
Exposición que explora la construcción del espacio antes de existir, desde la intuición, la forma y la experiencia perceptiva.
La exposición Maqueta Para un Lugar que no Existe, comisariada por Óscar Florit, plantea una reflexión sobre los procesos previos a la forma: ese estadio inestable en el que el espacio aún no ha sido definido y permanece como intuición, ensayo y posibilidad. La exposición se puede ver estos días y estará abierta hasta junio.

Aquí, la maqueta no representa: activa un pensamiento en construcción.
La muestra parte de una pregunta aparentemente simple pero de gran profundidad conceptual: ¿cómo se construye un lugar antes de existir? Lejos de centrarse en el diseño o en la proyección de un espacio ideal, el proyecto se sitúa en un momento anterior, cuando la forma aún no se ha fijado y todo se articula como estructura mental, prueba material y tentativa formal. Maqueta Para un Lugar que no Existe propone así una experiencia que no busca representar, sino activar un proceso de pensamiento en torno a la construcción del espacio.

El espacio expositivo se comporta como un organismo en transformación.
El concepto de maqueta se desplaza de su función tradicional para convertirse en una metáfora operativa. No hay escala ni figuración reconocible; en su lugar, aparecen volúmenes provisionales, planos incompletos y líneas abiertas que no conducen a un cierre definitivo. Este sistema abierto convierte la sala en un entorno dinámico donde las obras no solo se muestran, sino que funcionan como dispositivos espaciales en constante relación.
Artistas participantes: Erika Hock, Nicholas Szymanski, Marc Badia, Sofía González, Miki Leal, Petra Cortright y Stephen Felton.
Erika Hock. Red, leaning, 2024
La obra de Hock convierte la estructura en un espacio de negociación entre cuerpo y entorno.
Erika Hock desarrolla una práctica situada entre la escultura y la arquitectura, donde elementos como el mobiliario o el tapiz se integran en una investigación más amplia sobre los vínculos entre historia, sociedad y forma. Sus obras generan estructuras que parecen habitables y, al mismo tiempo, inestables, como si se encontraran en un estado intermedio entre función y representación.
Nicholas Szymanski. A Mouse Pulls Batting, 2025
Szymanski tensiona la pintura hasta convertirla en un objeto estructural.
Nicholas Szymanski aborda la pintura como un cuerpo contenido, casi tectónico, en el que la superficie pictórica adquiere densidad y presencia material. Sus composiciones sugieren formas que, aunque abstractas, remiten a una lógica constructiva interna, como si cada pintura fuera un fragmento de una arquitectura latente.
Petra Cortright. Good Energy, 2016
Cortright disuelve la imagen en un entorno visual que trasciende el soporte.
Petra Cortright introduce una dimensión digital que transforma la imagen en atmósfera. Su trabajo, vinculado a la estética post-internet, desmaterializa los límites tradicionales del soporte y sitúa la obra en un espacio expandido donde lo virtual y lo físico se entrelazan.
Marc Badia. Nostalgic 4 ruins, II, 2026
En Badia, la imagen funciona como un enigma en proceso de desciframiento.
Marc Badia construye escenas ambiguas que evocan maquetas imaginarias, utilizando el humor y el misterio como herramientas críticas. Su práctica, centrada en la interpretación de la imagen, genera situaciones que parecen narrativas suspendidas, abiertas a múltiples lecturas.
Sofía González. ST, 2026
González convierte la repetición en un mecanismo de construcción espacial.
Sofía González explora la repetición y la composición como sistemas en expansión. A través de estructuras que oscilan entre lo gráfico y lo pictórico, su trabajo investiga cómo la reiteración de formas puede generar configuraciones nuevas, situándose en un territorio ambiguo entre lo simple y lo complejo.
Miki Leal. La felicidad de la vida privada, 2025
Leal articula el espacio como un collage de experiencias y referencias.
Miki Leal introduce el ensamblaje como estrategia, integrando referencias culturales, memoria y elementos formales en composiciones que combinan lo doméstico y lo onírico. Sus obras funcionan como acumulaciones significantes donde el tiempo y el uso se convierten en materia pictórica.
Stephen Felton. Keep your guard up, 2014
Felton demuestra que lo mínimo puede contener una narrativa compleja.
Stephen Felton, por su parte, reduce el gesto a signo, desarrollando un lenguaje pictórico que busca la máxima expresión con los mínimos recursos. Su aproximación, cercana al registro documental, enfatiza el proceso y la experiencia como elementos constitutivos de la obra.
El montaje de la exposición refuerza estas aproximaciones individuales al permitir que cada obra actúe como un elemento activo dentro del espacio. Algunas piezas funcionan como muros que no llegan a cerrarse; otras, como planos suspendidos o umbrales imaginarios. El conjunto se percibe como una estructura en formación, donde todo parece estar ocurriendo en tiempo real.
Sofía González. ST (Silencio), 2026
De este modo, la sala se transforma en un entorno poroso en el que lo real y lo ficticio se entrelazan. La disposición de las obras permite que el espacio expositivo cambie, se expanda o se contraiga según las relaciones que se establecen entre ellas. No se trata de una exposición que se recorre de manera lineal, sino de una experiencia que se habita mentalmente.
Maqueta Para un Lugar que no Existe propone una reconsideración del espacio como proceso y no como resultado. La exposición invita a pensar la forma en su estado más inestable y fértil: aquel en el que aún no existe plenamente, pero ya comienza a ser posible.
Maqueta Para un Lugar que no Existe
La Caja.
C. Fernando VI, 27 Bajo A, 28004. Madrid
6 marzo – junio, 2026