Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Kavalyo relato y crónica de una práctica arquitectónica aún veinteañera, que supone una mutación en la epidermis del archipiélago arquitectónico valenciano. Un elogio de resistencia, a la activación concatenada de unas arquitectas que apuntan, sin desvíos, a encontrar una tercera noción más allá de los términos de lo posible e imposible.

Me cito con José Pérez Quereda, Helena Jiménez García, Raúl Benages Catalán y Julia Cano Blasco. Ellas son Kavalyo las integrantes de un jovencísimo estudio de arquitectura valenciano fundado en 2019. Ahora, acaban de terminar la obra de su propio espacio de trabajo -compartido-, junto con la editorial Handshake Books y el estudio creativo Tuica. Encapsulados en el tiempo y espacio concreto de Gandia17, Valencia. Se acaban de mudar, y como es previsible, la pequeña reforma; si bien el resultado de ella, ya inserta la trama de sus propios intereses, la actitud con la que empiezan a enfrentar su praxis, denota el feliz descubrimiento de lo que poco a poco va representado, la palabra Kavalyo para todas ellas.

Imagen superior: Peluquería en Alboraya

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Proyecto para Europan15

Hace algún tiempo en 1979, la banda norirlandesa The Undertones, lanzaba el sencillo “Teenage Kicks”, evocando aquellos sueños adolescentes previos a la mañana de un futuro abolido. Su melodía comprime y abarca un espíritu joven demasiado deseable, donde todo parece posible y nada es impensable. Aquel espectro de resistencia armónico, de vertiente lúdica – casi eufórica -, que celebra la amistad, la unión y el sentido de pertenencia, ilustra sin equívocos la práctica arquitectónica inaugural de Kavalyo.

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Espacio Gandia17

Kavalyo, pertenece a esa generación enmarcada en un escenario siempre cambiante, donde la vida cotidiana navega entre la incertidumbre y la inestabilidad, erosionando las ilusiones y la empatía de un cuerpo social, cicatrizado por la precariedad. Pero incluso, en ese ecosistema de angustias, existen – y persisten -, las paradojas potenciales que invitan a reivindicar una actitud de guerrilla que, como en la canción de los Undertones, se festeje la amistad.

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Peluquería en Alboraya

No se me ocurre nada más respetuoso para introducir a este grupo de jóvenes arquitectas que el vínculo tangible que las une. Un grupo de recién licenciadas de la Escuela de Arquitectura de Valencia, basado en el optimismo inherente a como enfrentan su práctica arquitectónica: un deseo de hablar, proyectar y dibujar, las cosas que les interesan y las mueven, disfrutando de estar juntas. Ese marco proyectual y de pensamiento – en tensión – y conflicto permanente, a la hora de accionarse y definirse, recuerdan a la sentencia de los arquitectos italianos del Gruppo 9999, cuando afirmaban que “el único proyecto, era el proyecto sus vidas y sus relaciones para con los demás”.

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Peluquería en Alboraya

Bajo este prisma, en Kavalyo, empezaron compartiendo su entusiasmo por los delirios especulativos, las referencias teóricas y sus consiguientes formas de representación; gestos e impulsos que las llevaron a concurrir en diversos concursos de arquitectura. Primeros testeos presentados como una cronología de arquitecturas endebles: una pequeña pieza de mirador en las estribaciones de una cordillera noruega; la puesta en escena de un cuestionamiento del narcisismo infraestructural, mediante el juego entre una plataforma y un pequeño croma. Un anhelo de intangibles que recuerda a los mejores juegos ilusorios entre Kerten Geers y Bas Princen.

Lo volvieron a intentar con una propuesta fallida para un lote de vehículos en Minato, Tokio, donde matizaban su retórica abstracta, con un cuerpo rotundo, y una sugestiva velada distorsión formal, propia de los ovnis aterrizados de Levete y Kaplicky, las utopías flexibles de Haus Rucker-Co o los californianos Ant Farm.

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Tokyo Parking Tower

Kavalyo siguió intentándolo con más arquitectura – aprender haciendo -, donde vitalismo, sensualidad, apertura y experimentación no quedaron atrás: una propuesta de vivienda colectiva que invitaba a romper la estrechez de parcela en el corazón del manhattismo; seguido de un artilugio de geometrías orgánicas en madera, que ensamblaba el paisaje logroñés con pequeñas miniaturas de bosques sonoros. Un deleite por aquello que no se puede definir con precisión.

Más tarde y hasta la fecha, tras su última incursión en las espesas aguas de los concursos de arquitectura, conjugaban una interesante reflexión sobre la noción patrimonial, en el contexto del Europan 15. La idea de memoria alejada del recuerdo y brindada – por fin – a la experiencia. Una crítica mordaz a la matriz definitoria del valor patrimonial que, construye una memoria colectiva interesada y operativa, empaquetando una tradición y notificando unos valores para definirlos como universalmente válidos. Un problema histórico que, a todas luces, la arquitectura ha pasado por alto.

