de elementos ligeros y repetidos en paisajes suspendidos que alteran la arquitectura y la percepción del espectador. Sus instalaciones combinan una extraordinaria precisión constructiva con una sensación de movimiento, fragilidad y expansión, situándose en un territorio híbrido entre imagen y espacio. Una práctica en la que lo artesanal y lo contemporáneo conviven para convertir el espacio expositivo en una experiencia inmersiva.
Imagen superior: Instalación Giant Arc en SFMOMA. Foto: Don Ross
Retrato de Jaco Hashimoto. Foto: Derek Zeitel
Jacob Hashimoto ha desarrollado un lenguaje visual singular basado en la repetición de miles de pequeños elementos suspendidos que, ensamblados, construyen paisajes a gran escala entre la escultura, el dibujo, la arquitectura y la instalación. Conocido especialmente por sus composiciones realizadas a partir de cometas de papel, el artista estadounidense ha convertido estos objetos en una especie de píxeles físicos con los que modela nubes, horizontes, estructuras flotantes y entornos inmersivos que invitan al espectador a recorrerlos y habitarlos. Su trabajo incorpora referencias procedentes de la artesanía japonesa, la abstracción contemporánea, la cultura digital y los videojuegos, explorando la construcción de imágenes, espacios y formas de percepción. Este mes de agosto presentará la monumental instalación Giant Arc en el SFMOMA. Conversamos con Hashimoto sobre los orígenes de su práctica y cómo las obras adquieren nuevos sentidos con el tiempo.
Instalación Giant Arc en SFMOMA. Foto: Don Ross
De la pintura al espacio
Belén Vera: Tu práctica comenzó en la pintura y el grabado, pero en un momento dado derivó hacia instalaciones de gran escala. ¿Qué te llevó a ese cambio?
Jacob Hashimoto: Ese cambio ocurrió muy pronto, cuando estudiaba en la School of the Art Institute of Chicago. Estaba trabajando con pintura abstracta y grabado, pero cuando finalizaba mis estudios empecé a sentir que ese lenguaje se había vuelto muy limitado para mí. No encontraba un camino propio dentro de la pintura, una disciplina con una historia tan amplia y compleja. En aquel momento hablé con mi padre, que era profesor de escritura, y me sugirió que pensara en la práctica como una forma de atravesar el bloqueo. Me propuso hacer algo con las manos como tejer, construir cometas, hacer maquetas o tocar música. Cualquier actividad física podía ayudarme a seguir pensando.
Por aquellos días, mi estudio estaba frente a Grant Park, en Chicago, así que empecé a construir cometas y a salir al parque a probarlas. Después volvía al estudio, las modificaba y las colgaba en la pared. Llegué a tener unas cuarenta o cincuenta, y empecé a ver que podía hacer algo con ellas. De algún modo, las cometas se convirtieron en una herramienta de dibujo, casi en un elemento pictórico, pero trasladado al espacio escultórico. Ahí se abrió todo; el cuerpo del espectador, el movimiento, la relación con la arquitectura, la experiencia física de la obra.
“Los artistas nunca controlamos del todo el significado de nuestro trabajo, el contexto cambia, el mundo cambia y las obras terminan adquiriendo nuevos sentidos.” Jacob Hashimoto
The Fractured Giant. Boise Art Museum. 2022. Foto: Tobin Rogers
B.V.: En tu trabajo, las cometas forman parte de un sistema que construye imagen y espacio. ¿Cuándo empezaste a entenderlas de esta manera?
Jacob Hashimoto: Una de mis primeras obras con cometas fue Perennial. Estaba formada por 365 pequeñas cometas suspendidas del techo mediante hilos que apenas tocaban el suelo. Eran tan ligeras que, cuando alguien entraba en la sala, el aire de su propio movimiento las hacía oscilar y producir un suave susurro. Aquella pieza estaba profundamente ligada a mi relación con mi padre. Él construía cometas cuando era niño porque su propio padre le había enseñado a hacerlas con palillos chinos cortados a mano, algo que generaba conflictos familiares en una época de escasez. Siempre me interesó esa tensión entre la necesidad práctica y la necesidad de jugar e imaginar.
The Fractured Giant. Boise Art Museum. 2022. Foto: Tobin Rogers
Lo curioso es que, aunque mi padre sabía construir cometas, nunca me enseñó. Cuando me sugirió que empezara a hacerlas durante un bloqueo creativo, entendí que tenía la oportunidad de aprender por mí mismo algo que no había heredado directamente. Perennial se convirtió así en una reflexión sobre la herencia, el aprendizaje y la relación con mi padre. Después de esa obra comencé a desarrollar proyectos cada vez más ambiciosos, entre ellos una instalación de gran escala en la que trabajé durante varios años y que acabaría presentándose en el Museum of Contemporary Art de Chicago.
The Wind’s Gathering Applause. 2025. Foto: Wade Cotton
Tradición, materia y oficio
B.V.: Tu obra mantiene una relación muy fuerte con materiales y referencias vinculadas a la tradición japonesa. ¿De dónde procede esa conexión?
