
Ya no hace falta esperar a entrar a una escuela de cine para empezar a hacer películas. Una generación de creadores cineastas de YouTube está aprendiendo a dirigir delante de una audiencia y la industria de Hollywood ya ha empezado a mirar hacia ellos.
Durante años, hacer una película parecía empezar obligatoriamente a partir de una escuela de cine, un festival o un plató. Ahora todo puede empezar con una webcam, un ordenador y un canal de YouTube. En 2026, esta trayectoria ha dejado de parecer una anomalía. Kane Parsons y Curry Barker son dos de los nombres que han puesto este fenómeno en el punto de mira. Parsons construyó en YouTube el universo de The Backrooms antes de llevarlo al largometraje con A24. Barker, por su parte, pasó de realizar vídeos y cortometrajes de terror con sus amigos a estrenar Obsession con Focus Features y Blumhouse.
Imagen superior: Fotograma de The Backrooms
Kane Parsons, director de Backrooms
Curry Barker, director de Obsession
Los cineastas de YouTube ya no están intentando llegar a Hollywood; ahora es Hollywood quien está buscándolos a ellos.
De subir vídeos a dirigir películas.
Durante décadas, el recorrido parecía bastante definido: estudiar cine, realizar cortometrajes, pasar por festivales, conseguir representación y, con suerte, llegar a dirigir una película. Internet ha introducido otra posibilidad: hacer todo esto delante de una audiencia.
Los nuevos cineastas originados en YouTube no necesariamente comienzan pensando en Hollywood, sino que simplemente empiezan a publicar contenido. Aprenden a escribir porque necesitan una historia, a rodar porque tienen que resolverla, a realizar el montaje porque nadie más va a hacerlo y a entender al espectador, ya que es el espectador quien realizará la crítica de dicha pieza audiovisual en los comentarios de la plataforma.
Kane Parsons comenzó a desarrollar Backrooms como una serie de vídeos de terror realizados en 3D bajo el nombre de Kane Pixels. Este proyecto ha acabado siendo uno de los proyectos cinematográficos de A24 más aclamados de 2026.
Kane Parsons
La diferencia no está únicamente en que estos creadores utilicen internet para enseñar su trabajo, sino que internet es el mayor protagonista de sus formaciones cinematográficas.
No han aprendido primero las reglas para luego romperlas. En muchos casos, han aprendido haciendo exactamente lo contrario: probando, cometiendo errores y descubriendo qué es lo que realmente funciona conforme van publicando.
Curry Barker
El algoritmo como primer público.
Algo especialmente interesante de la trayectoria de estos cineastas es que su primer público no es un programador de festivales o un productor, sino internet.
Esto modifica la forma de contar historias: un creador que lleva años publicando en YouTube sabe que una idea tiene que despertar curiosidad inmediatamente, que una imagen puede ser el motivo por el que alguien continúe viendo un vídeo y que una historia no tiene que terminar cuando aparecen los créditos.
Curry Barker representa otra variante de este recorrido. Antes de Obsession, había desarrollado una comunidad alrededor de sketches y proyectos de terror de muy bajo presupuesto. Su película Milk & Serial, realizada con apenas recursos y publicada gratuitamente en YouTube, ayudó a construir el camino hacia su debut profesional.
Milk & Serial de Curry Barker
La audiencia deja de ser el destino final de una película y pasa a formar parte de su proceso de nacimiento.
Aquí aparece una cuestión curiosa: si antes un cineasta necesitaba convencer a un pequeño grupo de personas para conseguir financiación, ¿necesita ahora convencer a miles de desconocidos para demostrar que merece una oportunidad?
Backrooms
La película comienza mucho antes de su estreno.
En el caso de los cineastas de YouTube, la idea del concepto de “debutar” también cambia.
Cuando Backrooms llegó a las salas, Kane Parsons no era un desconocido que acababa de aparecer de repente en Hollywood. Llevaba años construyendo un universo y una comunidad alrededor de él. La película llegaba después de una obra previa que millones de personas ya habían visto. La propia serie de Backrooms acumuló una enorme audiencia antes de llegar a la gran pantalla.
Algo parecido sucedió con Barker. Obsession no apareció de la nada: detrás había años de vídeos, cortometrajes, más sketches y experimentos de la mano de sus amigos. Esto altera mucho la idea de “primera película”.
Quizá el debut de un cineasta ya no sea su primer largometraje, sino el momento en que deja de poder hacerlo todo solo.
Porque es ahí donde aparece el verdadero salto: pasar de controlar cada parte del proyecto a trabajar con grandes equipos, productores, actores conocidos y presupuestos que multiplican las posibilidades, pero también las responsabilidades.

¿Qué se pierde cuando llega a Hollywood?
La historia resulta tentadora porque parece una fantasía perfecta: haces películas desde tu habitación, internet las descubre y un estudio acaba llamando a tu puerta. Pero también existe una contradicción.
Las cineastas de YouTube han construido su lenguaje en un espacio donde tienen un control casi absoluto sobre lo que hacen. Podían publicar algo extraño, cambiar de idea o convertir una limitación económica en parte de la estética de la propia pieza audiovisual.
Pero cuando llega Hollywood, aparecen otras condiciones. Parsons ha contado que continúa considerando YouTube un espacio creativo muy importante incluso después de alcanzar la fama con el largometraje.
Kane Parsons rodando Backrooms
Esta es la parte más interesante del fenómeno. No se trata simplemente de que YouTube pueda ser la escalera definitiva para llegar a crear cine internacional. Sino que puede convertirse en un territorio creativo paralelo al que estos directores no quieren renunciar.
Fotograma de la película Obsession
La generación que aprendió a hacer cine publicándolo.
Los nuevos cineastas de YouTube están obligando a la industria a mirar en un lugar que durante mucho tiempo parecía demasiado informal como para encontrar el futuro del cine en él.
No llegan con un recorrido impecable; llegan con sus vídeos, comunidades y universos que han creado ellos solos desde cero. Llegan con años de trabajo que pueden haber empezado mucho antes de que alguien decidiera prestarles un mínimo de atención.
Tal vez esto sea lo verdaderamente nuevo. No es el hecho de que un YouTuber consiga hacer una película, sino que la frontera entre ser creador de internet y ser cineasta está comenzando a desaparecer.
Fotograma de la película Obsession
Los cineastas de YouTube no están reemplazando a las escuelas de cine ni a los festivales. Simplemente están demostrando que existe otra puerta de acceso, una en la que no hace falta esperar a que alguien te diga que estás preparado para empezar tu carrera.
Primero haces tu película, luego encuentras al público, y ya por último quizás sea Hollywood el que vaya a buscarte a ti.