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Peluquería en Alboraya

Sin embargo, a falta de aquellos concursos y encargos públicos que animaron la práctica disciplinar en el ocaso del siglo XX, las primeras andaduras de Kavalyo, se han visto truncadas en asumir pequeños encargos privados, que acarrean una relación directa con las complejidades que demandan los límites presupuestarios, el anacronismo de ciertas ordenanzas, los experimentos y soluciones constructivas low-tech, económicamente factibles, y por supuesto, bregar con la fragilidad de los mismos encargos. Preceptos que secundan la expansión y validación cultural de la compresión de la arquitectura, como una disciplina basada en dos coordenadas: la especulación formal y el ahorro de costos. Los mismos centros de polarización previos a la debacle del 2008. Una tergiversación de valores que se basa en el dilema entre supervivencia o extinción, impidiendo soluciones integrales e impostergables.

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Diseño del mobiliario para Peluquería en Alboraya

En este sentido, la sensibilidad de Kavalyo, es una búsqueda generacional de una forma alternativa de práctica arquitectónica, basada en la experiencia de reivindicar la obra – sin desvíos – como ecosistema creativo, y que se vería recompensada el 7 de octubre de 2019, cuando inauguraban su primera arquitectura construida, a partir de tres materiales elementales – pino, policarbonato y textil -. Una peluquería emplazada en Alboraia, Valencia.

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Estudio de fotografía y sala de exposiciones en el barrio de Ciutat Vella, Valencia

Allí las pocas decisiones, se basaron en aclarar una estancia oscura, indagando en el panóptico interior. Quizá, y con efecto inmediato de las restricciones de partida, decidieron de manera hábil (y nada usual en este tipo de comercios), colocar los tocadores junto con los ocho espejos ligeros, en una isla en el centro la planta, configurando espacialmente el resto de la planta a través de un perímetro de policarbonato destinado a almacenaje de útiles. En consonancia, una última operación: la colocación de una tela holográfica donde nada es más veraz que lo inventado; la luz, al distorsionarse y rebotar, escenificó un Edén sintético, una bolsa de aire que terminó por transformar las geometrías del espacio.

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Estudio de fotografía y sala de exposiciones en el barrio de Ciutat Vella, Valencia

La historia de Kavalyo prosigue; una nueva ampliación de su campo de acción. Una intervención para un estudio de fotografía y sala de exposiciones en el barrio de Ciutat Vella, Valencia, al que, en esta genealogía y familia de proyectos, le acompaña la transformación de su también recientemente inaugurado espacio de trabajo en Gandia 17, Valencia. Semillas del porvenir, curvas optimistas, mesas que parecen un campo de juego de reglas desconocidas, extensiones del suelo que recuerdan a los nodos dislocados de las arquitecturas mirallescas – replegadas sobre sí mismas-, y que, despojan a todo visitante de sus costumbres. La subversión del juego y las planimetrías divertidas.

En su primer verso, la canción de los Undertones nos interpela preguntándonos: “Are teenage dreams so hard to beat?” Parece llegar justo a tiempo una reflexión final.

 

Todas las integrantes – presentes y pasadas – de Kavalyo, se conocieron y forjaron su amistad en la escuela de arquitectura. Parafraseando a Josep Quetglas: la escuela debería haberles enseñado aquello que ya no se hace y lo que aún no se hace. Nunca lo que se hace.

De eso ya se está encargando la realidad y el mercado; estos últimos, solamente adiestran y conforman. Esta es la condición para que quienes aprenden no sean autómatas de la realidad, sino sus transformadoras, oponiéndose a la realidad del mundo que las rodea. La escuela comienza oponiéndose a la realidad de quienes aprenden, de quienes no saben, siempre con la alternativa de la superación.

Todo lo que no sea puramente afectivo deviene insignificante al tratar de catalizar algún cambio. Kavalyo y sus constelaciones, tienen sus conflictos, titubeos y ansiedades, pero es importante subrayar que, hoy, incluso cuando el futuro es el tema de discusión, su practica y filiaciones más profundas se orientan en aprender. Sentir crecer las capacidades propias, ser conscientes del descubrimiento de nuevas habilidades, dejar de depender, desprenderse de la escuela. Defender la disconformidad. Ganar autonomía y autosuficiencia juntas.

Kavalyo, una taxidermia para una arquitectura palpitante

Imagen superior: Espacio Gandia17

 

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Kavalyo
Calle Gandía 17, 46007 Valencia.
Fotografías de Craig Robert (@robert_disseny)

+ www.kavalyo.com
IG: @kavalyo.kavalyo