
Spencer Tunick, el artista conocido por sus instalaciones de desnudo colectivo, realizará Grand Spectrum, una acción masiva en Gran Canaria el día 26 de julio en el marco de Culture & Business Pride 2026.
Grand Spectrum tendrá lugar en Las Palmas y Maspalomas. Para ello Spencer Tunick reunirá más de mil participantes desnudos pintados con los colores de la bandera LGTBIQA+. En un momento marcado por la hiperexposición digital, la vigilancia algorítmica y el retroceso de derechos en distintas partes del mundo, Tunick vuelve a situar el cuerpo en el centro de la escena pública. Entre la celebración, la protesta y la imagen monumental, Tunick reivindica la presencia física como forma de resistencia.
Imagen de portada: See of Hull, Hull, 2016
Munich (Bayerische Staatsoper), 2012
El artista neoyorkino Spencer Tunick (1967) lleva activo mas de 30 años. Tunick ha realizado más de 100 instalaciones site-specific con decenas, cientos o miles de voluntarios, documentando la figura desnuda en el espacio público mediante fotografía y vídeo. Estas formaciones colectivas transforman los cuerpos en masas abstractas integradas en el entorno, cuestionando los límites entre desnudez, privacidad y espacio público. Durante nuestra conversación se desvela un artista extremadamente físico, emocional y visceral que con Grand Spectrum sale en defensa de los derechos del colectivo LGTBIQA+ y sigue apostando por reunir cuerpos reales en un mundo cada vez más virtual.
Tu práctica comenzó en una cultura visual muy distinta a la actual marcada por Instagram, la cultura de la vigilancia, algorítmos y la exposición constante del cuerpo en internet. ¿Ha afectado todo esto como piensas la representación del cuerpo?
Siempre pienso que cuántos más fotógrafos y artistas utilicen el cuerpo desnudo como medio de forma respetuosa, mejor. Cuanto más se extienda la idea contraria al cuerpo tapado o a un mundo gris y negro, mejor, y ojalá las cosas cambien. Por supuesto que queremos que las cosas cambien rápido —más aceptación del cuerpo, más aceptación de los géneros— pero estamos luchando contra gobiernos muy restrictivos y cerrados que quieren quitarnos el cuerpo y el arte reduciéndolo a solo dos formas: una vestida y otra pornográfica. Si esas son las únicas dos opciones, que además están muy alejadas entre ellas, necesitamos espacio para el arte. Porque el arte lleva la mente a lugares muy positivos.
Grand Spectrum lucha contra las amenazas globales a los derechos LGTBIQA+ a través de una imagen espectacular y visualmente poderosa. ¿Te interesa el espectáculo como herramienta política? ¿Qué puede hacer una imagen que el discurso político por sí solo no pueda?
Si llega a los políticos eso es lo importante. Como ser humano, mi cuerpo vibra por dentro, explota de felicidad. Es un momento muy potente. Tengo ira contra políticos corruptos que usan a los seres humanos como juguetes, que difunden pseudociencia y desinformación basada en el odio y la separación… ¿qué puedo hacer excepto explotar creativamente? Como artista, intento lanzar una bomba de amor, una explosión de vida, con la esperanza de que cambie las mentes. Al mismo tiempo, hago este trabajo para curarme a mí mismo de políticos e ideologías corruptas.
“Como artista, intento lanzar una bomba de amor”
¿El hecho de exponer el cuerpo desnudo colectivamente produce comunidad o simplemente la representa?
Crea un momento colectivo de igualdad. Crearía comunidad si fuese de gira (como una banda) y la gente pudiera seguirme. No tengo una agenda regular y hago pocas acciones. Una mentalidad colectiva de rebelión artística —que ocurre en momentos puntuales— une a la gente. Quizás el esforzarnos tanto repercuta en que ellos también también lo hagan en cosas a su alcance: ir a una protesta, hacer un cartel, publicar algo positivo. Quizá activen su propio activismo.
“Mostrar el cuerpo desnudo colectivamente crea un momento de igualdad”
En mi caso, al participar en Barcelona en tu happening, siempre pensé que estar todos desnudos borra los marcadores de clase, profesión o estatus. Todos tenemos el “mismo” cuerpo, que se convierte en colectivo.
Sí. Cada uno con su desnudez, es colectivo. Todavía recuerdo la sensación. Fue un momento intenso de energía. Hasta la atmósfera cambia, la vibración del aire. Y cuando levantas la cabeza, ves miles de cuerpos de diferentes colores; marrones, rosas, negros, muchos tonos piel. Una experiencia visual increíble.
Y en el contexto contemporáneo marcado por las políticas de identidad, ¿sigues creyendo que eliminar las diferencias visibles produce una imagen más democrática?
