
Bajo el título Jean-Luc Godard. La Fraternidad de las Metáforas, La Virreina acoge hasta el 4 de octubre una muestra que bucea en los archivos del cineasta más inclasificable del siglo XX.
Jean-Luc Godard. La Fraternidad de las Metáforas presenta unas cuatrocientas piezas entre películas, fragmentos, grabaciones de voz nunca escuchadas, cuadernos de rodaje, fotografías, correspondencia y objetos íntimos. Muchas de estas piezas son material es inédito. El comisario es Manuel Asín, y es la primera gran exposición que cuenta con la colaboración de la recién creada Fundación Jean-Luc Godard.
Imagen de portada: Jean-Luc Godard con una cámara Aaton. Foto: Jean-Pierre Beauviala – Aaton. Archivos de la Cinémathèque de Grenoble
Cuaderno de montaje de ‘Le Livre d’image’ de Jean-Luc Godard (2018)
Mi Godard
Cuando llegué a Barcelona hace muchos años, había in ciclo de Godard en la Filmoteca de Catalunya. Por aquel entonces comprábamos un taco de 100 entradas y las repartíamos entre 4 o 5 amigas. Ahi fue donde Le Mépris (El desprecio) de 1963 una de mis por siempre películas favoritas. No sé si fue Michel Piccoli con su sombrero y Brigitte Bardot tumbada en ese sofa rojo sin ropa, la presencia de Fritz Lang, la casa Bonaparte en Capri ,la música de Delerue o esa frase que no deja de repetirseme: “El cine sustituye nuestra mirada por un mundo que se ajusta a nuestros deseos”. El año pasado en la 78ª edición del Festival de Cannes, me encontré con un Godard joven, casi de mentira, interpretado por Guillaume Marbeck en la peli Nouvelle Vague de Richard Linklater que está actualmente en cartelera.
Y unos años antes en el 73º Festival Internacional de Cine de Berlín, justo tras su muerte, vi al otro Godard, el viejo, el aislado, el que se escondía en Rolle donde murio y solo se asomaba al mundo por email. Esa película se llama À vendredi, Robinson (2022), de la iraní Mitra Farahani, y es un diálogo epistolar entre el maestro franco-suizo y el escritor iraní Ebrahim Golestan, dos nonagenarios reclusos en sus propias islas. Godard ya era mito. Pero el mito, como el cine, también se fragmenta.
Jean-Luc Godard. La fraternidad de las metáforas
Ahora Barcelona le dedica la exposición que su figura exigía, Jean-Luc Godard. La Fraternidad de las Metáforas. Y no es una retrospectiva al uso. Porque Godard (París, 1930 – Rolle, Suiza, 2022) nunca fue cronológico. No es una retrospectiva ordenada. Sería traicionarlo. La muestra funciona como un collage, un mapa fragmentario donde las imágenes dialogan entre sí como formas de pensamiento.
El hilo conductor no es el tiempo, es la guerra.
La exposición analiza a Godard como un cineasta que usa la cámara como “fusil teórico”. Y se vertebra en torno a cómo los conflictos bélicos del siglo XX marcaron su mirada y su pensamiento. A Godard se le define en las crónicas como “un niño de la guerra” . Y no es metáfora. Nació en 1930, creció entre ruinas y nunca dejó de filmar el fin del mundo. Así que está la Segunda Guerra Mundial que vivió como niño, hasta Palestina, pasando por Argelia, el Holocausto, Palestina, Yugoslavia o la Guerra Civil española.
Jean-Luc Godard, ‘Je vous salue, Sarajevo’, 1993. Fotograma
Recorrido Jean-Luc Godard. La Fraternidad de las Metáforas
El recorrido, fiel al método godardiano, comienza por la mitad. La primera sala sitúa el episodio barcelonés de Film Socialisme (2010). Luego avanza hacia el conflicto crudo, donde salas dedicadas a Le petit soldat (sobre la guerra en Argelia) y Les carabiniers elevan la guerra a protagonista absoluta bajo la sombra de la censura y la tortura. Ese pulso político estalla en el espacio del Grupo Dziga Vértov, enfrentando travellings icónicos para denunciar la información como una construcción ideológica.
La intensidad vira hacia lo íntimo en Sonimage, el laboratorio donde el vídeo explora la desconexión de la vida real, antes de adentrarse en el bloque final con tres salas enteras dedicadas a Histoire(s) du cinéma , su obra maestra ensayística, un monumento de ocho capítulos donde se traza una equivalencia radical entre el siglo XX y el cine. La ruta culmina en un espacio completo dedicado a Palestina.
Jean-Luc Godard: colisión de fragmentos
La muestra recoge la complejidad de su personalidad tanto como su revolución cinematográfica. Su constante negativa a repetirse, buscando siempre la diversidad en su inspiración.
Entre las joyas que se exponen hay una cámara prototipo diseñada por el cineasta que nunca llegó a fabricarse. También está ese ejemplar de El mito de Sísifo de Camus anotado a mano por el propio Godard con citas de Píndaro, Malraux, o Éluard. Porque Godard leía como montaba, obsesivamente, a saltos, con furia, revelando ese método de “colisión de fragmentos” que definiría su carrera.
Sin título [Willy Lubtchansky y Jean-Luc Godard probando el prototipo de la Aäton 8-35], 1979. Foto: Anne-Marie Miéville
En lo fílmico como no, está su primer corto Opération béton (1954-55), pasando por su primer largo À bout de souffle (1960), hasta su última obra concluida, el la película ensayo Film annonce du film qui n’existera jamais “Drôles de guerres” de 2022.
La guerra, cine verité llevado a su extremo más insoportable
Godard sostenía que “la fotografía es la realidad y el cine es la realidad 24 veces por segundo”.
Pero ¿qué pasa cuando quien filma ya no es un cineasta sino las víctimas? Mirando hacia un pasado próximo, Harun Farocki nos enseñó que la primera Guerra del Golfo (1991) fue la primera guerra hipertelevisada, una guerra de imágenes controladas. Donde las imágenes venían desde la mira de las armas. El “enemigo” era una X en mancha borrosa desde un punto de mira. Ahí las imágenes de guerra se fabricaban desde el propio artefacto que destruía. Como resultado, una guerra “limpia”. Como un videojuego. Un espectáculo que nos desactivó como espectadores porque nos colocó del lado del proyectil, no de la víctima.
Hoy el espectáculo es otro, las redes sociales se llenan de vídeos grabados por palestinos que documentan su propio genocidio en Gaza. No hay voz en off. No hay montaje heroico. No hay distancia. No hay daño colateral. Si Farocki advirtió que esa guerra a distancia convertía a los muertos en “gente simulada”, en abstracciones. Hoy los muertos tienen nombre, cara, y un último vídeo subido a Instagram. Es el fin de la guerra limpia que lamentablemente se extiende a Irán. Es el cine verité llevado a su extremo más insoportable, la víctima como cámara, la ruina como set. La exposición de La Virreina habla de la guerra del siglo XX. Pero la guerra del siglo XXI se filma sola. Y no necesita metáforas.
Imágenes: Cortesía de La Virreina Centre de la Imatge.
Jean-Luc Godard. La Fraternidad de las Metáforas.
en La Virreina Centre de la Imatge de Barcelona hasta el 4 de octubre