Casa Nido: Iterare da futuro a un inmueble con mucho pasado

Aunque la normativa permitía la demolición, Iterare Arquitectos prefirió conservar la envolvente de una construcción de 1921 para crear Casa Nido, una morada de nueva planta en el modesto barrio valenciano de Torrefiel.

Ubicada en una parcela en esquina, el inmueble ocupa un edificio que, pese a no estar catalogado como protegido, pertenece a una tipología característica de las primeras décadas del siglo XX: viviendas bajas entre medianeras promovidas por pequeños propietarios, artesanos y agricultores, fácilmente identificables por sus simétricas fachadas y su decoración de influencia modernista. Para disgusto de Iterare, poco se podía salvar de Casa Nido. Los huecos ya no eran los originales, el interior había perdido casi toda su estructura y la cubierta había desaparecido.

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Lo que permaneció en pie en Casa Nido

No obstante, los arquitectos tuvieron claro qué merecía la pena mantener, tal como explica Rubén Gutiérrez, uno de los fundadores de Iterare. “Entendimos que difícilmente íbamos a poder mejorar, con genio arquitectónico, el carácter y la idiosincrasia de aquellos muros de ladrillo que llevaban allí 100 años, y que recogían los anhelos y la energía de aquel valenciano anónimo que con espíritu y gracia consiguió alzar ese humilde edificio. ¿Qué propuesta nueva por nuestra parte habría conseguido mejorar los muros originales cargados de historia e intenciones que ya existían? De ahí que nos sintiésemos interpelados por la ruina y decidiésemos dignificar su memoria”, apunta.

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Anidar una vivienda

El proyecto recibe el nombre de Casa Nido porque consistió en hacer que una morada acogiera a otra, como si esta última la protegiera. Llevar esa idea a la obra, sin embargo, implicó afrontar el mayor reto técnico de la operación. La fachada original no podía moverse ni un centímetro durante la intervención, por lo que la estructura existente siguió sosteniéndola de forma provisional hasta que el nuevo sistema resistente estuvo en condiciones de asumir las cargas. Gutiérrez lo describe mejor que nadie: “Una pieza inserta en la envolvente existente, anidada entre sus muros e hibridada con la ruina, en lo material y en lo formal, en lo conceptual y en lo constructivo”.

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Una obra contra las adversidades

Pero esa traba fue casi lo de menos. Antes de colocar un solo ladrillo, Casa Nido ya acumulaba suficientes vicisitudes como para inspirar una segunda Odisea. Tres años de espera para obtener la licencia municipal, una interminable burocracia, la ocupación ilegal del inmueble antes del inicio de las obras, el fuerte incremento del coste de los materiales tras la pandemia, que disparó el presupuesto de unos 120.000 a más de 200.000 €, la sustitución del constructor durante la ejecución y, como última piedra en el camino, los retrasos provocados por la castastrófica dana de 2024. “Toda esta problemática iba introduciendo cambios en el proyecto, algunos para contentar a los técnicos, otros para ajustar el presupuesto, y otros fruto de la propia reflexión en torno a la obra que nos dieron los años. En última instancia el proyecto se enriqueció en ese proceso de maduración/materialización”, explica Gutiérrez.

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Además, el líder de Iterare agradece a Isabel, su clienta y propietaria del domicilio, la paciencia, el compromiso y la entrega de los que hizo gala durante los seis años que duró el proceso: “Isabel no puso apenas condiciones. Planteó un presupuesto y un programa elemental de una vivienda de un dormitorio, y por lo demás estuvo atenta y abierta a todas las propuestas del estudio, además de a todos los cambios que se sucedieron durante la ejecución. Nunca hubo una negativa ni una duda, su confianza era ciega”.

Siete metros de luz

El patio, situado al fondo de la parcela y con una superficie de 26 m², ordena el interior de una vivienda distribuida en dos plantas de 56 m² útiles cada una. Para poner en relación todos sus espacios, Iterare ideó un ventanal de casi siete metros que distribuye la luz natural y favorece la ventilación. La escalera central comunica ambos niveles y también propicia la transición entre dos ambientes en unos peldaños. Abajo, el salón, el comedor y la cocina se abren al mencionado vacío, junto a un dormitorio, un baño y trastero, encajado en el hueco de la escalera. Arriba, Iterare reservó una zona de trabajo orientada a la doble altura y una sala de estar bajo el lucernario.

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Sobre Iterare

Los orígenes de Iterare Arquitectos se remontan a 2019, cuando Pedro Ponce (Albacete, 1988) y Rubén Gutiérrez (Zaragoza, 1988) pusieron en marcha el estudio tras haberse conocido durante sus años de formación en la Universitat Politècnica de València. Su primer proyecto fue Casa de los Gigantes.

Aquí puedes ver los planos de Casa Nido.

Ficha técnica

Arquitectura: Iterare Arquitectos (Pedro Ponce y Rubén Gutiérrez).
Proyecto: Casa Nido.
Fotografías: David Zarzoso

Ubicación: Torrefiel, Valencia.
Año de construcción del edificio original: 1921.
Tipología: vivienda unifamiliar rehabilitada.
>Superficie de parcela: 100 m².
>Superficie útil interior: 56 m² por planta.
>Superficie del patio: 26 m².
Programa: salón-comedor-cocina, dormitorio, baño, trastero/sala de máquinas, espacio de trabajo y sala de estar.
Presupuesto inicial: 120.000 €.
Presupuesto final: más de 200.000 €.