
La artista portuguesa Diana Policarpo explora los vínculos entre ecología, cuerpo y poder a través de ficciones especulativas que rescatan saberes marginados y cuestionan relatos hegemónicos.
El cornezuelo es un hongo que parasita el centeno y provocó en la Europa medieval brotes conocidos como “el fuego de Santo Antonio” con ardores, espasmos y alucinaciones. Las mismas mujeres que lo usaban en pequeñas dosis para inducir abortos acabaron perseguidas por brujería. Ese hongo es el punto de partida de Nets of Hyphae, de Diana Policarpo. Artista visual y compositora construye lo que ella misma llama ficciones especulativas que revelan quién tiene acceso al conocimiento y quién fue expulsado de él.
Imagen superior: Cigutera. Foto: Enrico Fiorese
Ciguatera. Foto: Matteo De Fina
El trabajo de Diana Policarpo forma parte de una generación portuguesa que recupera saberes populares y relaciones con lo no humano para repensar la crisis ecológica.
¿Cómo llegas desde ese archivo histórico al dispositivo ficcional de Nets of Hyphae?
Diana Policarpo: El punto de partida es siempre una especie de archivo factual: una colección de historias, acontecimientos históricos, una conexión botánica, muchas veces relacionada con la tierra. En Nets of Hyphae el trabajo parte del parásito Claviceps purpurea. Desde su impacto histórico en las plantaciones de cereal hasta las narrativas del ergotismo y su aparición a lo largo de la historia del arte, como en las tentaciones de San Antonio. Pero también desde la justicia reproductiva. Después son los procesos especulativos los que hacen que ese archivo se vuelva experienciable de una forma sensorial.
¿Qué historias concretas aparecen en esa investigación?
Diana Policarpo: Es una investigación que involucra historias complejas, desde comadronas y curanderas hasta comunidades marginadas que utilizaron este hongo como conocimiento práctico y político, pero también ancestral y medicinal. Creo que eso lo pone en diálogo con episodios de persecución y juicios por brujería. Así como con la medicalización capitalista en torno a la reproducción, en esa transición del feudalismo al capitalismo. Hay también un vídeo documental grabado en Galicia con la biohacker Paula Pin, y la dimensión económica del ergot, extraído en el norte de Portugal para la industria farmacéutica y sintetizado después en LSD en los laboratorios Sandoz.
Nets of Hyphae. Vista de la instalación en Kunsthal Aarhus 2023. Foto: Jacob Friis-Holm Nielsen
Ese vídeo apunta a una geografía compartida a ambos lados de la frontera. ¿Qué buscabas allí?
Diana Policarpo: Me interesaba mirar esa semejanza de territorios y de prácticas ancestrales entre el norte de Portugal y Galicia. Hubo un momento, durante la Guerra Civil española, en que existió una dependencia muy grande de la extracción de ergot en Portugal. Y hubo también un protagonismo de la parte económica, de la forma en que este hongo fue utilizado tanto por corporaciones farmacéuticas como por otros laboratorios, en particular Sandoz.
¿Con qué otros saberes dialoga la pieza?
Diana Policarpo: Es una ficción especulativa que opera al lado de la etnobotánica, de la historia de las prácticas medicinales y de los propios imaginarios culturales ligados al ergot, el cornezuelo, incluyendo el simbolismo que existe en las tentaciones de San Antonio. Es un conjunto, una constelación de narrativas que pretende hacer visibles estas tensiones entre los saberes tradicionales y las epistemes hegemónicas. Cosas que vienen de la propia relación del poder y de quién tiene acceso a estas formas de conocimiento.
Nets of Hyphae. Cortesía de la artista y Kunsthall TrondHeim. Foto: Daniel Vincent Hansen
¿Qué papel juega ahí la ficción?
Diana Policarpo: Lo que me interesa es activarla no de forma evasiva ni utópica, sino como una fricción. Casi una fricción científica, aunque sea una fricción entre distintos regímenes de lenguaje, conocimiento y poder. También me interesa ir más allá de lo humano. Distanciarme de narrativas y escalas estrictamente humanas e interseccionarlas con formas de inteligencia no humanas o con interacciones como las simbiosis. La ficción no sustituye a la investigación: expande el campo de lo que el archivo puede mostrar sobre las relaciones de poder.
¿Qué riesgos tiene trabajar así?
Diana Policarpo: El riesgo, en este tipo de trabajo, es reproducir simplificaciones o romantizar lo no humano. En lugar de eso, lo que intento hacer es tomar esas relaciones ecológicas y mostrar cómo están atravesadas por la economía, por la cuestión de los trabajadores, por la militarización y por la exclusión, tanto de entidades humanas como no humanas. Así, la ficción funciona como una herramienta crítica que abre espacio a la complejidad de estas relaciones históricas y políticas, sin suavizar los conflictos, sino incorporándolos a la propia forma de narrar.
