
En Shifting Center, la escultora surcoreana Won Ji Lim transforma la ansiedad, los rituales cotidianos y la necesidad de control en una instalación participativa que invita a jugar, experimentar y hacerse una pregunta: ¿es posible encontrar estabilidad en un mundo que nunca permanece quieto?
Hay quien comprueba dos veces si ha cerrado la puerta, quien ordena los objetos de su escritorio hasta alcanzar una armonía casi matemática y quien necesita contar para tranquilizarse. Won Ji Lim, escultora surcoreana afincada en Chicago, convierte estos pequeños gestos en el punto de partida de Shifting Center, una instalación que lleva al espacio expositivo los mecanismos que inventamos para convivir con la incertidumbre. El resultado es un entorno inmersivo en el que la escultura deja de ser algo que simplemente se contempla para convertirse en una experiencia que se recorre, se toca y, potencialmente, se altera.

La seguridad también puede ser un juego
Con unas dimensiones aproximadas de 2,7 × 2,7 × 1,8 metros, la instalación recuerda a una estructura de juegos infantiles construida con tubos metálicos y conectores modulares. En su interior se despliega una red de objetos suspendidos, superficies tejidas, cuerdas, dispositivos en equilibrio y bolsillos transparentes que contienen escritos, pensamientos recurrentes y fotografías.
La apariencia lúdica es importante: invita a entrar, explorar y descubrir. Sin embargo, este parque de juegos tiene sus propias reglas. Aquí, contar, memorizar, ajustar y buscar el equilibrio no son simples pasatiempos, sino estrategias para gestionar la ansiedad. La artista propone así una experiencia en la que el deseo de mantener todo bajo control convive con la posibilidad de que algo, inevitablemente, se escape.

Cuando los materiales se niegan a obedecer
En la práctica de Lim, los materiales no son meros instrumentos al servicio de una idea: también participan en ella. La artista trabaja con metal, cuerda, vidrio, arcilla y tripa de cerdo, explorando cómo responden a la tensión, la gravedad y el paso del tiempo.
En Shifting Center, la rigidez geométrica de la estructura metálica contrasta con las superficies tejidas con materiales orgánicos. Aunque estas se construyan siguiendo un orden preciso, pueden estirarse, secarse y cambiar de forma. Lo que parecía perfectamente calculado se vuelve imprevisible.

La paradoja resulta reveladora: cuanto más intentamos fijar una estructura, más evidentes pueden hacerse sus límites. La materia introduce una dosis de imprevisibilidad que ninguna planificación consigue eliminar por completo.
Contar, lanzar, equilibrar: instrucciones para la incertidumbre
Lim convierte sus hábitos personales en mecanismos escultóricos que los visitantes pueden experimentar directamente. Las etiquetas metálicas numeradas y las cuentas de colores remiten a la repetición y la memorización; una plomada suspendida dentro de un cuadrado tejido representa la búsqueda de un centro estable.

Otro dispositivo permite lanzar una pelota contra una representación física de la ansiedad. El gesto, transforma una emoción abstracta en una acción concreta: la pelota golpea, rebota y regresa. La ansiedad no desaparece necesariamente, pero deja de ser invisible.
También los bolsillos transparentes, que reúnen frases y pensamientos recurrentes, introducen una reflexión sobre la necesidad de registrar y clasificar. Las fotografías del propio proceso de archivo vuelven a incorporarse al sistema, creando una especie de archivo que documenta su propia construcción. Ordenar se convierte, a su vez, en otra actividad que requiere orden.

El control cambia cuando entran los demás
La participación del público constituye el núcleo conceptual de la instalación. Los visitantes pueden recorrerla desde diferentes alturas y perspectivas, al entrar, dejan de ser observadores externos y pasan a formar parte del sistema.
Y ahí aparece el verdadero desafío: una estructura concebida para proporcionar seguridad debe abrirse a personas cuyos movimientos, decisiones e interpretaciones no pueden anticiparse por completo. El orden privado se convierte en una negociación colectiva.

La obra puede reorganizarse y adoptar nuevas configuraciones sin que ninguna de ellas se considere incompleta. Cada versión constituye un entorno escultórico pleno, aunque permanezca abierta al cambio.
La trayectoria de Won Ji Lim, cuya obra se ha presentado en Chicago en exposiciones como Momentum y New Work 2026, se sitúa así en un territorio donde la escultura dialoga con la experiencia psicológica y corporal.
En última instancia, Shifting Center no promete encontrar el equilibrio perfecto. Sugiere algo más interesante: que sentirse seguro quizá no consista en eliminar la incertidumbre, sino en aprender a convivir con ella. Incluso, jugando.
