
La instalación El Río, concebida para la primera infancia, redefine la relación entre arte, arquitectura y pedagogía en La Casa Encendida. Diseñada como un paisaje interior, sitúa a niños como protagonistas activos de su aprendizaje.
El proyecto El Río, desarrollado por el artista Antonio Ballester Moreno y la arquitecta Ana Ausín Benito, se materializa como una topografía de plataformas, rampas y desniveles que evocan el curso de un río. Esta configuración espacial no solo propone un recorrido físico, sino también una experiencia sensorial y cognitiva que integra juego, exploración y descubrimiento. Se puede visitar en el Espacio Nido de La Casa Encendida de martes a sábado: de 10.00 a 21.00 h. y domingos: de 10.00 a 16.00 h.

Un paisaje interior que transforma el juego en aprendizaje
Lejos de concebir el espacio como un mero contenedor, El Río se presenta como un entorno activo que estimula la autonomía infantil. Inspirado en la pedagogía de Emmi Pikler, el diseño fomenta el movimiento libre como herramienta fundamental para el desarrollo temprano. Así, cada elemento —desde las suaves pendientes hasta los materiales naturales como la madera de abedul— está pensado para ofrecer seguridad sin restringir la iniciativa individual.
El resultado es un espacio donde el aprendizaje no se impone, sino que emerge de la interacción espontánea con el entorno. La ausencia de estructuras rígidas permite que cada niño o niña construya su propio recorrido, favoreciendo procesos de experimentación y autoexploración.

Repensar la ciudad desde la escala de la infancia
Más allá de su dimensión lúdica, la instalación plantea una reflexión crítica sobre el espacio urbano contemporáneo. En un contexto marcado por la progresiva reducción de áreas destinadas al juego, El Río se erige como un refugio que reivindica la importancia de entornos accesibles, seguros y humanizados.
Este enfoque subraya la necesidad de incorporar la perspectiva de la infancia en el diseño de la ciudad. Al situar el cuerpo y el movimiento como ejes centrales, el proyecto cuestiona modelos urbanos que limitan la interacción y propone alternativas donde la experiencia sensorial y la relación con el entorno adquieren un papel protagonista.

Arte y pedagogía como espacio de encuentro
La trayectoria de Antonio Ballester Moreno se caracteriza por su interés en los procesos educativos no reglados y la sabiduría popular, aspectos que se reflejan en esta instalación. Su trabajo, desarrollado en instituciones nacionales e internacionales, ha explorado recurrentemente el museo como lugar de encuentro y experimentación.
Por su parte, Ana Ausín Benito aporta una mirada que vincula arquitectura, naturaleza y juego. Su experiencia en el diseño de espacios lúdicos en entornos educativos se traduce aquí en una propuesta coherente con las necesidades reales de la infancia, donde el entorno construido actúa como mediador del aprendizaje.

Un espacio compartido para familias y comunidad
El Río no solo está pensado para los niños y niñas, sino también para sus familias, configurándose como un lugar de encuentro intergeneracional. La incorporación de una pequeña biblioteca especializada y la definición de normas que promueven el cuidado colectivo refuerzan esta dimensión comunitaria.
En este sentido, la instalación trasciende su condición artística para convertirse en un dispositivo social que favorece vínculos, fomenta la presencia compartida y promueve una relación más consciente con el espacio. La invitación a descalzarse, evitar dispositivos móviles o respetar el silencio no son meras reglas, sino estrategias que buscan intensificar la experiencia y el contacto directo con el entorno.

Un modelo para imaginar futuros posibles
El Río propone una forma alternativa de entender los espacios culturales y urbanos. A través de la integración de arte contemporáneo, arquitectura y pedagogía, el proyecto abre nuevas posibilidades para diseñar entornos que respondan a las necesidades de la infancia y, por extensión, de la sociedad en su conjunto.
Al cruzar sus límites, no solo se accede a un lugar de juego, sino a una experiencia que invita a repensar cómo habitamos, aprendemos y nos relacionamos en la ciudad.
Fotos Maru Serrano para La Casa Encendida
El Río en La Casa Encendida. Más info aquí.