Mayte Gómez Molina: escribir desde la herida y el deseo

Charlamos con Mayte Gómez Molina sobre escribir, crear y sobrevivir al arte, ahora que debuta en novela con una mirada íntima, cruda y honesta.

Con La Boca Llena De Trigo, Mayte Gómez Molina da el salto a la novela tras una trayectoria marcada por la poesía, el ensayo y las prácticas artísticas contemporáneas. En este primer relato largo, la autora explora las tensiones que atraviesan la construcción de una vocación creativa: la autoexigencia, el peso de las expectativas ajenas o la difícil convivencia entre libertad artística y mercado cultural.

Conversamos con ella sobre los orígenes del libro, la infancia, el deseo de reconocimiento y las contradicciones del mundo del arte.

Tu trabajo se mueve entre la escritura, el arte digital, el vídeo o la investigación. ¿En qué momento sentiste que todas esas disciplinas formaban parte de un mismo lenguaje y no de territorios separados?

Mayte Gómez Molina: Nunca he tenido la sensación de que la palabra, la investigación y la imagen fuesen mundos distintos. Para mí siempre han sido como un río que se bifurca y vuelve a encontrarse más adelante para fluir con más fuerza. Cuando la palabra no basta acude la imagen al rescate; cuando la imagen se vuelve indomable, la palabra aparece como un esqueleto que le permite coger forma. Mi mente funciona de manera muy asociativa, así que ese diálogo entre lenguajes me resulta completamente natural.

En tus primeros libros ya aparecía una preocupación por el cuerpo, la tecnología y la identidad. ¿Qué preguntas te acompañaban entonces y cuáles siguen presentes hoy?

Mayte Gómez Molina: Todas. Sigo sin saber quién soy ni cómo conducir este cuerpo en un mundo que cambia tan rápido, en una realidad donde existen a la vez la piedra y el ordenador. El mundo se vuelve incomprensible cuando lo miras de cerca. Para mí, más que encontrar respuestas —que no creo que existan—, lo importante es seguir haciéndome preguntas. Probablemente no abandone ninguno de esos temas: lo más seguro es que siga sumando obsesiones.

Mayte Gómez Molina: escribir desde la herida y el deseo

Has hablado en ocasiones de la idea de “literatura expandida”. ¿Qué te permite explorar ese concepto que quizá la literatura más tradicional no te permitiría?

Mayte Gómez Molina: El libro es un objeto mágico, un cine que se abre y se cierra. Si estamos concentrados abandonamos el sofá o la cama desde la que leemos y entramos en otra dimensión hecha de imágenes, recuerdos y experiencias que sentimos como propias. Utilizar el 3D, el cine o la realidad virtual me permite materializar esa sensación que ya existe en la lectura y explorarla con más intensidad.

Antes de publicar narrativa, tu trayectoria estuvo muy vinculada a la poesía y al ensayo. ¿Qué te llevó finalmente a escribir una novela?

Mayte Gómez Molina: Es curioso: lo primero que recuerdo querer hacer en mi vida es escribir una novela. He tardado mucho porque hacer aquello que uno desea con más fuerza es aterrador. Además, la novela requiere tiempo y una presencia con la historia que durante mucho tiempo no pude permitirme. La poesía es exigente, pero convives con ella de otra manera: como una canción que tarareas hasta que aparece el verso. La novela necesita otro tipo de concentración.

Mirando hacia atrás, ¿sientes que La Boca Llena De Trigo es una ruptura con tu obra anterior o una continuación natural de tus obsesiones?

Mayte Gómez Molina: Es una continuación. Todo lo que hago nace de la misma necesidad: intentar entender el mundo y comunicarme con los demás. Cada obra es, en el fondo, una forma de cogerle la mano a alguien y preguntarle: “¿Tú entiendes esto? Porque yo no”.

Mayte Gómez Molina: escribir desde la herida y el deseo

¿Recuerdas cuál fue la primera intuición que dio origen a la novela?

Mayte Gómez Molina: En 2024 vi un vídeo del escritor Luis Mateo Díez al recibir el Premio Cervantes. Decía que todo lo que había hecho en su vida lo había hecho para que le quisieran. Esa frase resonó mucho en mí. Me hizo pensar en por qué uno intenta expresarse públicamente, en ese gesto íntimo de abrir los brazos a los demás con la esperanza de ser aceptado o amado.

El libro observa con bastante lucidez el proceso de convertirse en artista. ¿Qué te interesaba explorar de ese momento?