Jacob Hashimoto: Al principio las cometas mantenían una relación más directa con la tradición japonesa, pero con el tiempo empecé a trabajar con fabricantes de distintos lugares, especialmente en Weifang, en la provincia china de Shandong, donde existe una importante tradición de cometas circulares. Poco a poco incorporé diseños tailandeses, indios y de otras culturas porque me interesaba la cometa como un objeto universal. Prácticamente todas las sociedades tienen alguna forma de ella y, cuando aparece en un museo, permite que personas de contextos muy distintos reconozcan algo propio.
The City. 2020. Foto: Mario Gallucci
La conexión con Japón procede sobre todo de mi relación con la artista Keiko Hara, una de mis primeras mentoras. Desde muy joven trabajé con ella cortando bloques de madera y colaborando en procesos de litografía e impresión sobre papel japonés. Una experiencia que me permitió comprender mejor las cualidades de estos materiales y las posibilidades que ofrecían. Aunque soy medio japonés, diría que mi vínculo con esa tradición nace tanto de esa formación como de la suerte de haber aprendido junto a una artista extraordinaria, que me transmitió una manera muy particular de entender el oficio, la materia y la precisión.
“Cuando una obra está viva en la mente del artista, se nota. Se perciben las decisiones, incluso las decisiones extrañas o imperfectas.” Jacob Hashimoto
Path to the Sky. Santa Maria de la Scala. 2025. Foto: Michele Alberto Sereni
B.V.: En tu obra hay un equilibrio entre tradición y contemporaneidad, entre materiales delicados y grandes espacios museísticos. ¿Cómo has vivido esa relación con lo artesanal dentro del arte contemporáneo?
Jacob Hashimoto: Ha sido una relación complicada porque, durante muchos años, el trabajo artesanal apenas ocupó un lugar relevante dentro del arte contemporáneo estadounidense. Cuando yo empezaba, a finales de los noventa, la atención estaba puesta en el vídeo, la fotografía, los nuevos medios y los lenguajes conceptuales, mientras que la artesanía parecía algo superado. Hoy esa percepción ha cambiado, creo que la inteligencia artificial ha contribuido a que valoremos de otra manera los objetos hechos por personas, devolviendo importancia a la mano, al tiempo y a la dedicación que implica construir algo físicamente.
También ha cambiado mi relación con las artes textiles. De joven intentaba mantenerme alejado de ese ámbito porque temía quedar encasillado, mientras que ahora me interesa formar parte de una comunidad que encuentro especialmente comprometida y auténtica. Los textiles forman parte de nuestra vida cotidiana, en la ropa que vestimos, las sábanas donde dormimos, los objetos que nos rodean y, precisamente por esa cercanía, contienen una dimensión poética que a menudo pasamos por alto.
The Fractured Giant. Boise Art Museum. 2022. Foto: Tobin Rogers
Entre lo analógico y lo digital
B.V.: ¿Cuáles han sido tus principales influencias?
Jacob Hashimoto: Vengo de una tradición vinculada a la abstracción de posguerra. Artistas como Agnes Martin, Ad Reinhardt, Sol LeWitt o Joseph Kosuth han sido importantes para mí, incluso cuando sus planteamientos parecían alejados de los míos, porque a veces las influencias también surgen por contraste. Me interesan igualmente figuras como Anselm Kiefer por la escala de sus entornos, y artistas como Jessica Stockholder, Anne Hamilton o Annette Messager, cuya forma de expandir la abstracción y la instalación en el espacio resultó decisiva para mi generación. Fuera del arte, los videojuegos han sido una influencia constante; crecí jugando con mi padre y sigo haciéndolo hoy. Me fascina cómo construyen paisajes digitales y formas de habitar el espacio. Todo eso termina mezclándose con mi interés por la pintura, la escultura, los textiles y la experiencia física del espectador.
“Hoy la inteligencia artificial ha contribuido a que valoremos de otra manera los objetos hechos por personas, devolviendo importancia a la mano, al tiempo y a la dedicación que implica construir algo físicamente.” Jaco Hashimoto
Skyfarm Fortress. 2014. Foto: Cesar Arredondo
B.V.: Has descrito tus composiciones como “píxeles en el espacio”. ¿Te interesa crear una tensión entre lo digital y lo artesanal?
Jacob Hashimoto: Sí, ese diálogo siempre ha sido importante para mí porque pertenezco a una generación que creció entre dos mundos. Comprábamos discos, escuchábamos casetes, trabajábamos en el cuarto oscuro y, al mismo tiempo, hemos asistido a la expansión de la cultura digital. Cuando empecé a construir estos “píxeles” hechos a mano, los entendía casi como una forma de representar cómo mi mente organizaba el espacio, en una época en la que todavía no existían las herramientas digitales que tenemos hoy y todo debía imaginarse y construirse directamente en el lugar. Ahora trabajamos con modelos en Rhino 3D y miles de piezas ubicadas con precisión, pero entonces el proceso era mucho más intuitivo. También ha cambiado la manera de leer aquellas obras; hoy pueden recordar a Minecraft, a la visualización de datos o a la nube digital, aunque cuando las hice esas referencias ni siquiera existían. Eso me interesa porque demuestra que los artistas nunca controlamos del todo el significado de nuestro trabajo, el contexto cambia, el mundo cambia y las obras terminan adquiriendo nuevos sentidos.
