
Michael Rider continúa encaminando el ideario de Celine hacia un terreno mucho más relajado y realista; despojado de teatralidad y narrativa accesoria.
Desde que llegó Rider a la dirección de la casa la misión ha sido clara: humanizar y cotidianizar el léxico de Celine. ¿Lo ha logrado? El cambio y la ruptura con la estética cocaine chic de Slimane ya se nota… y trae un refresh bastante necesario. Ahora, para Fall 2026, vemos un armario y una campaña que denota mesura, sofisticación aplicable al día a día y un nuevo sentido de minimalismo intelectual.
Celine Fall 2026. Fotos: cortesía de la maison/ Zoë Ghertner.
Se aligera el tono para la maison
Si hay algo que queda de la regencia de Hedi Slimane como director creativo de Celine es que el look de la maison es edgy y radical; pero Michael Rider está apostando por otra cosa. Sus colecciones inaugurales hicieron un lavado integral de toda la subversión con la que entendíamos este universo y nos está dando una dimensión mucho más interesante de lo que puede o no ser un armario contemporáneo. Muchos le tildan de aburrido; o de demasiado referencial con la era pre-Slimane; pero había que darle una identidad nueva a esta cuestión.

La colección Fall 2026 de Celine es un paso más en esta línea de recodificación y relajación. Y, siguiendo tropos clásicos del léxico, Rider introdujo una idea mucho más humana e intuitiva: la de vestirse por instinto, no por arquetipo. Por eso, esta colección se lee tan ponible y approachable sin perder el heritage ni el ADN. Según las notas de la propia colección, hay una rebelión impecablemente sutil que define este nuevo anti-arquetipo.

Para la campaña, la idea es la misma: intuición por encima de narrativa y arquetipo. El backdrop de la campaña no dice mucho porque no hace falta. Este solo se entiende como el contexto en el cual la ropa cobra sentido y valor dentro del armario planteando una idea refrescada y renovada de chic parisino.

El nuevo Celine no es solo ropa; es mantra de estilo
Si hay algo con lo que nos deberíamos quedar con lo que simboliza la nueva colección de Celine es que hay que vestirse como nos dice la intuición; el instinto. Y a esto hay que sumarle una base material: un fondo de armario indiscutiblemente atemporal y versátil con staples renovados que no tengan demasiada narrativa por encima. Pero también toca hablar de cómo se materializa esta idea en prendas.

La campaña en cuestión pone el foco en esenciales de silueta relajada y aire desenfadado. Por ejemplo, una blazer se presenta ancha y con hombreras promientes; pero sobre una cami blanca. Un pañuelo de seda estampado deja de ser un simple complemento y pasa a ser prenda en un look minimalista de camiseta y pantalón khaki. Las camisas de botones se expanden y deconstruyen para ganar arquitectura y complejidad sin sobrecargar.

Los accesorios también parten de esta idea de no complicarse demasiado. Fiel al heritage de la casa, la campaña destaca los iconos de formato grande de Celine en el icónico monograma; pero también se exploran colorblockings neutrales de cuero. ¿Siluetas más funcionales? Claro; pero acentuadas con un toque de color en su hebilla de C. ¿Calzado? Sandalias y zapatos en piel de construcciones de tiras más experimentales. Y, cerrando los looks, gafas de aire noventero e indiscutiblemente chic.