Mayte Gómez Molina: Para mí el arte es una de las máximas expresiones de libertad humana. Pero cuando intentas vivir de él las cosas se complican: al arte se le añade el peso de sostener tu vida material. Entonces aparecen muchas preguntas difíciles: qué quieres decir, qué tipo de artista quieres ser o cómo convivir con la incertidumbre constante de si lo que haces tiene sentido.

La protagonista está atravesada por una fuerte autoexigencia. ¿Crees que esa presión forma parte inevitable de una vocación creativa?

Mayte Gómez Molina: De cualquier vocación. Vivimos rodeados de un lenguaje de mejora constante que puede ser muy peligroso. Mucha gente no empieza a hacer algo que desea porque quiere hacerlo bien a la primera y tiene miedo de no estar a la altura de sus propias expectativas. Esa presión puede ahogar incluso antes de comenzar.

Mayte Gómez Molina: escribir desde la herida y el deseo

En la novela también aparece el peso de las expectativas externas. ¿Cómo influyen esas miradas en la construcción de una identidad?

Mayte Gómez Molina: La identidad no depende solo de cómo te percibes a ti mismo. En cuanto entras en relación con los demás, también se define por cómo te ven. En el arte esto es muy evidente: uno puede sentirse artista, pero si el sistema cultural no lo reconoce aparecen dudas profundas sobre quién eres o si merece la pena seguir creando.

La infancia tiene un papel importante en el libro. ¿Qué te interesaba explorar en esa etapa?

Mayte Gómez Molina: La infancia es un lugar muy idealizado. No todas las infancias son seguras ni felices. Muchas experiencias que vivimos entonces solo las entendemos años después, pero dejan marcas profundas en cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.

¿Te interesaba mostrar el arte no solo como espacio de libertad, sino también como un lugar atravesado por jerarquías, mercado y expectativas?

Mayte Gómez Molina: Por supuesto. Creo que hay una visión del arte que aún pervive en la que el artista es una especie de genio arrebatado por las musas que crea en un estado de semi locura, pero esto no es cierto. Hay momentos de gran inspiración, pero tienen que ver más con estados de mucha concentración que con ser una especie de “elegido”. Me preocupa que el arte, que es algo de la gente, se muestre como algo que solo pueden hacer unos pocos, con algo que solo entienden unos pocos, porque esto no es verdad. Es un trabajo increíble, peor también tiene sus partes idénticas a otros trabajos, una parte terrenal y de trabajo diario en la que también hay que hacer burocracia y completar formularios. El artista es una persona normal, con lo bueno y lo malo que tiene eso.

Mayte Gómez Molina: escribir desde la herida y el deseo

La novela también muestra las contradicciones del mundo del arte. ¿De dónde nace esa mirada?

Mayte Gómez Molina: El arte es para mí un refugio: algo que puede elevarte y al mismo tiempo devolverte al mundo. Pero cuando se cruza con la industria y el mercado aparecen tensiones muy extrañas. Un gesto profundamente libre convive con estructuras económicas y elitistas que a veces tienen poco que ver con él.

Aunque es una ficción, hay una sensación muy cercana de experiencia vivida. ¿Cómo trabajaste la distancia entre lo autobiográfico y lo imaginado?

Mayte Gómez Molina: Yo soy y no soy Anna. Anna es un personaje que me ha permitido explorar lo mejor y lo peor de mí, y algunos recuerdos que no había procesado del todo. Pero ni el libro ni los personajes soy yo. En todo lo que hacemos hay algo muy nuestro, pero no somos nosotros. Eso me ayuda a no creer que si a la gente el libro le parece bueno yo me crea buena, y si el libro le parece malo, yo sea mala. El libro es una cosa que he hecho de la mejor forma posible y que me ha permitido olvidarme de mí misma, y recordarme a mí misma, a la vez.

Mientras escribías el libro, ¿hubo alguna idea que cambió en ti sobre la creación?

Mayte Gómez Molina: Que nada de lo que hago importa demasiado, pero que es importantísimo que lo haga.

Después de este salto a la narrativa, ¿sientes que la novela abre un nuevo territorio en tu escritura?

Mayte Gómez Molina: Sí. Ahora las historias me asaltan de formas distintas. Es como si mi cuerpo fuese un armario donde se guardan y esperan hasta que un personaje llega para vestirse con ellas. Y me emociona esa espera.

La Boca Llena De Trigo – Editorial Anagrama