
Los apartamentos de cine pueden explicar una personalidad, situar una historia o convertirse en lo que más recordemos después de los créditos finales.
Una mesa llena de libros, una ventana desde la que observar la ciudad o una cocina demasiado pequeña pueden decir mucho sobre quien vive allí. Los apartamentos de cine siempre funcionan como una extensión narrativa: contienen pistas sobre sus habitantes y construyen una atmósfera que permanece más allá de la historia.
Imagen superior: Fotograma de la película The Drama.
Fotograma de la película The Drama.
Hay interiores que terminan formando parte de una película tanto como sus protagonistas.
No es necesario que estos espacios sean exclusivamente lujosos o grandes. La elección de un cuadro, la posición de una lámpara o el desorden de una estantería pueden ser suficientes para transmitir una forma de vida. Cuando un interior está bien construido, deja de percibirse como un decorado y adquiere una identidad propia.
Un interior cinematográfico también cuenta una historia.
Fotograma de la película The Drama.
Una casa puede explicar a un personaje antes del diálogo.
En el cine, los espacios permiten conocer la personalidad de un personaje sin recurrir a palabras previas. Los objetos actúan como pequeñas señales: aquello que alguien conserva como objeto decorativo, los libros que acumula, las fotografías que cuelgan en la pared o los colores que conforman su dormitorio.
The Drama, dirigida por Kristoffer Borgli y protagonizada por Zendaya y Robert Pattinson, utiliza el apartamento de Emma y Charlie como escenario. El interior reúne piezas de diseño, libros, obras de arte y objetos cotidianos que transmiten la sensación de una vivienda desarrollada con el paso del tiempo. La decoración no pretende mostrar una casa impersonalmente perfecta, sino reflejar la esencia de quienes la ocupan.
Ahí reside una de las claves de los apartamentos de cine que permanecen en la memoria. Cada elemento parece responder a una decisión concreta. Una silla puede estar en una posición concreta; una mesa, demasiado llena; una pared, cubierta de recuerdos. Son detalles que nos permiten imaginar una rutina detrás de la cámara.
La vivienda se convierte así en una forma silenciosa de presentación.
Fotograma de la serie Sexo en Nueva York.
Carrie Bradshaw comprendió esto antes que nadie.
Pocos espacios televisivos han alcanzado la popularidad del apartamento de Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York.
El estudio del Upper East Side reunía un escritorio junto a la ventana, un vestidor, muebles vintage y una colección de objetos que reflejaba el carácter de su propietaria. El resultado quedaba lejos de la neutralidad de muchos interiores contemporáneos. Había mezcla, acumulación y personalidad.
El apartamento también acompañaba a la evolución de Carrie. Allí escribía, recibía a sus amigas, se vestía antes de salir a la noche neoyorquina y atravesaba buena parte de las relaciones que formaba en la serie. La habitación terminó funcionando como una extensión de su vida profesional y sentimental.
Fotograma de la serie Sexo en Nueva York.
El apartamento de Carrie Bradshaw no necesitaba ser perfecto para convertirse en un icono visual.
Los apartamentos de película más reconocibles suelen compartir esa capacidad para relacionarse directamente con los personajes; no son intercambiables. Si cambiáramos el apartamento de Carrie por otro, cambiaría también en cierta parte nuestra percepción sobre ella.
Fotograma de la película Lost in Translation.
De Japón a Italia: cuando el lugar se convierte en un recuerdo.
Algunas películas consiguen que recordemos un espacio incluso cuando apenas somos capaces de describirlo.
En Lost in Translation, el Park Hyatt Tokyo funciona como un lugar aislado dentro de una ciudad gigantesca. Las habitaciones, los pasillos y los grandes ventanales establecen una distancia física entre los personajes y el mundo que los rodea. Tokio permanece al otro lado del cristal mientras Bob y Charlotte desarrollan una relación marcada precisamente por esa sensación de desconexión.
Fotograma de la película Call Me by Your Name.
Call Me by Your Name plantea una relación distinta entre personaje y espacio. La villa italiana, sus habitaciones, el jardín y los lugares de paso construyen el escenario de un verano concreto.
