
La exposición de Ampparito, uːː ɡʊɾːuː uːː ɡʊɾːuː, lleva a Bowman Hal palomas, veletas y monumentos ecuestres para convertir la galería madrileña en un trampantojo urbano hasta el 21 de noviembre de 2026.
Con humor, juegos de escala y una mirada atenta a aquello que suele pasar desapercibido, Ampparito traslada fragmentos reconocibles de Madrid al interior de Bowman Hal, el espacio expositivo de SOLO Contemporary. Palomas heridas, estatuas sin rostro y veletas convierten la galería en un escenario extraño desde el que uːː ɡʊɾːuː uːː ɡʊɾːuː propone una lectura absurda y poética de la ciudad y de nuestra manera de habitarla.
Todas las imágenes: Vista de la exposición uːː ɡʊɾːuː uːː ɡʊɾːuː: de Ampparito en Bowman Hal, Solo CSV
Ampparito
La ciudad entra en Bowman Hal
Hay objetos que vemos tantas veces que terminamos por dejar de verlos. Ampparito lleva años trabajando precisamente en ese punto ciego de la percepción: elementos cotidianos, infraestructuras, monumentos y pequeños accidentes urbanos que, mediante un cambio de escala o contexto, adquieren un significado inesperado. “Mi trabajo consiste bastante en buscarle tres pies al gato, en coger algo anodino que damos por hecho y preguntarme qué ocurre si modifico una cosa mínima”, explica.
Anónimo (2022-Actualidad)
En su primera exposición individual en Bowman Hal, el artista traslada esa lógica desde la calle hasta la sala. uːː ɡʊɾːuː uːː ɡʊɾːuː funciona como una suerte de trampantojo expositivo, donde en apariencia seguimos dentro de una galería, pero los códigos del exterior comienzan a colonizarla.Para Ampparito, esa operación parte de una sospecha sobre la propia idea de normalidad. “Al final, la normalidad es simplemente aquello que hemos acordado entre todos que es normal, y ese acuerdo cambia constantemente.” Esa mirada atraviesa toda la muestra, que desplaza la atención hacia objetos y comportamientos urbanos que suelen quedar fuera de foco. El suelo, las paredes, el techo y hasta las corrientes de aire se convierten en territorio de intervención. Más que reproducir la ciudad, Ampparito introduce en el espacio algunas de sus presencias secundarias para obligarnos a observarlas desde otro lugar.
Veleta Interior (2026)
Entre palomas, veletas y monumentos
Tres grupos de obras articulan el recorrido. En Palomas (2026), 475 imágenes de palomas heridas fotografiadas en Madrid aparecen impresas sobre pequeñas losas de granito que recorren el rodapié de la sala. La mirada se desplaza hacia abajo, hacia uno de los animales más comunes, y despreciados, del paisaje urbano. El artista lleva tiempo observándolas. “Son de las pocas cosas de la ciudad difíciles de controlar. Los árboles están metidos en sus alcorques, perfectamente delimitados, pero las palomas están ahí, completamente adaptadas.” En la exposición adquieren además una presencia casi climática: “Aparecen al mismo nivel que el sol, la lluvia o el viento. De repente, algo que solemos considerar medio asqueroso se convierte en un fenómeno casi atmosférico.”

En el extremo opuesto, Anónimo (2022-actualidad) obliga a levantar la cabeza. El proyecto parte de fotografías de estatuas ecuestres sobre las que Ampparito concentra luz solar mediante un dispositivo de espejos construido sobre una bicicleta. El efecto elimina visualmente el rostro de sus protagonistas sin intervenir físicamente el monumento. En Bowman Hal, las imágenes aparecen reproducidas sobre grandes lonas próximas a los lucernarios, estableciendo un nuevo juego entre arquitectura, representación y luz.
Anónimo (2022-Actualidad)
Completa el conjunto Veleta Interior (2026), una serie de reproducciones cinéticas inspiradas en veletas localizadas en los tejados de Madrid. Objetos diseñados para responder al viento abandonan las alturas y descienden hasta la galería, donde es el movimiento de los propios visitantes el que termina activándolos.
