
Glade/Clairière de Wolfgang Tillmans en Galerie Chantal Crousel abre el 5 de septiembre. Con esta muestra Tillmans vuelve a preguntarse qué sucede entre el mundo y la imagen.
¿Qué pasa cuando dejamos de mirar las imágenes como si supiéramos de antemano lo que estamos viendo? En Glade/Clairière, Wolfgang Tillmans juega con esa pequeña crisis de percepción. Una gota de agua, un paisaje visto desde un tren a toda velocidad, una sombra o un papel fotosensible se convierten en ejercicios para mirar de otra manera; porque el acto de mirar está cargado de intencionalidad y sesgo.
Imagen de portada: Lacanau (self), 2026
Lighter, purple, green, 2025
Wolfgang Tillmans, Glade y los modos de mirar
En 1972, John Berger comenzó su célebre programa Ways of Seeing con una idea que todavía resulta incómoda: mirar no es un acto inocente. Antes de enfrentarnos a una imagen ya hemos aprendido cómo hacerlo. La historia del arte, la publicidad, el cine, la cultura popular o nuestra propia experiencia han ido construyendo ese archivo invisible desde el que decidimos qué merece nuestra atención y qué podemos pasar por alto.
Alex on the Bus, 2026
Más de cincuenta años después, la fotografía de Wolfgang Tillmans podría leerse como una manera de desobedecer ese manual. No porque intente enseñarnos una nueva forma correcta de mirar, sino porque continuamente altera nuestras expectativas sobre las imágenes. Un cuerpo, una prenda, un manojo de espárragos, una sombra, un paisaje o una superficie de papel pueden compartir una misma intensidad visual. No hay necesariamente una jerarquía entre ellos. Lo que cambia es nuestra capacidad para detenernos.
Quarry, 2001
La nueva exhibición de Wolfgang Tillmans Glade/Clairière en la Galerie Chantal Crousel de París que se puede visitar hasta el 10 de octubre. El título parte de una palabra sencilla Glade (en ingles) y Clairière (en francés), que significa “un claro del bosque”, ese espacio donde los árboles se abren y la luz consigue entrar. El título funciona casi como una metáfora de la fotografía del artista alemán; un lugar en el que algo aparece, pero nunca completamente. En el centro de la exposición está la línea, entendida tanto como forma como frontera entre lo que el artista construye y aquello que se le escapa.
¿Imagen espontánea o construida?
En Tillmans, una fotografía nunca es simplemente una fotografía de algo. Una de las mejores pruebas está en Intervention, a (2026), A primera vista muestra gotas de agua suspendidas frente al cielo y la playa. Pero esas gotas no estaban allí. Tillmans lanzó el agua y fotografió el movimiento. Lo que parecía un fragmento de naturaleza resulta ser una pequeña puesta en escena. Hay juego, pero también control. ¿Es entonces una imagen espontánea o construida? Las dos cosas. Y precisamente en esa incertidumbre está su interés.
Intervention, a (2026)
Tillmans lleva tiempo trabajando en esa zona incómoda. En Lighter, una serie que desarrolla desde 2005, la fotografía deja de comportarse como una superficie plana y se convierte casi en un objeto ya que están compuestas por hojas de papel fotosensible dobladas y expuestas a luces de colores, de manera que las propias líneas de los pliegues participan en la construcción de la imagen. La fotografía ya no representa lo que existe delante de la cámara sino que también habla de su propio cuerpo, de su materialidad y de las condiciones que hacen posible que una imagen aparezca.
El movimiento como parte del proceso
En Paysages à Grande Vitesse, el fotógrafo deja que el movimiento haga parte del trabajo. Son paisajes captados desde trenes de alta velocidad en China, Francia, Alemania, Estados Unidos, Japón, Irán o Portugal, además de imágenes tomadas durante sus viajes en InterRail cuando era joven. La velocidad transforma el paisaje y también transforma la fotografía. Algunas imágenes realizadas con un iPhone en 2008 conservan incluso las pequeñas deformaciones producidas por la manera en que aquel sensor registraba la escena línea por línea. Lo que el ojo no puede detener, la cámara lo convierte en imagen.
Vertical City, 2026
Volvemos así a Berger. No se trata solo de mirar más de cerca, sino de descubrir que el dispositivo desde el que miramos también forma parte de lo que vemos. La cámara no captura simplemente la realidad, sino que la altera, la selecciona, la organiza. Y Tillmans parece disfrutar especialmente de ese momento en que nuestra confianza en la imagen empieza a tambalearse.
Wolfgang Tillmans y los gestos cotidianos
Hay algo pasoliniano en esta atención a aquello que normalmente pasa desapercibido. En sus películas y escritos, Pier Paolo Pasolini. encontraba en los cuerpos, los rostros, los paisajes periféricos y los gestos cotidianos e incluso vulgares una manera de leer los cambios sociales de su tiempo. En Tillmans no hay exactamente esa voluntad documental o política, pero sí una intuición compartida, mirar de cerca puede cambiar lo que creemos saber del mundo.
Wet Legs, 2017
La exposición introduce además elementos que complican todavía más la relación entre imagen y realidad. La muestra contiene una instalación escultórica con materiales concebidos originalmente para remolcar barcos y soportar cargas extremas, pero aquí aparecen liberados de su función. Su peso y su volumen recuerdan que, detrás de una práctica profundamente asociada a la fotografía, existe también una preocupación constante por la presencia física de las cosas.
El trabajo en vídeo de Wolfgang Tillmans
Esa preocupación atraviesa City Shadows/Seine Turbulences, un vídeo realizado durante su residencia en la Cité internationale des arts. En su primera parte, la sombra del artista se mueve sobre la pared del estudio mientras cuerpo y arquitectura parecen mezclarse. Después, el Sena toma el relevo con sus corrientes y remolinos se sincronizan con una composición musical y convierten el agua en una especie de cuerpo en movimiento. La fotografía se vuelve movimiento; el movimiento se vuelve sonido; la imagen deja de ser únicamente algo que se contempla para convertirse en una experiencia corporal.
Parc des Buttes-Chaumont, Paris, 2025
Tillmans, Glade/Clairière
Y quizá ahí reside lo más interesante de Glade/Clairière. Tillmans no parece interesado en decidir si una imagen debe ser controlada o espontánea. Trabaja precisamente en ese espacio intermedio en el que ambas cosas comienzan a confundirse. Puede lanzar agua al aire y esperar a que el movimiento haga su parte; puede manipular deliberadamente un papel fotosensible; puede dejar que un tren produzca una imagen que él no podría controlar por completo. En todos los casos, hay una negociación con el mundo. Por eso, la línea que recorre la muestra termina siendo algo más que un recurso formal. Es la frontera entre superficie y volumen, entre fotografía y objeto, entre abstracción y representación, entre intención y accidente. Una línea que nunca permanece exactamente en el mismo lugar.
Tal vez fotografiar no consista en capturar el mundo, sino en abrir un claro dentro de él.
Todas las imágenes cortesía de la Galerie Chantal Crousel, París