Iridia: arte y soberanía espacial en la era de los recursos

Iridia explora el valor, la soberanía y el futuro del extractivismo espacial mediante una intervención artística sobre el asteroide 16 Psyche y un sistema colaborativo global.

El asteroide 16 Psyche, situado entre Marte y Júpiter, contiene una concentración de metales cuyo valor estimado supera en miles de veces el PIB mundial. En un escenario donde su explotación futura por parte de corporaciones mineras es cada vez más plausible, el proyecto Iridia de Solimán López introduce una intervención artística que cuestiona los marcos legales, económicos y simbólicos que regirán ese posible nuevo territorio de conflicto.

Iridia: arte y soberanía espacial en la era de los recursos

Entre Marte y Júpiter orbita 16 Psyche, un cuerpo metálico cuyo valor potencial ha sido estimado en cifras que alcanzan los diez mil billones de dólares.

Este dato no solo despierta fascinación científica, sino que abre un horizonte inquietante: la posibilidad de que, en un futuro no tan lejano, grandes corporaciones tecnológicas o mineras compitan por su explotación. En ausencia de una legislación internacional clara que regule la apropiación de recursos por parte de actores privados, el espacio exterior comienza a perfilarse como el próximo escenario del extractivismo global.

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El espacio puede convertirse en el nuevo territorio de disputa por los recursos.

Es en este contexto donde se inscribe Iridia, un proyecto que parte de una declaración de apropiación artística del asteroide. Lejos de plantearse como una reclamación jurídica convencional, el gesto de Solimán López se sitúa en el ámbito simbólico y cultural, ocupando el vacío legal que deja el Tratado del Espacio Exterior de 1967 respecto a los individuos. La obra convierte así a 16 Psyche en un ready-made espacial: un objeto resignificado por el arte antes de su posible explotación material.

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La intervención se articula a través de tres acciones principales: la emisión de una señal de radio dirigida al asteroide, la creación de un archivo visual compuesto por miles de imágenes sintéticas generadas a partir de datos científicos, y la inscripción de la declaración en ADN sintético encapsulado en un objeto mineral. Estas operaciones configuran una forma de presencia anticipada que busca dotar de significado cultural a un territorio aún no intervenido físicamente.

Iridia: arte y soberanía espacial en la era de los recursosDeclaration DNA

El arte actúa aquí como una forma de anticipación simbólica.

Más allá de este gesto inicial, Iridia se desarrolla como un sistema complejo que adopta la forma de una tabla periódica expandida. El proyecto reúne 128 elementos, cada uno concebido en colaboración con instituciones, comunidades y agentes internacionales. En cada uno de ellos se integra un agente de inteligencia artificial orientado a abordar desafíos globales como la crisis climática, la escasez de recursos o la gobernanza tecnológica.

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Estos elementos no funcionan únicamente como unidades independientes, sino como nodos de una red que almacena y organiza conocimiento colectivo. De este modo, Iridia se configura como un archivo descentralizado que documenta el pensamiento contemporáneo en un momento de transformación profunda, proponiendo nuevas metáforas para entender la relación entre humanidad, tecnología y entorno.

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No se trata de acumular objetos, sino de construir memoria colectiva.

El proyecto incorpora además un anclaje material: un kilogramo de iridio de alta pureza, elemento de origen extraterrestre asociado tanto a procesos geológicos de gran escala como a sistemas de medición universal. Este bloque funciona como núcleo físico del sistema, subrayando la dimensión tangible de una propuesta que, en gran medida, opera en el plano digital y especulativo.

La utilización de tecnologías como blockchain, NFT o ADN sintético no responde únicamente a una lógica de innovación, sino que forma parte de una reflexión crítica sobre los sistemas de valor en la contemporaneidad. En este sentido, Iridia no solo emplea herramientas tecnológicas, sino que interroga sus implicaciones culturales y políticas.

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El valor ya no reside solo en la materia, sino en su interpretación.

Iridia plantea una cuestión fundamental: ¿cómo evitar que la expansión hacia el espacio reproduzca las mismas dinámicas extractivas que han definido la historia terrestre? Frente a este riesgo, la propuesta de López sitúa el arte como un espacio de resistencia y anticipación, capaz de generar marcos alternativos de significado.

Así, Iridia se presenta no solo como una obra, sino como un dispositivo crítico que invita a repensar las bases sobre las que se construirá la próxima etapa de la civilización, en la Tierra y más allá.

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