Lo que la hace democrática y física es que se hace en persona. Quien lo ve sabe que hay un gran esfuerzo detrás. Si la gente está dispuesta a despojarse de su ropa para transmitir un mensaje y hacer arte, e ir más allá de sus límites, denota un trasfondo muy potente. Espero que Grand Spectrum vibre por toda la isla, por toda España y más allá.
Sydney, 2010
Precisamente pensando en Grand Spectrum y otro de tus trabajos anteriores, Sea of Hull —que abordan derechos LGBTQIA+ y medioambientales respectivamente —, ¿marcan un giro en tu práctica hacia un contexto más político?
Tengo familiares dentro de este maravilloso espectro. Me importa más la igualdad de derechos y detener la demonización de la comunidad LGTBIQA+ que cualquier otra cosa. Es reptiliano usar este hermoso arcoíris de personas como herramienta política, como un juguete. Es odio. De verdad tengo rabia acumulada dentro de mi. La única forma de expresarlo en mi arte es a través de la alegría. La rabia contra los gobiernos se manifiesta creando arte de forma positiva. Y como soy una persona visual, no un escritor. No escribo obras ni historias. Soy artista visual y hago imágenes. Y esta es mi única forma de gritar. Así que vengo a Gran Canaria a gritar. Y esta vez, a gritar con colores.
“Vengo a Gran Canaria a gritar con colores”
¡Gritar con colores! Una imagen perfecta para Grand Spectrum. ¿Cambia algo cuando una acción artística y política forma parte de marcos institucionales y promocionales?
Pues es que la obra no existiría de otro modo. No soy multimillonario. No puedo pagar mil pinturas corporales. Soy una persona normal, tengo una casa, me cuesta pagar la educación de mi familia y tengo los problemas cotidianos de un profesor. No puedo hacer obras a gran escala solo. No soy Steven Spielberg con DreamWorks detrás. Soy un artista individual que necesita cooperación para crear una visión más amplia. A nivel de logística, hay que conseguir permisos. No puedo ir a Gran Canaria por mi cuenta y cerrar una plaza o un volcán u obtener permiso para trabajar en las dunas. Necesito ayuda. Podría quedarme en Nueva York y hacer piezas con cien personas, pero me gusta compartir mi trabajo y viajar, conocer gente nueva. La única forma de hacer obras a gran escala es con museos y organizaciones artísticas.
Cuando estoy en Nueva York, sigo haciendo obras por mi cuenta. El año pasado hice New Remedy con cincuenta personas cubiertas de marcas rojas para denunciar como el gobierno estadounidense ignora la ciencia en temas de virus, vacunas, curas, anteponiendo la política a la salud. Las marcas hablan de enfermedad. Porque, ¿cómo podemos ayudar a la población? Escuchando a los científicos y hechos, no con política.
Sobre todo ayudar a grupos vulnerables, porque la vulnerabilidad siempre ha estado presente en tu trabajo…
Bueno, la vulnerabilidad en algún momento se convierte en otra cosa. El cuerpo tiene el poder de transformarse y convertirse en lo opuesto, es decir, una explosión viva de cambio. Es una yuxtaposición porque la vulnerabilidad del cuerpo desnudo en el espacio público se transforma en resonancia y poder. Está en todas partes en el buen sentido de la palabra.
Las Islas Canarias son un punto muy especial en el mapa, un cruce de caminos entre Europa, África y Latinoamérica. ¿Ha influido esa posición geopolítica en tu forma de pensar el proyecto Grand Spectrum?
Me recuerda a Manhattan, la isla donde viví muchos años —un crisol de culturas. Nunca había hecho una obra en una isla. Lo intenté hace 20 años en Trinidad, pero no funcionó. Haber vivido en Manhattan durante quince años hace que Gran Canaria sea un microcosmos, no solo por ser una isla, sino por su apertura y aceptación de distintos géneros y mentalidades. El paisaje es diferente, pero la conexión multicultural es similar . Incluso con sus tormentas de arena del desierto africano, y pienso que un lugar vulnerable, pero también de cambio y apertura. Un lugar poderoso.
¿Has estado antes en Canarias?
Sí, de joven, en un crucero con mi abuela. Paramos en Tenerife. Ademas, hace 10 años intenté hacer un proyecto allí, pero se cayó por razones en las que no quiero entrar; quizá un gobierno conservador o falta de financiación. El caso es que no funcionó y me deprimió. Igualmente me encanta Tenerife con sus playas de arena negra, los barcos, la comida, el volcán… Y de repente me contactó la organización de Gran Canaria. La verdad, dentro de mí siempre quise que que ocurriera porque me gusta cerrar cosas. De todos modos he vuelto en otras ocasiones, así que será mi cuarta vez.
Con Grand Spectrum se cierra el círculo, hay cosas en la vida que vuelven como un boomerang.