Mutual Benefits. Foto: Vasco Stocker de Vilhena
¿Qué convierte a un hongo en protagonista de una instalación?
Diana Policarpo: El foco en Claviceps purpurea permite pensar el propio organismo como un agente de contaminación que no es solo biológica, sino también cultural y política. Atraviesa tanto las prácticas medicinales como los sistemas jurídicos y religiosos que criminalizaban los cuerpos disidentes. Me interesa traer la importancia de esa relación con la naturaleza sin reducirla a exotismos. Al mismo tiempo exponer cómo la economía capitalista y el patriarcado fueron instrumentalizando o borrando esos saberes.
Trabajas con instalación sonora, películas y animación. ¿Cómo funcionan esos materiales en la sala?
Diana Policarpo: Cada elemento no es ilustrativo ni literal, sino más bien un punto de experiencia que atrae el cuerpo y la atención del público hacia esos cruces entre materiales y sentidos: desde la historia medicinal hasta la manera en que esos conocimientos fueron erosionados por el patriarcado y por la racionalidad capitalista. También está la idea de vivir en una especie de alucinación permanente, derivada de ideologías. Pero también de alimentos y bebidas consumidos en la Edad Media, y los riesgos que eso sigue teniendo hoy en términos de salud.
Mutual Benefits. Foto: Vasco Stocker de Vilhena
Hablas de los materiales como agentes de transferencia. ¿En qué sentido?
Diana Policarpo: Siento que los materiales, tanto visuales como sonoros o conceptuales, e incluso la cuestión de la luz, acaban por convertirse en agentes performativos. Producen efectos en el cuerpo y en la propia mente, en la experiencia del espectador. Es casi como si los materiales fueran también un modo de producción de sentido y tuvieran esa implicación política.
En Liquid Transfers partes de otro episodio histórico. ¿Cuál?
Diana Policarpo: Hay un episodio en Francia de envenenamiento colectivo que afecta a una ciudad entera, en Pont-Saint-Esprit, en 1951. Se liga, a través de conjeturas historiográficas, a programas de investigación militar de la CIA e incluso a los primeros desarrollos de la sintetización del LSD en los laboratorios Sandoz. Aquí la ficción no surge solo para escapar de lo real, sino que evidencia estas interconexiones entre el control, el lado alucinatorio de varios acontecimientos y teorías, la militarización de sustancias y la propia biopolítica. El foco de la narrativa es la utilización o pulverización a través del aire para contaminar a una población entera, de la que se decía que era una población radicalizada de izquierdas.
Montegridolfo. Foto: Gionata Possenti e Alessandro Rinaldi
¿Cómo se traduce eso en la instalación?
Diana Policarpo: Son tres canales de vídeo y sonido multicanal, de modo que se relaciona con Nets of Hyphae. Las propias narrativas y los sonidos funcionan como algo que atraviesa tiempos y lugares. Conectan historias que van desde la contaminación alimentaria hasta la tecnología, las bioweapons, la biopolítica militarizada y los regímenes de control social. Creo que desafía un poco las narrativas de progreso científico.
¿Cómo entiendes la responsabilidad política de tu trabajo?
Diana Policarpo: Siento que la dimensión crítica de mi trabajo forma parte de un gesto de responsabilidad: exponer las interdependencias entre cuerpo, tecnología, ecología, economía e historia, sin separar el cuidado de la contestación. En ambos proyectos hay una tentativa deliberada de enfrentar discursos contemporáneos. Contextualizando episodios como el de Pont-Saint-Esprit no como meros hechos curiosos, sino como intersecciones de los propios regímenes de poder y de esa violencia estructural. Ese posicionamiento puede volver el trabajo incómodo, porque no ofrece un alivio narrativo ni soluciones claras. Exige un compromiso crítico y activo por parte del espectador frente a las instalaciones y sus componentes.
Diana Policarpo. Foto: Renato Chorão
Trabajas temas que resisten la simplificación. ¿Ahí está la dimensión política?
Diana Policarpo: Es al mantener esa complejidad, en un contexto en el que muchas veces existe la necesidad de simplificar para hacer los temas más accesibles, donde reside la responsabilidad política de mi trabajo. La complejidad y la tensión permanecen dentro de la obra misma, en lugar de ofrecer respuestas o soluciones cerradas.
¿Y hacia dónde continúa esa investigación?
Diana Policarpo: La salud y las políticas de género siguen siendo una ligación entre proyectos, junto a ese lado más mágico o folclórico. En Nets of Hyphae todo está relacionado con la tierra; otros trabajos lo están con el agua, o con el aire, como Liquid Transfers.