
Repasamos siete películas destacadas de la 71ª Seminci: historias, nuevas voces y miradas que nos han emocionado y prometen dar mucho que hablar.
Este fin de semana poníamos el broche de oro a la septuagésima primera edición de uno de los festivales de cine más longevos de nuestro país. Una clausura que, sin embargo, ha estado marcada por el luto. Todavía conmovidos por la tragedia sucedida en Urda, que nos ha sacudido como sociedad esta semana, la organización se vio obligada a cancelar la gala de clausura.
Arriba: Parte del elenco de la película Una Familia

Pese a ello, Valladolid ha vuelto a convertirse durante estos días en uno de esos lugares donde el cine se vive de una manera especial. La Seminci nos ha ofrecido una panorámica privilegiada de una temporada de premios y festivales que promete ser de infarto y a la que todavía le queda mucho camino por recorrer antes de desembocar en las ansiadas nominaciones. Un escaparate de nuevas miradas, cineastas consagrados y propuestas que, más allá de su paso por las salas vallisoletanas, apuntan ya a convertirse en algunos de los títulos que darán que hablar en los próximos meses.
Porque la Seminci es también eso, el último de los grandes festivales nacionales del año. Un pequeño adelanto, un dulce aperitivo que nos deja con los dientes largos ante lo que está por venir. Algunas de las películas que han pasado por el certamen llegarán a nuestras pantallas a lo largo de 2027, mientras que otras seguirán su recorrido por festivales y temporadas de premios.
Más allá del palmarés, de los galardones y de los nombres propios, nos quedamos con aquellas historias que han conseguido sorprendernos, emocionarnos o quedarse rondando en nuestra cabeza mucho después de que aparecieran los créditos finales. Por eso, recopilamos algunos de los títulos más destacados que nos deja esta edición de la Seminci. Películas que merecen la pena seguir de cerca y que nos recuerdan que todavía queda mucho cine por descubrir.

La Gradiva
La cinta de la francesa Marine Atlan que nos presenta un retrato tan complejo como tierno de la juventud se hizo con la Espiga de Plata. Una suerte de coming-of-age colectivo en el que acompañamos a toda una clase durante su último viaje de estudios, justo antes de dar el gran salto a la universidad y dejar atrás la rutina de compartir pupitre a diario. Con sus más y sus menos, sus facetas más inocentes y también las más oscuras, la película construye un retrato generacional desde una mirada profundamente tierna, despojada de paternalismo y de juicios de valor. Algo que, por desgracia, no siempre encontramos cuando el cine decide mirar a los más jóvenes.

Una Familia
Ha nacido un director. Ricardo Gómez ha dado el salto detrás de las cámaras para contarnos una historia (o, mejor dicho, tres): la de una familia de tres miembros en tres épocas distintas. Un relato que nos invita a reflexionar sobre quiénes somos, de dónde venimos y hasta qué punto el peso de nuestra familia condiciona nuestra propia existencia. Protagonizada por una Claudia Traissac que firma uno de sus mejores trabajos hasta la fecha y un Patrick Criado que viene de un año especialmente cargado de proyectos, la película emana verdad por los cuatro costados. Una primera incursión en la dirección que demuestra que, después de tantos años entre bambalinas, Gómez ha aprendido más que de sobra lo que hace falta para ponerse al otro lado de la cámara.

Salen las Lobas
Ganadora del Premio Seminci Joven y del Premio del Público Punto de Encuentro, puede que los galardones sean ya gancho más que suficiente para que pongáis el ojo en esta película. Pero era imposible cerrar esta selección sin mencionar la ópera prima de Claudia Estrada.
Una cinta en la que la directora toma como punto de partida la historia de su propia hermana (que, por cierto, también protagoniza la película) para acercarnos a la realidad de un centro educativo de justicia juvenil y dar visibilidad a unas historias que rara vez encuentran el altavoz que merecen. Despojada de prejuicios y miradas paternalistas, la película nos muestra cómo es la vida entre esas cuatro paredes que, en la práctica, funcionan como auténticas cárceles para adolescentes. Una reivindicación de la música, de la amistad y de la importancia de contar con una red de cuidados y afectos cuando todo lo demás parece fallar.

Ensayos Para Una Revolución
Esta película ya llegaba con un importante reclamo bajo el brazo: su reconocimiento como mejor documental en Cannes. Pegah Ahangarani nos regala aquí un trabajo que parte de la historia de su propia familia para acercarnos a la compleja realidad sociopolítica que ha atravesado Irán en su historia reciente. Una historia de conflictos y tensiones que no ha estallado de la noche a la mañana, sino que llevaba décadas gestándose a fuego lento. Todo ello a través de un montaje exquisito, construido en gran medida a partir de vídeos domésticos y archivos familiares que convierten lo cotidiano y lo íntimo en memoria colectiva. Una forma de contar la Historia desde las pequeñas historias de quienes la han vivido.

Dao
Otra cinta francesa que también se hizo un hueco en el palmarés, esta vez alzándose con la Espiga de Oro. Su director, Alain Gomis, parte del concepto del dao (un movimiento perpetuo y circular que fluye a través de todas las cosas y conecta al mundo) para construir un desfile de emociones que se despliega a través de dos celebraciones radicalmente distintas en dos rincones del mundo: una boda y un funeral. Dos acontecimientos que sirven como punto de partida para explorar los vínculos que nos unen, las tradiciones que nos atraviesan y las distintas formas de entender la vida. Una auténtica loa a la colectividad, a la familia y, sobre todo, a la libertad.

Cinemanía
Marc Ferrer vuelve a la carga con una cinta que no hace más que confirmar cuánto ha crecido como cineasta, aunque sin renunciar a ese tono underground, casi macarra, que le ha convertido en todo un director de culto. Esta película es, en esencia, una declaración de amor al séptimo arte: una oda a todas esas películas y cineastas que han marcado su trayectoria, su imaginario y, en definitiva, su vida. Un universo muy personal que Ferrer no solo escribe y dirige, sino que también se lanza a protagonizar, convirtiéndose en el hilo conductor de este particular homenaje a todo aquello que le ha hecho amar el cine. Una auténtica carta de amor cinéfila, tan gamberra como apasionada.

Aquí
Esta coproducción portuguesa y francesa también aterriza en Valladolid después de su paso por Cannes. Se trata de la adaptación cinematográfica de la trilogía de Jesús, del Nobel de Literatura J. M. Coetzee, que el director Tiago Guedes transforma en una oda al amor, la identidad y nuestra capacidad para cuidar de los demás. Todo ello a través de una historia ambientada en un mundo distópico que sirve como escenario para plantear preguntas profundamente humanas. Manolo Solo y Patricia López Arnaiz encabezan el reparto de una película que nos invita a reflexionar sobre qué significa, en última instancia, ser humanos y cuidar de quienes nos rodean.