Elena Gallén: leer el pasado para entender el presente

Entrevistamos a Elena Gallén, creadora que revisa el pasado para cuestionar el presente. Su obra explora memoria, feminismo y narrativa desde una mirada crítica, sensible y contemporánea.

Etiquetar a Elena Gallén es una tarea compleja, pero algo queda claro al observar su obra: su forma de crear nos invita a frenar y a entender que sin integrar el pasado es arrogante tratar de comprender el presente. Para ella, el peligro no está en la historia, sino en las lecturas anacrónicas; lo que de verdad importa es volver a pasar por el filtro de la luz actual las viejas narrativas, no para borrarlas, sino para verles las costuras, reconocer sus sesgos y trascenderlas.

Elena Gallén: leer el pasado para entender el presente

Actualmente, entre más investigaciones y tareas, lleva adelante The Arch, un proyecto autofinanciado de edición y curaduría que se centra en publicar voces infrarrepresentadas y autores con poca visibilidad, para poner sobre el papel los límites de su disciplina.

Entre la santidad y lo diabólico. Elena, ¿por qué te atrae lo que te atrae? 

Elena Gallén: ¡Entras a degüello! Aún no estoy en condiciones de articularlo pero me atrae ese territorio  limítrofe, ese campo de trascendencia en el que se sacude la existencia revelando toda su  hondura, belleza y misterio.

Sin integrar el pasado es arrogante tratar de comprender el presente.

Hemos perdido la capacidad de conectar con el presente debido, principalmente, a que no disponemos de tiempo y a nuestra incapacidad para decodificarlo. Creo que por ello  hay un repunte de nostalgia, de recrearnos en un recuerdo, a veces inventado, que  se suma al ruido de rigor. Sin conocimiento del pasado no habría  mejora, pero ¿qué encuentras en otras épocas, a nivel de proceso, magia,  naturaleza… que no encuentras en esta? 

Elena Gallén: Soy saturnina y la melancolía es mi temperamento. En el medioevo hubieran dicho que  tenía la bilis negra. Esta memoria emocional del melancólico la tienes o no. Se da por  naturaleza. Es una tendencia a mirar al pasado y reflexionar sobre lo que ha sido para que  tú seas, sobre lo que se ha perdido y lo que ha dejado huella. No es la forma más cómoda  de estar en el mundo, pero ese ejercicio de memoria es útil. Puedes aplicarlo a lo personal  —revisar recuerdos, afectos, patrones— y también a lo colectivo porque en la historia está  todo el conocimiento que necesitas… Es una forma de cultivar sensibilidad y criterio. Yo  luego lo canalizo para conducir mi vida y mi trabajo. Creo que sin integrar el pasado es  arrogante tratar de comprender el presente.

Elena Gallén: leer el pasado para entender el presente

La figura de Bergman está presente en tu casa. Es un perfil que puede exacerbar la  moral feminista contemporánea, marcada a veces por el presentismo y la  propaganda. Tú lo consideras un icono pues te ofreció personajes femeninos en los  que encontraste cobijo. ¿Qué encontrabas en ellas y en su creación? Y por otro  lado, como activista, que es lo que demuestra tu bagaje, ¿en qué posición te  encuentras en cuanto a situaciones como las que se generan, antes nombradas,  bajo el nombre de feminismo? ¿Podemos ser capaces de analizar el genio de los  artistas sin cargar las losas de sus actos? 

Elena Gallén: De Bergman me gusta su forma de retratar la ambivalencia moral de las mujeres, sin  banalizarla ni tipificarla. En su cine no hay moralinas, hay heridas que son universales.  Bergman hace un enfoque profundo de la subjetividad femenina y esa clase de  representación en pantalla, para mi fue fundamental cuando estaba ávida de personajes  con los que identificarme. Con respecto a lo otro, entiendo que me preguntas por la censura  retrospectiva, que no aplica al pobre Bergman que era un santo varón.

Las lecturas anacrónicas son peligrosas; lo interesante es revisar el pasado bajo nuevas luces para trascenderlo.

Creo que cualquier  obra debe leerse en un contexto determinado, enmarcarla en su realidad histórica y a la luz  de la contribución que hizo en su tiempo. Las lecturas anacrónicas me parecen peligrosas y  lo interesante es revisar viejas narrativas bajo nuevas luces para reconocer sus sesgos y  trascenderlos. Esta es la contribución que intento hacer desde un lugar teórico y creativo.  Desde las letras o el arte contribuimos a la causa pero el activismo es otra cosa: es poner el  cuerpo, la reputación, colectivizarse, tejer redes de apoyo, enfrentarse a hostilidades y censuras, como le ocurre por ejemplo a Cristina Fallarás. Eso es para mi el verdadero  activismo.

Elena Gallén: leer el pasado para entender el presente

Angelica Lidell es una sacerdotisa que conjura su vulnerabilidad y te la arroja con violencia.

Angelica Lidell, ocupa un espacio en tu librería. Ella se manifiesta en una esfera  distinta al resto. Quienes nos introducimos en su trabajo salimos marcadas, con una  especie de quemadura en la psique. Partiendo de su figura, ¿cómo definirías a ese  perfil de mujer que trasciende a través de su obra? ¿Qué las caracteriza? ¿Ella y  cuántas más ocupan tu balda? 

Elena Gallén: De Liddell me apela ese carisma transgresor y su honestidad radical, el dolor obsceno que  exudan sus letras y la tortura a la que te somete en directo. Es una sacerdotisa que conjura  su vulnerabilidad y te la arroja. Para acomodar su hechizo hay que estar fuerte porque lo  lanza con violencia. En esa línea, tengo un santoral de poetas, literatas y artistas en mi  libreria que tienen, lo mismo que ella, mucho de alquimistas: Marosa di Giorgio, Chantal  Maillard, Clarice Lispector, Gabriela Wiener, H.D., Lizzie Dotten, Leonor Fini, Leonora  Carrington, Chiara Fumai, Valentine Penrose, Pilar Pedraza o Mariana Enriquez.