Cierto, hay cosas a las que dije que no en mi vida y de las que me arrepiento. Cuando algo vuelve para completarse puedo descansar mentalmente. Es hermoso. Lo más importante ahora es que la gente participe, para ello se tienen que inscribir en esta web.
Somos más o menos de la misma generación, y el mundo ha cambiado radicalmente con respecto al uso de la tecnología ¿ha afectado en como trabajas?
Pues era más difícil organizarse antes. Tenía que imprimir folletos. En Nueva York, me ponía en las esquinas y durante un mes repartía folletos para que la gente participara. Si repartía mil folletos, venían cien. Era una experiencia muy lenta. Pero ahora con internet y las redes sociales, reunir a la gente es más fácil. Hay algo especial en hacer un trabajo con un grupo pequeño, de 50 o 100 personas. Trabajar con mil es otra mentalidad. En estos tiempos cambiantes, la capacidad de reunir es más fácil.
Mi preocupación tiene más que ver con cómo nos exhibimos libremente en internet. ¿Sigue teniendo el desnudo colectivo el mismo potencial disruptivo hoy que antes?
Depende del país. Si hiciera una obra en Moscú o en Ucrania, conseguiría miles de personas porque sería un acto subversivo de cambio. Abriría mentes. Aunque en un lugar más abierto, con una atmósfera positiva, también se puede usar esa experiencia si llega a las ondas y a las redes sociales. Una obra de arte puede brillar y vibrar en tierras lejanas. Sé que trabajos que hice en países menos restrictivos acabaron en periódicos de Tailandia, donde el desnudo público es ilegal. Ahora hay otros artistas haciendo desnudos colectivos y el simple hecho de que haya gente fotografiando cuerpos desnudos en el espacio público es bueno.
Siguiendo con la tecnólogia, ¿piensas en la viralidad cuando produces una imagen o intentas resistir esa lógica?
Sé que la prensa publicará mi trabajo antes que yo. Pero si no das a la prensa un espacio designado para documentar una instalación de gran escala, intentarán subirse a los edificios e interferir en el trabajo. No puedes hacer arte en el espacio público sin permitir cierta documentación desde una distancia segura. Hay una hiper-excitación alrededor de los cuerpos desnudos. Intentamos crear un momento positivo documentado por un grupo pequeño y seleccionado de medios de arte a distancia para poder concentrarme. En Barcelona (2003) la prensa se acercó demasiado y los participantes empezaron a gritarles. Aprendimos la lección, porque la mayoría de la prensa realmente quiere elevar el mensaje y transmitir buenas vibraciones.
Y para terminar, si comenzaras tu práctica artística hoy, en 2026, ¿tu obra sería igual?
Probablemente no. No tendría tantos participantes, hoy hay demasiada información, saturación. Yo pude escapar a un mundo donde mi mente podía fluir y expandirse. Pero ahora con la IA y las redes sociales todo está hecho. Hay cosas fantásticas que se hacen con demasiada facilidad, supongo que pensaría: “esto puede hacerse en un ordenador, quizá haga otra cosa”. Tener que crear mi propio universo sin efectos especiales ni IA me hizo trabajar duro. Así que creo que mis obras serían distintas. Quizá sería pintor, arquitecto u oceanógrafo. O fotógrafo, pero no con el mismo cuerpo de trabajo, es decir no multiplicaría cuerpos. Empecé con uno, luego dos, cinco, veinticinco, cien, ciento cincuenta, mil… no creo que hoy en día hubiese llegado a multiplicar 18 mil cuerpos como en el caso de el Zócalo en la Ciudad de México.
“Claro multiplicar las personas con IA, no es lo mismo. Hablamos de energía y del cuerpo común. Definitivamente me gusta conectar con personas. No puedo hablar con una pantalla. Necesito hablar con personas”.
Sobre Spencer Tunick
Spencer Tunick ha incorporado nuevas poses, objetos, pintura corporal en sus composiciones grupales. La participación es abierta, sin exclusiones por edad, identidad u origen, limitada solo por cuestiones logísticas. Sus proyectos han sido vinculados a campañas sobre derechos LGTBIQA+, VIH/sida, cáncer y cambio climático, y es cofundador de DontDelete.Art, centrado en la libertad artística en plataformas digitales. Su práctica sostiene un énfasis constante en la presencia física del cuerpo como experiencia colectiva frente a la creciente mediación digital. En este sentido, su trabajo funciona como documento y proposición. Una exploración de cómo los cuerpos reunidos pueden reconfigurar temporalmente la percepción, la escala y el significado del espacio público.
Para participar en Grand Spectrum el 26 de julio en Gran Canaria registrarse aquí.
Spencer Tunick en el Faro de Gáldar, Gran Canaria, 2026
Todas las imágenes cortesía de Spencer Tunick (c)
