Resurrection: Bi Gan convierte el cine en un sueño infinito

Resurrection, de Bi Gan, propone un viaje entre sueños, memoria y cine que desafía las convenciones narrativas y exige una mirada paciente.

El 21 de agosto, Filmin estrena Resurrection, la tercera película de Bi Gan, un viaje donde sueños, recuerdos y realidad confunden sus límites. Premio Especial del Jurado en Cannes 2025, la película confirma al director de Kaili Blues y Largo Viaje Hacia la Noche como gran explorador del lenguaje cinematográfico.

Hay películas que cuentan una historia y otras que parecen querer recordarnos por qué nos gusta el cine. Resurrection pertenece a la segunda categoría. Bi Gan regresa tras Largo Viaje Hacia la Noche con una obra ambiciosa, hipnótica y desconcertante que convierte mirar una película en una experiencia cercana a soñar.

Resurrection: Bi Gan convierte el cine en un sueño infinito

Bi Gan no quiere que entendamos el sueño: quiere que soñemos con él.

La película parte de una premisa inquietante. En un futuro en el que la humanidad ha renunciado a soñar para alcanzar la vida eterna, quienes todavía conservan esa capacidad son considerados una amenaza. Una criatura queda fascinada por las ilusiones del mundo onírico. Su existencia cambia cuando aparece una mujer capaz de percibirlas y se adentra en sus sueños para descubrir su secreto.

A partir de ahí, Bi Gan construye una película que atraviesa la ciencia ficción, el cine negro, el terror y el melodrama. Resurrection está dividida en cinco capítulos relacionados con distintas épocas de la historia del séptimo arte. Cada periodo adopta sus propias reglas visuales.

Resurrection: Bi Gan convierte el cine en un sueño infinito

Más que contar cien años de cine, Bi Gan intenta hacer que los sintamos.

La conexión entre cine y sueño constituye el corazón de la película. Para el director chino, ambos conceptos son prácticamente inseparables: una película y una ensoñación funcionan como recipientes capaces de crear imágenes, asociaciones y emociones que no obedecen necesariamente a las reglas de la realidad. Resurrection lleva esta idea hasta sus últimas consecuencias y convierte la pantalla en un espacio mental.

El proyecto adquirió su forma definitiva durante la pandemia, cuando Bi Gan observó un fenómeno paradójico: mientras aumentaban los relatos sobre sueños lúcidos, también crecía el aislamiento de las personas frente a las pantallas. La tecnología nos ofrece más imágenes que nunca, pero eso no significa que miremos mejor. Nuestra dependencia de dispositivos y algoritmos ha debilitado nuestra capacidad para experimentar el mundo plenamente y compartir esas experiencias con los demás.

Resurrection: Bi Gan convierte el cine en un sueño infinito

Quizá lo que hemos perdido no sea el cine, sino nuestra capacidad para soñar cinematográficamente.

El propio título adquiere así una dimensión más profunda. La “resurrección” no tiene por qué entenderse únicamente como el regreso de alguien a la vida. Puede ser la recuperación de algo perdido.

El cine posee precisamente ese extraño poder. Puede devolvernos un rostro que ya no existe, hacernos regresar a un lugar desaparecido o permitir que un instante vuelva a suceder. Al resucitar algo mediante una imagen, recuperamos su representación, no aquello que perdimos.

Resurrection: Bi Gan convierte el cine en un sueño infinito

El cine puede resucitar el pasado, pero nunca devolverlo exactamente como fue.

Y aquí aparece el plano secuencia, una de las grandes señas de identidad de Bi Gan. En Kaili Blues sorprendió con una secuencia de 43 minutos y en Largo Viaje Hacia la Noche llevó todavía más lejos su exploración del tiempo y el espacio con un plano de más de 50 minutos rodado en 3D.

En Resurrection vuelve a recurrir a esta técnica con una secuencia de 40 minutos durante la última noche de 1999, que culmina con la llegada del año 2000. Una noche se convierte así en frontera entre dos siglos.

La cámara atraviesa distintos espacios y situaciones sin recurrir al montaje. Bi Gan tomó como referencia las pinturas de Mark Rothko y sus capas de color.

Resurrection: Bi Gan convierte el cine en un sueño infinito

Cuando desaparecen los cortes, el tiempo deja de ser algo que vemos y se convierte en algo que atravesamos.

El resultado es una película que exige paciencia, pero recompensa la entrega. Resurrection puede parecer críptica, pero su ambición resulta difícil de negar. Bi Gan no quiere simplemente narrar una historia sobre sueños: quiere demostrar que el cine puede comportarse como uno.

Y quizá esa sea la verdadera resurrección que propone la película: recuperar, esa capacidad de entrar en una sala oscura, dejar de buscar explicaciones y permitir que las imágenes hagan su trabajo. En tiempos de algoritmos, pantallas infinitas y atención fragmentada, no es poca cosa.

Resurrection: Bi Gan convierte el cine en un sueño infinito