El Arquitecto, entre la utopía y la maquinaria del Estado

El Arquitecto es una película sobre creación, poder y arquitectura, donde una visión artística choca con la política urbana francesa de los ochenta.

Inspirada en hechos reales, El Arquitecto reconstruye uno de los episodios más singulares de la historia reciente de la arquitectura europea: la creación del Gran Arco de La Défense. Dirigida por Stéphane Demoustier y protagonizada por Claes Bang, Xavier Dolan y Swann Arlaud, la película llega a los cines el 13 de marzo tras su paso por Cannes y Gijón.

El nacimiento de un proyecto monumental

Ambientada en 1983, El Arquitecto sitúa al espectador en el momento en que el nuevo gobierno francés lanza el mayor concurso de arquitectura jamás convocado en el país. Entre estudios consagrados y nombres ilustres, el fallo sorprende a todos: el ganador es Johan Otto von Spreckelsen, un profesor danés prácticamente desconocido fuera de su entorno académico. Hasta entonces, su obra se limitaba a su propia casa y a tres pequeñas capillas. De repente, se convierte en el responsable de un encargo colosal: levantar el Arco de la Defensa de París, uno de los grandes símbolos del proyecto político y cultural de la época.

El Arquitecto, entre la utopía y la maquinaria del Estado

Un pulso entre creación y poder

La película plantea desde el inicio un conflicto central que trasciende la anécdota histórica. Para Spreckelsen, la arquitectura es una cuestión de visión, casi de fe. Para el aparato político y administrativo, el proyecto es también una cuestión de plazos, presupuestos y equilibrios de poder. Ese choque marca el tono del film, que explora con sutileza la frontera entre el compromiso necesario y la renuncia a los principios. El arquitecto descubre pronto que defender su idea implica enfrentarse a un sistema que no siempre entiende —ni comparte— su ideal artístico.

El Arquitecto, entre la utopía y la maquinaria del Estado

Stéphane Demoustier y el cine como mirada arquitectónica

Con El Arquitecto, Stéphane Demoustier firma su quinto largometraje tras títulos como La Chica del Brazalete o Borgo. Su relación con la arquitectura no es casual: durante años realizó trabajos audiovisuales para instituciones como la Cité de l’Architecture, una experiencia que se refleja en la precisión visual del film. Demoustier no busca una reconstrucción fetichista de los años ochenta, sino una evocación justa, capaz de transmitir la escala del proyecto y el clima político y cultural del primer mandato de François Mitterrand, marcado por la ambición de los grandes trabajos públicos.

El Arquitecto, entre la utopía y la maquinaria del Estado

Un reparto al servicio del conflicto

Claes Bang, premiado con el EFA por The Square, encarna a Spreckelsen con una mezcla de rigor, fragilidad y obstinación que sostiene toda la película. A su lado, Xavier Dolan regresa a la gran pantalla interpretando a un alto funcionario brillante y ambicioso, aportando energía y tensión a cada escena. Swann Arlaud, triple ganador del César y reciente protagonista de Anatomía de una caída, completa el trío principal con un personaje clave en el desarrollo técnico del proyecto. El reparto se enriquece además con Michel Fau como François Mitterrand y Sidse Babett Knudsen, cuya presencia aporta un contrapunto íntimo en un universo dominado por figuras masculinas.

El Arquitecto, entre la utopía y la maquinaria del Estado

La dimensión humana del creador

Más allá del relato histórico, El arquitecto se detiene en la figura del creador aislado frente a una maquinaria colectiva. Spreckelsen aparece como un hombre arrancado de su entorno, arrojado a la complejidad parisina, incapaz —o poco dispuesto— a adaptarse a las reglas no escritas del poder. La película observa con atención cómo esa soledad se acentúa a medida que el proyecto avanza y cómo la pérdida de apoyos personales y políticos acaba teniendo un coste emocional profundo.

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Entre la épica y la ironía

Demoustier combina tonos con inteligencia: el film se abre con un aire casi de comedia, marcado por los malentendidos culturales y el choque de estilos, para evolucionar progresivamente hacia una tragedia contenida. La corte política que rodea al presidente se muestra con ironía y cierta ternura, subrayando un sistema de jerarquías y lealtades que resulta tan actual como atemporal.

El Arquitecto, entre la utopía y la maquinaria del Estado

Un estreno marcado por el prestigio

Presentada en la sección Un certain regard del Festival de Cannes y elegida como película de clausura del Festival Internacional de Cine de Gijón, El arquitecto llega a las salas españolas el 13 de marzo distribuida por Lazona. Basada en la novela La Grande Arche de Laurence Cossé y producida por Agat Films – Ex Nihilo y Zentropa, la película invita a reflexionar sobre una pregunta que sigue abierta: ¿hasta dónde puede un creador defender su visión sin perderla en el camino?