DRENGE PUBLICAN Foto: Zachery Michael

ROBA EL DINERO Y CORRE

Parece que nos hemos dado cuenta ayer, pero ya hace mucho que vivimos en un sistema que tiene un diabólico poder: todo lo que surge en contra de este sistema acaba por ser engullido y transformado en algo propio. La finalidad está clara: todo lo que sea susceptible de hacer dinero, vale. Y así, niñas de 18 años visten camisetas de los Ramones sin tener ni la más remota idea de qué es eso y se estrena un documental sobre Kurt Cobain en el que la gran aportación parecen las imágenes de vídeos caseros grabadas en la tierna infancia del suicida. Si alguien duda que Pablo Iglesias acabará anunciando Pantene es que no sabe de qué va esto. Y así, un grupo como Drenge ya no es “contestatario” o “rompedor”, sino un ejemplo más de una corriente amortizada, otra, como antes lo fueron el rocanrol, el rock ácido, el punk, el grunge, y todas las que surjan desde aquí al fin de los tiempos. Pero quizá es poner demasiada responsabilidad en la espalda de dos chavales que solo buscan calmar hormonas a guitarrazos. Que hayan elegido acercarse al grunge es meramente coyuntural. Que su esquema sea similar a White Stripes o Black Keys, casual. Y que hayan alcanzado cierto éxito, afortunado. Porque, ya queda dicho, no hay más intención que la musical. Y se agradece. Su segundo disco ‘Undertow’ (Infectious Records / [PIAS] Iberia), mantiene la aceleración, pero por momentos suena más roquero en su acepción clásica como en “We Can Do What We Want”. Algo sorprendente si te quedas en el inicio noventero tan Soundgarden de “Running Wild”. También se apuntan a la evolución impostada del género en plan Foo Fighters en “Favorite Son”. Estas novedades, más o menos, parten del tiempo que han tenido para componer y grabar ‘Undertow’: “Pudimos tomarnos las cosas a nuestro aire, sin presión. Cuatro meses de producción en los que pudimos movernos por la ciudad y ver a muchas bandas en directo, como Hookworms o Blood Sport, lo que nos llenó de energía”, admite Eoin Loveless, guitara y voz. Está claro que sí, energía hay mucha en el disco y en el fondo es lo que cuenta, porque ya hemos dicho que a estas alturas de siglo XXI nadie cree en las intenciones del artista. A ese respecto, es realmente revelador escuchar a Eoin Loveless cuando declara que “en nuestro proceso creativo y de grabación me imagino a nosotros mismos cometiendo un crimen, como robando un banco en Sheffield o algo así. Saltando al coche en marcha y conduciendo hasta un bosque en el que esconderlo. Un lugar en el que nadie pueda encontrarte”. Al menos saben lo que se necesita para triunfar en este sistema: robar un banco.