
Un recorrido por once cortometrajes que convirtieron Curtocircuito 2026 en una celebración del cine de vanguardia, la experimentación y el talento contemporáneo.
El pasado 5 de julio se clausuró la 23.ª edición de Curtocircuito. Durante la primera semana del mes, Santiago de Compostela volvió a convertirse en el gran punto de encuentro del cine de vanguardia, acogiendo una programación que demostró, una vez más, que el pequeño formato es capaz de albergar algunas de las propuestas más arriesgadas, estimulantes y emocionantes del panorama audiovisual contemporáneo.
Imagen de la clausura del festival Curtocircuito
Entre estrenos internacionales y una destacada presencia del talento gallego, el festival reafirmó su apuesta por un cine que desafía las convenciones y convierte la experimentación en una poderosa herramienta narrativa.
A continuación, repasamos algunas de las proyecciones que más nos sorprendieron en una edición que volvió a confirmar por qué Curtocircuito sigue siendo una cita imprescindible para los amantes del cine experimental.

1 Dieu est Timide de Jocelyn Charles
Comenzamos con la ganadora de la sección Oficial y es que no es para menos. Charles ya nos tenía acostumbrados al terror y a la oscuridad tal y como vimos en el videoclip How Do I Make You Love Me? de The Weeknd. Y es que parece que este horror, esta monstruosidad que llega a rozar lo gore por instantes es tan solo la semilla de su carrera como cineasta. ¿La premisa de esta cinta? Contarse historias de miedo en un tren que circula a toda velocidad. Con este punto de partida, Jocelyn Chales firma un primer cortometraje hipnótico. Resulta más que loable el pensar que pese a su corta extensión es capaz de evocar reflexiones tan profundas y existencialistas, manteniendo su estética extravagante y desconcertante.

2 Broom Broom Follar de Sohu
Sohu nos conduce (y nunca mejor dicho) a una leyenda urbana ambientada en su Vigo natal. Allí, fallecieron dos jóvenes haciendo lo que más les gustaba hacer: tener sexo a lomos de su moto mientras recorrían cada rincón de la ciudad olívica. Ahora, siguen merodeando en esos espacios que solían habitar en forma de espectros.
A partir de esta premisa tan delirante como sugerente, la cineasta construye una película que combina fantasía, humor y experimentación formal para hablar, en el fondo, de cómo el deseo puede llegar a trascender incluso la muerte. Ganadora de la Mención Especial del Premio GZ, Broom Broom Follar termina encontrando una inesperada emoción bajo todas esas capas de fantasía, humor, delirio y, sobre todo, exceso convirtiendo su aparente disparate en un relato sorprendentemente tierno y conmovedor en el que las imágenes se funden a la misma velocidad que las ruedas en la carretera.

3 Afeminadas de Carlos Barba y Catuxa Prieto
Dentro de la sección Supernova, Afeminadas se erige como una reivindicación de la feminidad disidente a través de una propuesta profundamente performativa. Los tres protagonistas (procedentes del mundo de la performance) dotan al cortometraje de una marcada teatralidad mientras encarnan una lucha contra la opresión y la violencia ejercida sobre quienes se atreven a desafiar las normas de género.
Con una poderosa banda sonora de Aarón Arias, construida sobre ritmos electrónicos y bases hipnóticas, Barba y Prieto firman una pieza tan sensorial como combativa, en la que la resistencia colectiva se convierte en la única vía posible hacia la libertad.

4 Abortion Party de Julia Mellen
Puede que el título lleve a engaño, pero Abortion Party está muy lejos de la provocación gratuita. Julia Mellen convierte una fiesta organizada para celebrar un aborto en el punto de partida de un relato tan caótico como entrañable.
La cineasta construye la película como si estuviese grabando una larguísima nota de voz o contándole una anécdota a una amiga. Entre divagaciones, “da igual” y cambios de tema aparentemente improvisados, el relato adquiere una frescura profundamente generacional que encuentra su contrapunto en unos escenarios creados con SketchUp, de geometrías minimalistas y estética casi nostálgica. El resultado es una pieza tan divertida como ingeniosa que demuestra que, a veces, la mejor forma de hablar de política es hacerlo desde la intimidad, el humor y el recuerdo.

5 Solo soy una Chica!!! de Marina Calvache
Posiblemente, la cinta más corta presente en nuestro catálogo particular pero su presencia es tan urgente como necesaria. Calvache compone un mosaico de imágenes que transita de lo íntimo a lo colectivo para reflexionar sobre qué significa ser una chica.
A través de fragmentos que, en un primer momento, parecen dispersos, la directora construye un discurso coherente sobre ese inevitable tránsito de la infancia a la adolescencia, el momento en que comenzamos a ser conscientes del lugar que ocupamos en el mundo y de los pequeños —y a menudo enormes— obstáculos que siguen marcando la experiencia de la mitad de la población.

6 Supercerdos de Josep Cabo
Cabo realizó este cortometraje a partir de su propia experiencia trabajando como carnicero. Dicen que el hambre agudiza el ingenio, pero en su caso también parece haber alimentado una creatividad desbordante.
En Supercerdos nos presenta una peculiar especie de cerdo-jabalí cuyas extraordinarias capacidades la han llevado a colonizar Norteamérica. Desde el espacio cotidiano de una pequeña carnicería, el cineasta da forma a un delirio que mezcla animación, imagen real y un afilado sentido del humor para difuminar constantemente la frontera entre fantasía y realidad. El resultado son trece minutos tan extravagantes como ingeniosos, capaces de convertir una idea aparentemente absurda en una experiencia tan divertida como estimulante.

