Margherita Moscardini. Las Fuentes de Za’atari

La Collección Maramotti es una colección de arte contemporáneo localizada en la ciudad norte italiana de Reggio Emilia. La colección fue creada en los años 1950 por Achille Maramotti, fundador de la célebre firma de moda Max Mara. La sede de la colección coge exposiciones temporales en la antigua sala de patronaje. En este momento se exhibe Las Fuentes de Za’atari de la artista italiana Margherita Moscardini (1981). La muestra, que puede ser visitada hasta el 28 de julio, contiene dibujos, escritos, maquetas y video-documentos, todo resultado de la investigación de Moscardini sobre el campo de refugiados sirio Za’atari en Jordania, como espacio urbano permanente. Formando parte del proyecto, se ha instalado la primera fuente pública en territorio europeo con condiciones extraterritoriales. Tuve el placer de visitar la exhibición, la fuente, y hablar con Margherita sobre campos de refugiados, sobre la condición de apátrida, sobre modelos urbanos y por supuesto sobre su práctica artística.

María Muñoz: Has desarrollado el proyecto de Las Fuentes de Za’atari durante más de cuatro años, comenzaste en el 2015. El tema de los refugiados es un tema muy complejo sin lugar a dudas, ¿cómo has estructurado la investigación desde el principio y como has proseguido durante todo este tiempo?

Margherita Moscardini: Durante dos años leí y me documenté sobre el campo de refugiados sirios Za’atari, establecido en Jordania. Luego, gracias a Kilian Kleinschmidt, ex director del campo, avancé con mi idea de hacer un inventario de los patios —dentro de las casas o tiendas— que contenían una fuente construida por residentes. El objetivo era crear un sistema de adquisiciones de los diferentes modelos de fuentes, de modo que se pudiesen comprar en ciudades o instituciones europeas para ser reproducidas como esculturas pensadas para espacios públicos. Los diseñadores originales, es decir, los refugiados, recibirían royalties (o regalías en castellano: pagos que se deben dar al poseedor de derechos de autor de un producto a cambio de su explotación). Además, la idea es hacer las fuentes europeas participes de un iter jurídico capaz de convertir las esculturas en espacios donde se aplican todas las inmunidades de las que gozan los sitios diplomáticos, y en perspectiva, mi voluntad es que esos espacios sean como alta mar, sin sometimiento a la soberanía de ningún estado.

En 2017 pude por fin planificar mis viajes a Jordania. El primero tenía como objetivo observar el campamento desde la perspectiva de los residentes. Durante el segundo, en 2018, traté de entender el campamento desde la perspectiva de los gerentes que lo dirigen y los ingenieros que lo construyen. Con la ayuda de la periodista Marta Bellingreri, especialista en Oriente Medio y el mundo árabe, hicimos entrevistas y comenzamos a trabajar con un grupo de residentes. En un momento dado, aceptaron realizar el inventario de los patios de forma autónoma, con comisión, y bajo la dirección del ingeniero Al Nabilsi. En el verano de 2018, los primeros resultados se exhibieron en la Fondazione Pastificio Cerere en Roma. Entre 2018 y 2019, el proyecto se desarrolló aún más gracias a la financiación de la Colección Maramotti, con la que se pudo avanzar en la investigación jurídica, dando como resultado una publicación —herramienta comercial y jurídica, que ahora es el núcleo del proyecto—. Además se adquirió el primer modelo de patio como escultura, una fuente pública, que como presenciaste se ha instalado en el parque Alcide Cervi en Reggio Emilia. Al principio, los resultados eran impredecibles. Con el tiempo, ha ido ganando interlocutores, colaboradores y simpatizantes que progresivamente lo han hecho posible. Hoy, después de cuatro años, podemos decir que el proyecto se ha activado completamente como un dispositivo, siguiendo sus propias premisas.

Margherita Moscardini. Las Fuentes de Za’atariMargherita Moscardini. Las Fuentes de Za’atari Margherita Moscardini. Las Fuentes de Za’atari Margherita Moscardini. Las Fuentes de Za’atari

Vista expo The Fountains of Za’atari. Collezione Maramotti, 2019 Ph. Andrea Rossetti

María Muñoz: Además, el proyecto se define como un proyecto multidimensional. En la jerga artística se usa multimedia, multimedial, etc. pero nunca he oido un término referente a la dimensión, ¿qué quieres decir exactamente con multidimensional?

Margherita Moscardini: No he sido yo personalmente quién ha definido la exposición como “multidimensional”, pero es correcto porque Las Fuentes de Za’atari atraviesan diferentes dimensiones: plástica, urbana, jurídica, política.

María Muñoz: Entiendo, entonces ¿tu interés proviene primero de la crisis de refugiados o de la temporalidad/caducidad de ciertos espacios urbanos que inicialmente se piensan para existir por un corto periodo de tiempo pero finalmente permanecen como parte del paisaje urbano? Desde el comienzo de la era moderna, han aparecido construcciones y materiales temporales, especialmente relacionados con los espacios de exhibición, por ejemplo, para las exposiciones universales se crearon muchos edificios y se urbanizaron áreas que luego se mantuvieron, tenemos varios ejemplos en Europa y en España en concreto. ¿Como comenzó la investigación sobre campos de refugiados como espacios urbanos?