Veleta Interior (2026)
Mirar lo que dejamos de mirar
El trabajo de Ampparito se ha desarrollado principalmente en contacto con el espacio público. Objetos tan insignificantes como un clip, un enchufe, una cinta de casete o un ladrillo roto han adquirido dimensiones monumentales en sus murales, mientras que otras intervenciones han utilizado el lenguaje, el humor y la alteración de escala para modificar nuestra lectura de edificios o esculturas. Su estrategia no consiste tanto en añadir nuevos símbolos como en desajustar ligeramente los que ya existen. Sacarlos de escala, desplazarlos, ocultarlos o someterlos a asociaciones aparentemente absurdas.Ese absurdo no aparece como una oposición frontal a la realidad, sino como algo que ya está contenido en ella. “Cuando llevas el sentido común y la funcionalidad al extremo aparecen situaciones profundamente poéticas”, señala. “
Ampparito y Mun-Jung Chang, directora de Bowman Hal
Ese desplazamiento resulta especialmente visible en Anónimo. Al borrar mediante la luz el rostro de figuras conmemorativas, paradójicamente Ampparito vuelve a dirigir nuestra atención hacia monumentos que la costumbre ha convertido casi en mobiliario urbano. No los destruye ni los modifica materialmente, solo altera temporalmente nuestra manera de percibirlos. Detrás del juego aparece así una pregunta recurrente en su trabajo: ¿qué cosas ocupa la ciudad delante de nosotros sin que reparemos ya en ellas?

Una exposición que obliga a mover el cuerpo
Aquí el visitante tampoco puede permanecer demasiado tiempo en la posición clásica del espectador. Para ver las obras tiene que agacharse, arquear el cuello, caminar entre ellas o generar con su propio movimiento el aire necesario para activar las veletas. Es precisamente en Veleta Interior donde mejor se entiende el “trampantojo conceptual” al que se refiere Ampparito. Las piezas reproducen veletas reales de Madrid y han sido modificadas para reaccionar a corrientes de aire mínimas. Colocadas a ras de suelo, comienzan a moverse cuando alguien atraviesa la sala.
Veleta Interior (2026)
“El trampantojo tradicional es un engaño basado en la mímesis, algo que visualmente parece otra cosa. Aquí el engaño sucede más desde la situación”, explica el artista. “Entonces el trampantojo ya no es la veleta. El trampantojo eres tú. Tú te conviertes en viento. Me interesa generar un contexto en el que puedas convertirte durante unos segundos en aquello que falta.” La ergonomía, la relación entre los objetos y el cuerpo y nuestra adaptación inconsciente a los espacios construidos atraviesan buena parte del proyecto. Si una ciudad determina recorridos, posturas, velocidades y formas de comportamiento, aquí esas reglas aparecen ligeramente alteradas. La arquitectura permanece casi intacta, pero el cuerpo comienza a comportarse de otra manera.
PPalomas (2026)
¿Cómo suena una paloma?
Incluso el título exige participar. uːː ɡʊɾːuː uːː ɡʊɾːuː es una transcripción fonética del arrullo de una paloma y nace precisamente de la imposibilidad de reproducir ese sonido con exactitud mediante el lenguaje escrito. “Me parecía que el propio título podía funcionar casi como una hoja de sala, porque todo lo que hay en la exposición tiene que ver con ese intento de hacer algo utilizando unos medios con los que sabes que nunca vas a conseguir reproducirlo exactamente.” El gesto condensa el funcionamiento de toda la exposición, parte de algo familiar e intenta trasladarlo mediante un sistema que nunca podrá reproducirlo exactamente. Una paloma deja de ser solamente una paloma, una veleta abandona el tejado, una estatua pierde el rostro y la sala de exposiciones comienza a comportarse como una ciudad alternativa.
Anónimo (2022-Actualidad)
De la calle a la galería
Aunque Ampparito surgió de la escena del arte urbano, su práctica se ha ido desplazando progresivamente hacia otros formatos. Instalación, fotografía, intervención y documentación forman hoy parte de un trabajo en el que la idea va por delante del medio. “Cuando empecé, la calle resolvía problemas muy concretos. Podías enseñar lo que hacías sin tener acceso a un espacio expositivo y, además, no tenías que almacenarlo”, recuerda. “Ahora sigo trabajando en la calle cuando tiene sentido que una obra suceda allí.”En Bowman Hal esa tensión entre exterior e interior atraviesa todo el proyecto. La exposición no intenta convertir literalmente la galería en una calle, sino reproducir algunas de sus condiciones, desplazar ciertos signos y poner a prueba qué ocurre cuando la experiencia urbana entra en un espacio pensado para el arte.
La exposición uːː ɡʊɾːuː uːː ɡʊɾːuː de Ampparito podrá visitarse en Bowman Hal—Cuesta de San Vicente, 36— hasta el 21 de noviembre de 2026. Más información en este enlace.