
Entrevista a Anxos Fazáns sobre Las Líneas Discontinuas, una película que habla del encuentro, la soledad, el cambio vital y la construcción de refugios frente al caos cotidiano.
Anxos Fazáns (Vigo, 1992) presenta su segundo largometraje, Las Líneas Discontinuas, una película que explora la necesidad de encontrar refugio en el mundo, el vértigo de la cotidianidad y el peso de las decisiones que marcan nuestras vidas. Un encuentro fortuito, un giro inesperado, una casa convertida en búnker: elementos que atraviesan esta historia y que dialogan con las inquietudes de una generación.
Imagen superior: Anxos Fazáns en un momento del rodaje de Las Líneas Discontinuas.
Anxos Fazáns. Fotografía: Tamara de la Fuente
La película habla de un encuentro fortuito que al final resulta un antes y un después en la vida de los personajes. ¿Cuál fue la chispa inicial de la historia? ¿Cómo llegaste a ese punto?
Anxos Fazáns: El origen de todo es una noticia que leí hace muchísimo tiempo sobre un ladrón que se quedó dormido en la casa que robaba. Y se me quedó la historia en la cabeza. Es una forma de encuentro muy extraña, pero había algo que me generaba ternura en ese ladrón. Empecé a preguntarme si en esa circunstancia podía darse un verdadero encuentro. Yo quería hablar del encuentro y del valor que tiene el encuentro con los otros, de cómo a veces conocer a alguien, permitirte conversar y entrar en la intimidad de esa persona puede suponer un cambio muy grande en la vida. No es autobiográfica, pero conecta con cosas que me preocupan y me interesan: la intimidad, las relaciones entre personas… La premisa del robo es solo una excusa, la película habla de esos personajes.
Fotograma de la película
Son dos personajes de contextos muy distintos, no solo por la edad sino por el mundo que habitan, y se reconocen a través de una soledad compartida. ¿Cómo fue para ti concebirlos desde ese punto?
Anxos Fazáns: Es curioso porque es una película de personajes, pero nace de la premisa. Yo tenía la situación, pero no sabía quiénes eran. Una de las primeras cosas que pensé es que para que este encuentro tuviera lugar y pudieran permitirse conocerse, tenían que tener algo en común: una soledad muy fuerte. Decidí que fueran dos personajes que parten de una situación de crisis y que tuvieran muchos nexos. Nunca dejamos de decidir. Ahí está el punto de conexión: esta mujer de 50 años tiene que rehacer su vida y su futuro está lleno de posibilidades. En el fondo, los dos tienen que tomar las mismas decisiones, aunque desde lugares distintos.
Fotograma de la película
Al principio la casa se desvalija por el robo, pero en realidad para la protagonista ya lo estaba, ya había dejado de ser hogar. ¿Cómo fue crearla como un personaje más?
Anxos Fazáns: La casa es un personaje muy importante. Ella está completamente estancada y la casa es un reflejo de esa vida. Refleja el interior de Bea, que se ha quedado estancada en decisiones que tomó hace veinte años y ha dejado que la vida la lleve. Quería una historia de dos personajes en una casa, eso permite profundizar mucho en los personajes. En las primeras versiones del guion quizá no era tan consciente de la importancia de la casa. Fue en las últimas escrituras cuando me di cuenta de que estaba ahí como un tercer personaje.
Fotograma de la película
La película se centra mucho en la idea de que el final puede ser el principio de algo. ¿Sentías la necesidad de plasmar esa ambigüedad de la vida?
Anxos Fazáns: Desde el principio sabía que quería un encuentro breve y un final en el que las vidas se separan, pero los personajes se han ayudado. Quería un final positivo, luminoso y esperanzador, la película habla de abrazar el cambio. En el caso de ella era especialmente importante, porque estamos muy acostumbradas a ver mujeres maduras estancadas, como si la vida se acabara. Yo quería construir un futuro lleno de posibilidades.
Anxos Fazáns. Fotografía: Tamara de la Fuente
El hecho de que la protagonista sea una mujer madura es casi reivindicativo en sí mismo. ¿Fue una decisión consciente?
Anxos Fazáns: El simple hecho de que ella sea una mujer de 50 años y él un chico trans ya es un aporte, porque no son personajes habituales en pantalla. La película no es social como tal, pero poner el foco ahí ya es una reivindicación. También hay una proyección personal: construir un personaje de mujer de 50 años que vive una aventura y sigue adelante es construir un referente para mí. Salirse del modelo de madre perfecta/cuidadora.
¿Crees que sigue siendo arriesgado hacer cine en gallego pensando en más allá de Galicia?
Anxos Fazáns: A nivel distribución sigue siendo complicado. Hay casos de éxito, pero son puntuales. En producción no tanto, porque en Galicia hay un tejido industrial asentado. El problema llega en la distribución: solo puedes acceder a cines con versión original interesados en programar una peli gallega en gallego. Fuera de Galicia hay limitaciones, pero dentro el público está respondiendo muy bien. Es cuestión de entender que son pelis muy fuertes en el territorio y que fuera tienen que encontrar su hueco poco a poco.

¿Qué te gustaría que se llevara la gente al ver las Las Líneas Discontinuas?
Anxos Fazáns: Alguien dijo en un festival que se sentía como un abrazo, y me pareció precioso. Es justo lo que quería: una peli agradable, con melancolía y claroscuros, pero esperanzadora. Quería recordar que hay cosas por las que merece la pena seguir adelante.
Si la película fuese un refugio, ¿de qué te gustaría que protegiera a la gente?
Anxos Fazáns: Ahora mismo hay mucha violencia en el día a día: guerras, contra las mujeres y otros colectivos, y también violencia en nuestras rutinas, en la velocidad a la que vivimos. Me gustaría que la película fuese un refugio frente a esa hostilidad. Que recordase que podemos construir pequeños refugios y volver a ellos de vez en cuando para seguir viviendo.