Elena Gallén: leer el pasado para entender el presente

Mi recorrido ha sido transdisciplinar, pero ha ido convergiendo en la escritura.

A la hora de desarrollar tu creatividad has experimentado con numerosos formatos,  desde el textil hasta el cine, pasando por lo editorial, el vídeo… ¿Qué hay en el cine  y en la creación de guiones que hace que ocupe tu tiempo actualmente? 

Elena Gallén: Mi recorrido es transdisciplinar pero ha ido convergiendo en la escritura. Después de  publicar el libro El Diablo es Una Mujer, escribí un guion de folk horror mediterráneo que  fue seleccionado y premiado en varias convocatorias, y ahora estoy escribiendo literatura  porque los guiones son un callejón sin salida. Pero sigo en contacto con las artes visuales:  la premisa del libro me llevó a participar en una exposición colectiva Soft World, Sharp  Edges, comisariada por Charlotte Taylor en el London Design Festival 2025. Allí se  exhibieron cinco de mis piezas de video, y la instalación sirvió para activar una narrativa en  torno a la figura de la femme fatale donde dialogaban cine y diseño.

Elena Gallén: leer el pasado para entender el presente

En The Arch buscamos miradas críticas y sensibles que cuestionen los límites de su disciplina.

Además tienes una editorial, ¿podrías contar cuáles son las características que ha  de tener la autora o autor para ser publicada? 

Elena Gallén: The Arch es un proyecto autofinanciado de edición y curaduría que nació para publicar un  libro conversacional con la artista catalana Fina Miralles y para comisariar una selección de  libros para el Incadaqués PhotoFestival 2025 de Cadaqués. Desde 2009 yo había  editado 10 libros de artista, entre monográficos, fanzines y libro-objeto. Esta clase de  publicaciones son delicadas, de tirada corta y una ruina; nos interesan temáticas  infrarrepresentadas y autores con poca visibilidad y eso es lo que queremos publicar.  Estamos trabajando con dos artistas ahora y lo que buscamos es que tengan una mirada  crítica y sensible, personal pero política, y que cuestionen los límites de su disciplina.

Me maravilla el humor ácido de las mujeres barrocas y su capacidad de agencia.

Estás investigando sobre el SXVII.  ¿Qué te atrae de esta época y por qué te está resultando inspiradora? ¿Contarías  alguna anécdota de entonces? 

Elena Gallén: Llevo 8 meses con las narices metidas entre legajos polvorientos y procesos inquisitoriales.  Me maravilla el humor ácido de las mujeres barrocas y su capacidad de agencia. Es  tremendo ver cómo se esforzaban por reescribir el orden social de su tiempo de las formas  más demenciales posibles. Los archivistas que son tan sosegados me ven volcada en esa  mesa riendo y al momento completamente afligida y deben pensar que estoy pirada. Mira,  hay un término en valenciano que usa mi madre y que me encanta: semar. Tiene ver con las plantas pero es traspolable a la creación. Significa literalmente robarle el vigor y la esencia  vital a algo que está vivo, así que prefiero preservar el jugo y no “semarlo” mientras sigue  creciendo. En privado si quieres te cuento cosas. A mi amiga Sara la tengo frita.

Elena Gallén: leer el pasado para entender el presente

Mis rituales son mundanos: café, escritura, lectura y estudio, a veces obsesivo.

¿Cuál dirías que es tu ritual? Al igual que lo hacen muchas de las mujeres que lees y  estudias, ¿cómo veneras tu cuerpo? A diario o en ocasiones… 

Elena Gallén: Mi relación con el cuerpo es más ascética que hedonista. Esto está mal visto pero no se  puede todo. El cuerpo es un instrumento y entiendo el valor de cultivarlo pero me ocupo  más de la mente y el espíritu. Ni soy biohacker, ni wellness enthusiast, ni hago batch  cooking, ni tengo rutina de belleza ni he conseguido disciplinarme con el gua sha. Aún así  mi cuerpo es generoso conmigo. Tengo gemas, aceites esenciales y alguna vez consulto el  tarot pero mis rituales son de lo más mundano: tomo café, escribo, leo y estudio, muchas  veces obsesivamente y desplazando todo lo demás. Me tengo que hacer trampas para dar  paseos y reconectar con la naturaleza o verme con gente a quien no pueda poner excusas  y trato de esta manera de no dinamitar del todo mi vida social.

Elena Gallén: leer el pasado para entender el presente

Resucitaría a una ancestra emigrada para escuchar su historia y poder escribirla.

Si pudieras resucitar a un personaje de otra época ¿quién sería? ¿Qué plan haríais? 

Elena Gallén: Esta pregunta me la han hecho varias veces y es horrorosa porque tengo una larga lista de  fantasmas con los que me quiero citar. Barreré para casa y resucitaré a una ancestra  emigrada a Nueva York, que llegó a Ellis Island en mayo del 1916 y reunió su primer dólar  vendiendo por unidades un ramo de claveles en el Upper East Side. Iré a visitar a mi tía  Anita al Roxy Theater, donde fue jefa de las limpiadoras, y veremos juntas The Love of  Sunya, protagonizada por Gloria Swanson, que fue la primera película que se estrenó en el  Roxy el 11 de marzo de 1927. Después de la película, me contará su historia de vida entre  las bambalinas del teatro para que algún día pueda escribirla.

Texto y fotos Rocío Madrid.