
El cineasta danés Nicolas Winding Refn regresa al largometraje con Su Propio Infierno, una ambiciosa fantasía visual nacida tras sobrevivir a una grave crisis cardíaca.
Tras una década sin dirigir un largometraje, Nicolas Winding Refn regresa al cine con Su Propio Infierno (Her Private Hell), una película tan personal como inclasificable. El filme, que llegará a los cines españoles el próximo 23 de octubre, nace de una experiencia límite: la grave crisis cardíaca que llevó al cineasta danés a enfrentarse a la muerte y que acabaría transformándose en el origen creativo de esta nueva obra.
Hay regresos cinematográficos que responden a una nueva etapa profesional. Otros, como el de Nicolas Winding Refn, parecen responder a algo mucho más profundo. El director de Drive, Only God Forgives y The Neon Demon vuelve a la gran pantalla diez años después de su último largometraje con una propuesta que explora la muerte, el deseo, la familia y la imaginación desde una perspectiva radicalmente personal.
La película surge a partir de un episodio que cambió la vida del cineasta. Refn ha explicado que todo comenzó tras sufrir una grave afección cardíaca que estuvo a punto de costarle la vida. Después de ser intervenido y recuperarse, experimentó la sensación de estar comenzando de nuevo.

La muerte no fue el final de la historia, sino el punto de partida de la película.
Según ha contado el propio director, aquella experiencia le llevó a replantearse su relación con el arte y con el tiempo. Con una nueva conciencia sobre la fragilidad de la existencia, sintió la necesidad de crear una obra capaz de expresar esa transformación personal.
De esa experiencia nacen los dos grandes relatos que articulan Su Propio Infierno. Por un lado, Private K, interpretado por Charles Melton, un soldado estadounidense que emprende una búsqueda desesperada para encontrar a su hija, convencido de que ha quedado atrapada en el infierno. Por otro, Elle, interpretada por Sophie Thatcher, una joven estrella que atraviesa una crisis emocional cuando descubre que su padre va a casarse con quien fuera su mejor amiga.

Aunque ambas historias parecen independientes, Refn construye un universo donde los límites entre realidad, sueño y pesadilla terminan por desdibujarse. Una misteriosa niebla conecta los distintos espacios de la narración y actúa como una puerta entre mundos.
Dos viajes emocionales que acaban convergiendo en un mismo laberinto.
La relación entre Private K y la experiencia personal del director resulta especialmente significativa. Refn ha reconocido que el personaje funciona como una especie de alter ego. Durante su recuperación, una de las ideas que más le obsesionaba era la necesidad de regresar junto a su hija pequeña. Esa emoción terminó convirtiéndose en el motor narrativo del protagonista.

Como suele ocurrir en el cine del realizador danés, la historia es solo una parte de la experiencia. Su propio infierno se desarrolla en una ciudad futurista bañada por luces de neón, atmósferas artificiales y escenarios que parecen existir fuera de cualquier geografía reconocible. El resultado es un espacio visual que oscila constantemente entre la ciencia ficción, el cuento oscuro y la fantasía.
Refn ha explicado que buscaba crear un mundo completamente artificial, un lugar que conservara recuerdos de la realidad sin pertenecer realmente a ella. Una declaración de intenciones coherente con la evolución de su filmografía, cada vez más interesada en la exploración de universos mentales y simbólicos.

No pretende reproducir la realidad, sino inventar una nueva.
La película cuenta además con un reparto formado por algunas de las figuras más prometedoras del cine actual. Sophie Thatcher, conocida por Yellowjackets y Heretic, encabeza el reparto junto a Charles Melton, cuya interpretación en May December lo convirtió en uno de los actores más celebrados de los últimos años. Completan el elenco Havana Rose Liu, Kristine Froseth, Diego Calva y Hidetoshi Nishijima.
Otro de los elementos fundamentales es la música compuesta por el legendario Pino Donaggio, colaborador habitual de Brian De Palma y autor de algunas de las bandas sonoras más memorables del cine de suspense. La partitura aporta una dimensión operística que refuerza el carácter hipnótico de la propuesta.
Más allá de sus imágenes y su compleja estructura narrativa, Su propio infierno puede entenderse como una reflexión sobre el tiempo y las segundas oportunidades. Refn ha reconocido que, después de pensar que podía perderlo todo, comprendió el enorme valor del tiempo que le quedaba por delante.

Una película nacida de una segunda oportunidad para seguir creando.
El próximo 23 de octubre, los espectadores españoles podrán descubrir una obra que promete dividir opiniones y generar debate, algo habitual en la trayectoria del director. Pero precisamente ahí reside gran parte de su atractivo. Refn no busca ofrecer respuestas sencillas ni relatos convencionales. Prefiere construir experiencias que permanezcan en la memoria mucho después de abandonar la sala. Y pocas historias resultan tan poderosas como la de un cineasta que convirtió su regreso a la vida en una película.
Nicolas Winding Refn. Foto Casper Sejersen