The Gravity of the Sun. 2025. Foto: Henrik Kam
Dejar espacio a lo inesperado
B.V.: ¿Qué papel tiene la incertidumbre en tu proceso de trabajo?
Jacob Hashimoto: Creo que intento controlar solo lo que puedo controlar. Las obras más logradas suelen ser aquellas en las que empiezas con una idea, pero durante el proceso aprendes cosas que modifican el resultado. Si ignoras todo lo que descubres por el camino y te empeñas en seguir el plan original, la obra sufre. La idea inicial es una semilla. No sabes qué va a crecer a partir de ella. En muchos encargos tenemos que hacer renders muy detallados, pero al llegar al espacio físico siempre aparecen cosas nuevas. Entonces explico al cliente que he hecho lo que prometí, pero que he cambiado algunos aspectos porque el proceso me ha enseñado algo. Sería una pena no escuchar eso. Cuando una obra está viva en la mente del artista, se nota. Se perciben las decisiones, incluso las decisiones extrañas o imperfectas. Si todo está completamente predeterminado, aparece una especie de rigidez, una falta de vida.
“Intento controlar solo lo que puedo controlar. Las obras más logradas suelen ser aquellas en las que empiezas con una idea, pero durante el proceso aprendes cosas que modifican el resultado.” Jacob Hashimoto
The City. 2020. Foto: Mario Gallucci
B.V.: En los últimos años has incorporado materiales y formas nuevas, como esferas, estructuras o elementos más escultóricos. ¿Qué necesita tener un material para que te llame la atención?
Jacob Hashimoto: No tengo restricciones materiales. Muchas veces se habla del papel de arroz como si fuera esencial por su tradición cultural, pero para mí lo importante son sus características físicas. Si encontrara un papel con las mismas propiedades en España, también lo usaría. Las decisiones materiales tienen que ver con lo que necesita la obra. En proyectos de arte público, por ejemplo, hemos trabajado con resinas, papeles impresos y superficies translúcidas para conseguir una sensación parecida al vidrio coloreado, pero con más resistencia. Ahí entran cuestiones muy prácticas como durabilidad, limpieza, toxicidad o resistencia al entorno. Otros objetos, como las esferas, cajas o estructuras metálicas, suelen surgir de investigaciones más personales. Son formas que utilizo para experimentar y aprender. A veces esas investigaciones vuelven después al trabajo con cometas y lo transforman desde dentro.
The Sky. 2020. Foto: Mario Galluci
Construir un paisaje: Giant Arc
B.V.: La instalación Giant Arc, que se presentará en SFMOMA en agosto, estará compuesta por decenas de miles de cometas. ¿Cómo imaginas la experiencia del visitante ante una obra de esa escala?
Jacob Hashimoto: Creo que cada persona tendrá una experiencia distinta; algunas preferirán observar la obra desde cierta distancia, mientras que otras se adentrarán en ella, se sentarán, se tumbarán o simplemente pasarán tiempo allí. Lo interesante es que la instalación ocupará una zona de acceso público del museo y no una sala para la que haya que pagar entrada. Eso transformará por completo la relación con la obra, ya que la gente podrá atravesarla de camino a comer, encontrarse allí con amigos o detenerse unos minutos antes de seguir su recorrido. Me gusta pensarla casi como un jardín.
La pieza se desarrollará de forma ascendente, con una parte que toca el suelo mientras otra se eleva por encima de la cabeza del visitante y se expande por el espacio. La idea es que permanezca allí al menos dos años y, una vez concluida esta etapa, me gustaría encontrar otros lugares donde pudiera seguir viajando, aunque fuera parcialmente, porque se trata de una obra enorme que ha requerido mucho trabajo.
The Sky. 2020. Foto: Mario Galluci
B.V.: Después de una instalación tan ambiciosa como Giant Arc, ¿sientes la necesidad de abrir nuevas vías en tu trabajo? ¿Hay aspectos del espacio, los materiales o la percepción que te interese seguir investigando?
Jacob Hashimoto: En 2027 tengo previsto realizar una nueva instalación de gran escala para el Denver Art Museum, un proyecto completamente distinto que tendremos que construir desde cero y que probablemente nos llevará cerca de un año de trabajo. No pienso tanto en explorar nuevos materiales como en seguir investigando nuevas formas de construir espacio y percepción. Muchas veces una obra nace de una idea muy simple y acaba llevándote a lugares inesperados, así que intento mantener cierta apertura durante todo el proceso. Veremos adónde nos lleva la siguiente.
Más información sobre la exposición de Jacob Hashimoto en SFMOMA en este enlace.