Aitor González: memoria, identidad y mundos imaginados

Entrevistamos a Aitor González (Valencia, 1994). Artista visual hispano-peruano afincado en Londres. Su obra nace en el espacio donde la memoria se mezcla con la fantasía.

Su práctica se mueve entre el dibujo y la pintura para explorar cuestiones como la identidad, la migración, la oralidad y la experiencia queer. A través de un imaginario poblado por símbolos, personajes y relatos familiares, construye mundos donde lo íntimo se convierte en universal. Hablamos con él sobre recuerdos, pertenencia y la necesidad de crear desde la vulnerabilidad.

Aitor González: memoria, identidad y mundos imaginados

Tu trabajo se mueve entre la memoria y la ficción. ¿En qué momento un recuerdo deja de ser algo personal para convertirse en material artístico?

Aitor González: Parto de recuerdos muy íntimos, pero cuando los dibujo o los pinto dejan de pertenecerme del todo. Se transforman y se abren a otras lecturas. Siempre sentí que había pocas historias parecidas a la mía dentro del arte contemporáneo, especialmente desde una perspectiva queer, mestiza y de diáspora. Crecí en Valencia, pero con una identidad peruana muy presente en casa. Los viajes a los Andes marcaron profundamente mi imaginario.

Hay algo muy íntimo en tu obra, pero nunca del todo explícito. ¿Qué decides mostrar y qué prefieres dejar en la ambigüedad?

Aitor González: Me interesa sugerir más que explicar. Trabajo con símbolos, personajes y elementos fantásticos que nacen de historias familiares o emociones concretas. La ambigüedad permite que el espectador complete la obra desde su propia experiencia. Muchas figuras recurrentes funcionan como pequeños homenajes a personas cercanas o recuerdos que quiero conservar.

Aitor González: memoria, identidad y mundos imaginados

¿Sientes que construyes historias o fragmentos que el espectador debe recomponer?

Aitor González: Me interesan los fragmentos. Las historias familiares nunca llegan completas: cambian, se deforman y se enriquecen cada vez que alguien las cuenta. Pienso la memoria como algo plástico y emocional más que como un registro fiel de los hechos. Mis obras funcionan como escenas abiertas que invitan al espectador a participar en la construcción del relato.

En tus piezas, las figuras mutan constantemente. ¿Qué te interesa de esa transformación continua?

Aitor González: La identidad tampoco es fija. Los recuerdos cambian y nosotros cambiamos con ellos. Muchas figuras aparecen en proceso de transformación porque hablan de esa sensación de estar entre distintos lugares, culturas o versiones de uno mismo. Esa idea conecta tanto con mis recuerdos de Perú como con mi experiencia de vivir en Londres.

Aitor González: memoria, identidad y mundos imaginados

Tu herencia quechua-española atraviesa toda tu práctica. ¿Cómo dialogan esas dos tradiciones dentro de tu imaginario visual?

Aitor González: De una forma intuitiva. Me interesa trabajar desde un dibujo inmediato, casi infantil, que conecta con recuerdos de infancia y con historias procedentes de mi familia materna. Mi imaginario nace precisamente de ese espacio híbrido donde distintas referencias culturales, afectivas y visuales conviven sin necesidad de jerarquías.

Muchas de las historias que trabajas vienen de la oralidad. ¿Qué te interesa de ese tipo de transmisión?

Aitor González: La oralidad permite que las historias permanezcan vivas. Nunca son completamente objetivas; siempre dejan espacio para la imaginación, la exageración o el afecto. Me interesa esa fragilidad y también cómo cuestiona la idea de una única versión de la memoria o de la historia.

Aitor González: memoria, identidad y mundos imaginados

El dibujo aparece en tu obra como una especie de pensamiento en movimiento. ¿Es el lugar más cercano a tu proceso mental?

Aitor González: Sí, completamente. Dibujo de forma muy intuitiva, muchas veces antes de saber qué estoy intentando decir. Desde 2016 he desarrollado un archivo enorme de cuadernos y dibujos que funcionan casi como un diario emocional. Es un espacio donde puedo trabajar desde la intuición, el sueño y la memoria.

En tu trabajo hay una dimensión muy emocional y vulnerable. ¿Te interesa esa fragilidad como herramienta?

Aitor González: Mucho. Londres me volvió especialmente nostálgico. Creo que la vulnerabilidad es una de las cosas más humanas que existen. Intento que las obras mantengan algo abierto e imperfecto, como los dibujos de la infancia. Me interesa preservar esa libertad y esa honestidad.

Aitor González: memoria, identidad y mundos imaginados

Vives y trabajas en Londres. ¿Cómo influye la ciudad en tu trabajo?

Aitor González: Londres ha influido muchísimo. Es una ciudad muy cosmopolita, pero también muy solitaria. Vivir lejos de mi familia me hizo mirar más hacia mis recuerdos y hacia mi historia familiar. La experiencia migrante, la construcción de comunidad y la búsqueda de pertenencia aparecen constantemente en mis imágenes.

En proyectos recientes como Solar Solar o la exposición en Chorus hay una fuerte idea de comunidad. ¿Te interesa pensar tu obra desde lo colectivo?

Aitor González: Sí. Aunque dibujar y pintar son actividades solitarias, nunca he sentido mi práctica como algo individual. Gran parte de mi trabajo existe gracias a historias compartidas por familiares, amigos o personas cercanas. Me interesa pensar las obras como pequeños mundos conectados entre sí.

¿Te interesa que el espectador entienda tu obra o prefieres que la sienta?

Aitor González: Prefiero que la sienta. No necesito que todo sea comprendido de forma racional. Me interesan las emociones, los sueños y esas sensaciones difíciles de explicar. Busco generar una familiaridad extraña, algo que permanezca incluso cuando no puede nombrarse.

Aitor González: memoria, identidad y mundos imaginados

La ropa con la que aparece Aitor es de Neithan Herbert

Imágenes de las obras son de la galería Shoot the Lobster and General Assembly