El mobiliario y la arquitectura no pretenden llamar la atención sobre sí mismos; contribuyen a crear una sensación de tiempo detenido.
Fotograma de la película La Chimera.
En La Chimera, Alice Rohrwacher convierte las viviendas, ruinas y espacios abandonados en una parte fundamental de su mundo visual. El entorno posee una textura propia y ayuda a situar a Arthur en un territorio suspendido entre diferentes épocas.
Los apartamentos de cine adquieren relevancia precisamente cuando consiguen dejar de ser simples localizaciones. Después de ver la historia, determinados espacios quedan asociados a una emoción, una etapa o una persona.
Fotograma de la película American Psycho.
Ya no queremos casas perfectas.
Las referencias también han cambiado. Durante años, los interiores más aspiracionales del cine y la televisión podían parecer catálogos de decoración: superficies impecables, muebles coordinados a la perfección y habitaciones en las que prácticamente nada parecía fuera de lugar.
En producciones más recientes existe un interés creciente por los espacios con una personalidad mayor.
Fotograma de la película Past Lives.
En Past Lives, dirigida por Celine Song, se utilizan los diferentes hogares de Nora para acompañar sus cambios vitales. Los espacios de Nueva York no funcionan como una postal de la ciudad, sino como lugares cotidianos en los que la protagonista desarrolla una vida que se encuentra entre distintas identidades.
Fotograma de la película The Worst Person in the World.
Ocurre algo similar en The Worst Person in the World. Los apartamentos y casas que atraviesa Julie están vinculados a diferentes momentos de su vida. Cada uno representa una posibilidad distinta, una relación o una versión de sí misma que todavía está intentando comprender.
Esta clase de interiores resulta especialmente eficaz porque permite reconocer una experiencia muy concreta: no saber encontrar nuestro sitio y estar cambiando constantemente.
Fotograma detrás del rodaje de la película Before Midnight.
El verdadero lujo es que una casa parezca tuya.
Los apartamentos de película no necesitan convertirse en modelos para ser atractivos. Su valor está en la personalidad que consiguen transmitir.
El apartamento de Carrie Bradshaw funciona porque parece construido alrededor de ella. El apartamento de Charlie y Emma funciona porque sus objetos contienen información acerca de la pareja. La habitación de Elio funciona porque sus momentos de aislamiento en ella reproducen el efecto emocional de la historia.
Hay una diferencia considerable entre decorar una habitación y construir un espacio que hable por sí solo.
La primera operación puede resolverse mediante una selección estética. La segunda requiere pensar en las personas que van a habitarla: qué compraron, qué heredaron, qué conservaron de su infancia, qué colocaron sin demasiada intención y qué objetos terminaron adquiriendo un significado con el tiempo.
Por eso, una habitación ligeramente desordenada puede resultar más convincente que una estancia impecable. Las marcas de uso introducen algo que ningún catálogo puede reproducir: una vida anterior.
Fotograma de la película Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios.
Queremos entrar en la película y quedarnos un rato.
Los apartamentos de cine más recordados no tienen necesariamente las mejores vistas ni los muebles más caros. Son aquellos capaces de provocar una identificación inmediata.
Durante unos segundos podemos imaginar cómo sería trabajar en el escritorio de Carrie, despertarnos en una habitación de Tokio o pasar un verano en una villa italiana.
El cine tiene la capacidad de convertir un espacio cotidiano en un lugar deseable. No porque sea extraordinario, sino porque lo hemos visto habitado por alguien cuya historia nos ha acompañado durante unas horas.
Fotograma de la película Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios.
Los decorados desaparecen cuando el rodaje finaliza. Las películas, en cambio, consiguen que algunos permanezcan.
Tal vez por eso seguimos mirando apartamentos ficticios con tanta atención: porque detrás de cada uno existe una posibilidad de vida.
Y pocas formas de diseño resultan tan poderosas como aquellas que consiguen hacernos imaginar qué podríamos ser dentro de un espacio.