
Clap Studio entró en Spook sabiendo que pisaba uno de clubs más míticos de Valencia. La discoteca, superviviente feroz de la Ruta del Bakalao y referencia cardinal en la genealogía de la electrónica española, ha renovado una de sus salas.
El interiorismo de Clap Studio se cimentó en la noción de Dead Room, un término procedente de la ingeniería acústica que define aquellos espacios donde el sonido se absorbe casi por completo, al anular ecos y reverberaciones. Es, a grandes rasgos, un entorno pensado para escuchar música despojada de todo ruido ajeno. Para contagiar al renovado rincón de Spook de ese mismo ritmo, el despacho cubrió paredes, techo y pilares con formas piramidales inspiradas en los paneles fonoabsorbentes de los estudios de grabación.

La textura del sonido de Spook
Clap Studio fue particularmente cuidadoso en la elección de los materiales. El hormigón gris oscuro domina la parte más cercana al público, en contraste con la espuma de poliuretano que envuelve techos y soportes estructurales, una superficie porosa que captura la señal acústica y corta su rebote.
Clap Studio diseña el movimiento
El equipo responsable de este proyecto también ajustó con lupa la anatomía de la sala de Spook, un detalle importantísimo en un lugar donde todo depende de cómo circula el sonido y se mueve el cuerpo. De modo que el despacho ordenó la pista de baile con cuatro pilares y encastró la cabina del DJ en uno de los laterales, como el corazón mecánico que bombea la energía de todo el ámbito.