7 A voz de Todas as Cousas de Daniel Pérez Silva
Mención Especial de su sección, A voz de Todas as Cousas es un ejercicio de memoria construido a través del sonido. Daniel Pérez Silva dibuja una A Coruña que no se define tanto por sus imágenes como por su paisaje sonoro: las voces, los ruidos cotidianos y la musicalidad que habita sus calles. El cortometraje parte del silencio para desembocar en la explosión de un concierto de jazz en un club de la ciudad, un crescendo que termina marcando el pulso de toda la obra.
Y quizá ahí resida también la esencia de su cine. Como el propio jazz, el de Pérez Silva es un cine libre, orgánico y vibrante, que encuentra en la improvisación y en las pequeñas resonancias de lo cotidiano su mayor virtud. Al fin y al cabo, de eso también está hecha la memoria. Construimos nuestras ciudades y nuestros afectos a partir de los sonidos que los acompañan. Como plantea el cineasta al comienzo del filme, ¿es posible recordar a nuestro primer amor sin regresar, al mismo tiempo, a los lugares que compartíamos o a la canción que inevitablemente nos devuelve a ello?

8 Sawyer Avenue, Sunday Afternoon de Bill Morrison
Pocas cosas definen mejor la capacidad del cine para preservar la memoria de un tiempo que trabajos como este. Bill convierte la cámara en un testigo privilegiado de la historia reciente y demuestra que, en ocasiones, basta con observar para realizar un poderoso gesto político.
El cineasta construye una radiografía de un barrio de Chicago durante una redada del ICE. Cada encuadre y cada sonido están cuidadosamente elegidos para registrar la llegada de los agentes y la reacción de los vecinos de Albany Park, que salen a la calle para tratar de impedir la detención —sin orden judicial— de un hombre y evitar que el vehículo abandone el barrio.
Bajo una apariencia puramente observacional, Morrison firma una pieza de enorme fuerza política que pone el foco tanto en la violencia institucional como en la capacidad de una comunidad para organizarse frente a ella. Y aunque su valor documental resulta incuestionable, Sawyer Avenue, Sunday Afternoon termina adquiriendo, por momentos, la tensión de un thriller: cada segundo que pasa aumenta la incertidumbre y convierte una escena cotidiana en un relato cargado de suspense.

9 El Silencio de Allen Robert Angelo de Marzo Lozano
La piedra angular de esta pieza es el silencio. Lozano nos adentra en los montes gallegos y en la particular vida de Allen Robert Angelo de un modo tan naturalista que resulta hasta pasmoso. El espectador se convierte en uno más en la rutina diaria del alemán que por elección propia, ha escogido el silencio y la soledad de la montaña gallega como forma de vida.
Una realización tan cuidada que le ha permitido hacerse con el premio de la Sección Supernova.

10 Like Moths to Light de Gala Hernández
Era imposible no incluir a la murciana en esta selección de piezas. Podríamos haber escogido cualquiera de sus trabajos, pero quizás Like Moths to Light, galardonada con el Premio Cosmos ao Filme Innovador, sea la mejor muestra del momento creativo que atraviesa Gala Hernández.
La cineasta vuelve a desplegar una de las grandes constantes de su filmografía: una crítica al capitalismo tecnológico y a las dinámicas digitales que, bajo la promesa de conexión, terminan por aislarnos e individualizarnos. En esta ocasión lleva esa reflexión un paso más allá al imaginar la mercantilización de nuestros propios sueños, quizá el último espacio de la experiencia humana que parecía permanecer al margen de las lógicas del mercado… al menos por ahora.
Con su habitual mezcla de ensayo, ficción y documental, Hernández firma una pieza tan inquietante como lúcida que obliga a preguntarnos si queda algún rincón de nuestra intimidad que el capitalismo todavía no haya conseguido convertir en mercancía.

11 Maleza de Lucía Lago Cascón y Antón Carral
Maleza aborda una de las consecuencias más devastadoras del abandono rural: los incendios forestales. Sin embargo, Carral y Lago Cascón rehúyen el discurso más evidente para convertir la maleza en una poderosa metáfora visual que acaba devorando la propia imagen, como si el territorio desapareciese también ante nuestros ojos.
A través de la mirada de una mujer que permanece en su aldea natal, el cortometraje combina grabaciones domésticas, animación y pasajes de corte más experimental para construir un ensayo audiovisual sobre la memoria, el paisaje y el desarraigo. Una pieza que demuestra cómo la experimentación formal puede ser la mejor herramienta para hablar de una herida tan profundamente gallega como universal.

Esta es solo una pequeña muestra de todo lo que pudo verse durante los cuatro días que Curtocircuito convirtió Santiago de Compostela en uno de los grandes escaparates del cine de vanguardia. Una programación tan diversa como arriesgada, en la que convivieron nombres consolidados y nuevas voces llamadas a marcar el futuro del audiovisual.
Pero el festival fue mucho más que una sucesión de proyecciones. Como ya es habitual, Curtocircuito volvió a abrirse a otras disciplinas artísticas con una programación paralela que incluyó conciertos y actuaciones en directo, reforzando esa idea de encuentro entre el cine, la música y las artes contemporáneas. Porque, al fin y al cabo, esa capacidad para desbordar la pantalla y convertir la ciudad en un espacio de creación compartida es, precisamente, una de las señas de identidad que hacen de Curtocircuito una cita imprescindible en el calendario cultural gallego.