
Struere, de la Compañía Nacional de Danza, reúne dos estrenos de danza contemporánea que exploran lo colectivo como creación viva mediante cuerpo, espacio y relación en escena.
La Compañía Nacional de Danza presenta Struere, un programa doble que explora la construcción de lo colectivo a través del cuerpo y el movimiento. Bajo la dirección de Muriel Romero, esta propuesta reúne dos estrenos absolutos firmados por el tándem Kor’sia (Mattia Russo & Antonio De Rosa) y Luz Arcas, consolidando una apuesta por la creación contemporánea como espacio de encuentro y transformación escénica.
En la imagen superior Luz Arcas
Tablero. Foto Enrique Escorza
El Centro Danza Matadero de Madrid acoge, del 26 al 31 de mayo de 2026, este díptico coreográfico que toma su título del latín struere —“juntar, construir, ordenar”— para desplegar una reflexión sobre la danza como proceso vivo. Más que una simple suma de piezas, el programa se articula como una estructura en permanente devenir, donde los cuerpos dialogan, se organizan y generan nuevas formas de sentido.
Tablero. Foto Enrique Escorza
La escena como espacio de construcción compartida
En Struere, la Compañía Nacional de Danza reafirma su papel como plataforma de convergencia artística. Las dos obras que componen el programa, Masa y Tablero, han sido concebidas específicamente para la compañía, lo que refuerza su carácter de laboratorio creativo. Ambas propuestas parten de lenguajes distintos, pero coinciden en su interés por lo colectivo como motor de creación.
Desde esta perspectiva, la escena se convierte en un territorio en el que las relaciones entre los cuerpos no solo generan movimiento, sino también significado. La coreografía deja de ser una estructura cerrada para transformarse en un sistema dinámico, donde cada gesto está atravesado por la interacción con el otro.
Luz Arcas. Foto Virginia Rota
Dos miradas complementarias sobre lo común
Por un lado, Luz Arcas plantea en Masa una investigación sobre la potencia de lo colectivo entendida como fenómeno físico, político y simbólico. La pieza propone un “trance pictórico” en el que la masa aparece como una entidad cambiante, capaz de oscilar entre la devoción y la revuelta, entre lo sublime y lo inquietante. A través de imágenes de gran fuerza evocadora, la coreógrafa explora la dificultad de representar aquello que, por definición, desborda los límites del individuo.
En este contexto, el cuerpo se diluye en una multiplicidad que desafía la percepción. La danza se convierte en un ejercicio de invocación de energías compartidas, donde los intérpretes configuran una anatomía colectiva que es, al mismo tiempo, fascinante y perturbadora.
Kor’sia – Antonio de Rosa y Mattia Russo
El cuerpo colectivo como fuerza que transforma la escena
Por otro lado, Tablero, de Mattia Russo y Antonio de Rosa (Kor’sia), propone una aproximación distinta pero igualmente centrada en la idea de construcción. La obra parte de la imagen de una tabla que cae, no como símbolo de destrucción, sino como acto fundacional. A partir de ahí, se desarrolla una arquitectura coreográfica en la que los cuerpos se organizan en relación con el espacio y entre sí.
La pieza se configura como un “tableau vivant” en constante transformación, donde cada disposición escénica conserva rastros de la anterior. Esta lógica de acumulación permite pensar la tradición no como algo fijo, sino como un proceso vivo que se reconfigura en el presente.
Tablero. Foto Enrique Escorza
Tradición y contemporaneidad en diálogo constante
En Tablero, la cultura aparece como una práctica en continuo movimiento, una red de relaciones que se construye colectivamente. Lejos de concebirse como un monumento inmutable, se presenta como una experiencia compartida que se renueva a través del tiempo. De este modo, la obra invita a reconsiderar la identidad no como algo dado, sino como algo que se produce en la interacción.
La propuesta de Kor’sia destaca por su precisión formal y por una fisicalidad que combina estructura y sensibilidad. Su lenguaje coreográfico, desarrollado a partir de una sólida trayectoria internacional, sitúa al cuerpo en el centro de un sistema de significación que conecta lo individual con lo colectivo.
Tablero. Foto Enrique Escorza
Un programa que amplía los límites de la danza
El diálogo entre Masa y Tablero configura un programa coherente que, sin embargo, evita la homogeneidad. Ambas piezas ofrecen perspectivas complementarias sobre la idea de comunidad, abordándola desde lo emocional, lo político y lo estético. Esta diversidad de enfoques enriquece la experiencia del espectador y subraya la capacidad de la danza contemporánea para generar pensamiento.
Tablero. Foto Enrique Escorza
Struere como proceso, no como resultado
En última instancia, Struere propone entender la danza como una práctica en construcción, abierta a la transformación y al encuentro. La estructura que da título al programa no se impone desde fuera, sino que emerge de las relaciones que se establecen en escena.
Con esta propuesta, la Compañía Nacional de Danza no solo amplía su repertorio, sino que también refuerza su compromiso con creadores que exploran nuevas formas de pensar el cuerpo y el movimiento. Struere se presenta así como una invitación a habitar la danza desde lo común, entendida no como una idea abstracta, sino como una experiencia viva y compartida.
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