
Frente a una de las playas más hermosas del sur de Menorca, Villa Le Blanc Gran Meliá propone una escapada donde el paisaje, la cocina y el tiempo mandan, con el Mediterráneo como protagonista.
Menorca tiene algo que otras islas del Mediterráneo perdieron hace tiempo: la capacidad de conservar su personalidad incluso cuando llegan los visitantes. Sus playas, sus pueblos y una forma de vivir todavía muy vinculada al mar explican buena parte de su atractivo. En ese escenario, frente a las aguas de Santo Tomás, encontramos un hotel que ha sabido interpretar el carácter de la isla sin renunciar al diseño, la buena mesa y el placer de sentirse bien atendido.

Plato típico de La Terraza del Balear: La caldereta de langosta
Menorca, una isla que todavía sabe ser isla
Hay destinos que han pagado demasiado caro su éxito turístico. Menorca, por suerte, ha conseguido mantenerse relativamente al margen de algunas de las transformaciones que han sufrido otros rincones del Mediterráneo. Comparte con Formentera ese respeto por el territorio, un mar de colores casi irreales y cierta resistencia a perder su identidad. En la costa sur, frente a la playa de Santo Tomás, Villa Le Blanc Gran Meliá parece haber entendido bien esa filosofía. El hotel ocupa una posición privilegiada, con salida directa a una extensa playa cuyas aguas de baño cuentan con la calificación de Excelente. Pero hay otro espectáculo que no necesita ningún reconocimiento oficial: la puesta de sol, capaz de convertir el horizonte en uno de los mejores argumentos para quedarse.

La arquitectura también puede contar historias
El hotel ocupa el lugar del antiguo Sol Beach House, transformado por el arquitecto Álvaro Sans, del estudio ASAH, en un edificio que recoge referencias de la arquitectura tradicional menorquina y las adapta a un lenguaje contemporáneo. En Villa Le Blanc Gran Meliá, el blanco no es simplemente una elección estética, sino el punto de partida de unos interiores donde aparecen los tonos de arena, las maderas, las fibras naturales y las formas curvas. Los arcos, los espacios abiertos y la continuidad entre dentro y fuera consiguen que el paisaje forme parte de la arquitectura. Alfonso Pérez-Ventana firma el paisajismo, con olivos, granados, cipreses y lavanda que aportan esa vegetación mediterránea tan reconocible. El resultado tiene algo de casa menorquina imaginada para unas vacaciones perfectas.

Villa Le Blanc Gran Meliá, cinco años afinando detalles
El hotel celebra este año su quinto aniversario, una buena ocasión para comprobar cómo ha evolucionado desde su transformación. Sus 159 habitaciones y suites forman parte de una propuesta que apuesta por un confort y estilo donde los detalles y los materiales tienen más importancia que las demostraciones de grandiosidad. Es el primer establecimiento de cinco estrellas Gran Lujo de Menorca y pertenece a Victoria Hotels & Resorts, vehículo gestionado por GMA Corporate, mientras que Meliá Hotels International se encarga de su explotación bajo la marca Gran Meliá. Una firma que ha construido su personalidad alrededor de la arquitectura, la gastronomía y una manera de atender al huésped que funciona especialmente bien cuando el personal sabe estar presente sin hacerse notar. Aquí, esa naturalidad es parte del atractivo.

Vista del hotel desde el mar

Un pedazo del puerto de Ciutadella en Santo Tomás
Entre las incorporaciones gastronómicas destaca La Terraza del Balear, nacida de la colaboración con el histórico Cafè Balear de Ciutadella, distinguido con un Sol Repsol. Para entender la importancia de esta alianza hay que viajar hasta 1970, cuando el establecimiento abrió como una pequeña taberna donde desayunaban pescadores y trabajadores portuarios antes de hacerse a la mar. Más de medio siglo después, el negocio continúa en manos de la familia, ya en su tercera generación, y mantiene una particularidad que explica buena parte de su prestigio: dispone de un barco de pesca propio, el Rosa Santa Primera. Esa relación directa con el mar llega ahora a Villa Le Blanc Gran Meliá, donde la cocina menorquina encuentra un escenario diferente sin perder sus raíces.


El mar también se disfruta con cuchara y las manos
La cocina de La Terraza del Balear está dirigida por Julián Nieto y tiene en el pescado y el marisco dos de sus grandes bazas. Aquí merece la pena empezar por el producto, sin demasiadas complicaciones: unas buenas cigalas, unas gambas y cualquiera de las capturas que llegan a la cocina. Aunque si hay un plato que justifica por sí solo sentarse a la mesa es la caldereta de langosta, probablemente la receta más emblemática de Menorca. Un guiso que exige buen género, paciencia y una mano especialmente afinada para conseguir ese caldo profundo al que cuesta resistirse con el pan. Los camareros son tan cercanos que hacen que te relajes de inmediato y disfrutes de la experiencia al máximo. La propuesta encaja con la evolución gastronómica de Villa Le Blanc Gran Meliá, que ha convertido la cocina en uno de los motivos principales para visitarlo.

Mariscos fresquísimos en La Terraza del Balear

La Terraza del Balear

De las brasas a una copa sobre el Mediterráneo
La Terraza del Balear no es el único lugar donde comer bien sin salir del hotel. Nivi explora las posibilidades de la parrilla con ingredientes de proximidad, recetas de inspiración mediterránea y algunos guiños internacionales. Le Blanc Grand Café ofrece un ambiente más informal, perfecto para alargar una conversación alrededor de un cóctel o descubrir alguna de sus propuestas dedicadas al vino y al queso. Y después está Sasga Rooftop, en la azotea, con una carta que toma referencias del universo marinero y una coctelería de autor que invita a quedarse un rato más. En Villa Le Blanc Gran Meliá, cambiar de restaurante significa también cambiar de ambiente y de perspectiva, sin perder nunca de vista el Mediterráneo.

El difícil arte de no tener nada que hacer
Uno de los grandes placeres de alojarse aquí consiste precisamente en no necesitar demasiados planes. La jornada puede empezar con un baño en la playa, continuar con unas horas junto a la piscina y terminar en la azotea, contemplando cómo desaparece la luz sobre el mar. Entre medias, el spa invita a bajar revoluciones, mientras que el gimnasio permanece abierto a cualquier hora para quienes prefieran mantener sus rutinas. Las familias encuentran espacios pensados para los más pequeños y quienes viajan con mascotas también tienen cabida. Hay facilidades para los desplazamientos en coche eléctrico, servicio de lavandería y hasta un campo de golf en las proximidades. Pero quizá el mayor acierto de Villa Le Blanc Gran Meliá sea otro: conseguir que todo funcione con discreción, dejando que cada huésped disfrute de Menorca a su manera.


Sobre Gran Meliá
Gran Meliá Hotels & Resorts, es una división de Meliá Hotels International, es la categoría mas alta de sus hoteles. Una línea que fusiona tradición y vanguardia en edificios de gran valor arquitectónico, desde estructuras modernistas hasta palacios neoclásicos. La gastronomía es otro de sus puntos fuertes ya que apuesta por la cocina de autor y chefs españoles. Además su personal cálido, atento y discretamente presente, es clave en las experiencias únicas y personalizadas a cada huésped.

Villa Le Blanc Gran Meliá
Desde 348 € una habitación doble en temporada baja
El hotel está abierto de abril a octubre (incluidos), cerrando los meses de invierno
Urbanización Santo Tomás, Santo Tomás. Islas Baleares
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