Margherita Moscardini: Entre 2015 y 2016, mis intereses sobre como cambian las ciudades, se conectaron espontáneamente con la emergencias actuales: desde la crisis de refugiados hasta la crisis europea del estado-nación. La destrucción de Siria y la diáspora siria expresan la insuficiencia de nuestro modelo de ciudadanía y la posibilidad de imaginar uno nuevo, basado en la condición de apátrida, que trata directamente con la ciudad en lugar de la territorialidad nacional. En ese momento tuve la oportunidad de atender como oyente a una clase universitaria titulada Arquitectura, Derechos Humanos y Política Espacial, donde se leía a Hannah Arendt, Giorgio Agamben, y literatura sobre campamentos y arquitectura de emergencia.

Cuando descubrí Za’atari, no solo descubrí una ciudad que creció y creció en el desierto en unos pocos meses, sino también las ideas y propuestas de muchos expertos convencidos de que los campamentos deben repensarse como ciudades duraderas. La crisis de refugiados puede ser una oportunidad para crear modelos urbanos con virtud de ser exportados, donde se puede experimentar con nuevos sistemas y tecnologías en términos de salud, educación, entorno construido, comercio y gobierno. Cada época histórica ha ofrecido su propio modelo urbano, si la movilidad y el desplazamiento forzado son el paradigma de la actualidad, porqué no plantearse el tema de que los campos de refugiados puedan convertirse en las ciudades del futuro, así como en nuevos modelos de ciudadanía.

María Muñoz: El campo de refugiados de Za’atari se encuentra en una zona semidesértica del norte de Jordania y se fundó en 2012 para albergar a sirios. En la hoja de sala se lee que en 2014 su población alcanzó los 150.000 habitantes, convirtiéndolo en el segundo campamento de refugiados más grande del mundo. De acuerdo con Raptim —especialistas en ayuda humanitaria— y su estudio fechado en junio de 2018, Za’atari estaría entre el 4º y el 5º puesto después de (siempre) campos en India, los subsaharianos y los palestinos… Me pregunto porqué los campamentos palestinos, —algunos de los cuáles duran ya más de 50 años— no aglutinan el interés internacional, ni siquiera en la parte crítica de la escena artística, o si lo hacen es de forma mínima.

Margherita Moscardini: Bueno, yo uso referencias oficiales de ACNUR. Pero por supuesto, los datos (y las ciudades) cambian rápidamente. En Medio Oriente, muchos artistas están preocupados y trabajan sobre los campamentos palestinos. Hay obras importantes de Alessandro Petti y Sandi Hilal, por ejemplo, o del colectivo Arini en Jordania. Personalmente creo que los campos palestinos son el verdadero paradigma de la actualidad, pero no tengo experiencia en Palestina, todavía no…. El asunto sería, ¿por qué las instituciones de arte occidentales no nutren el debate sobre los campos palestinos? La cuestión israelí-palestina es inconveniente y manifiesta la insuficiencia de la nación-estado moderna. Para la comunidad internacional, abordar el problema de manera adecuada significa reconocer que una posible resolución significaría poner en práctica otro paradigma político basado ya no en la división territorial de los estados sino en un modelo de ciudadanía que supera la nacionalidad y la soberanía territorial.

María Muñoz: Si es un tema “muy escabroso”, con muchas implicaciones políticas y económicas. Pero volvamos a Za’atari, otro hecho interesante es que a pesar de las precarias construcciones y debido a la horizontalidad, en solo cinco años, Za’atari se ha convertido en la cuarta ciudad más grande de Jordania en términos de área, ¡qué contradicción!, ¿no?

Margherita Moscardini: Cuando miles de personas se ven obligadas a huir por la guerra y se canalizan a través de una frontera precisa, se detienen donde encuentran refugio y comienzan a crear una comunidad —con o sin la ayuda de la ONU y los gobiernos—. Por ejemplo, hay dos campamentos en Bern (área desmilitarizada y tierra de nadie entre Jordania y la frontera oriental de Siria). El más grande se llama Rukban, no tiene infraestructuras ni instalaciones como Za’atari, y su población es de 77.500. Estamos acostumbrados a pensar que la constitución de una ciudad es un proceso lento, que dura décadas, siglos, Za’atari es un caso donde este proceso se acelera. La verdadera contradicción en Za’atari no es su tamaño, sino el hecho de que es un barrio pobre y una ciudad al mismo tiempo. Es una ciudad que, debido a una temporalidad forzada, puede perder la oportunidad de convertirse en modelo urbano.

Margherita Moscardini. Las Fuentes de Za’atari Margherita Moscardini. Las Fuentes de Za’atari

Inventory. The Fountains of Za’atari, 2018, fotograma. Courtesy Fondazione Pastificio Cerere, Roma © the artist.

María Muñoz: Me refería a que algo precario y temporal se convierta en la cuarta ciudad de un país como Jordania. Entre las muchas cosas que probablemente han construido en más de seis años, ¿por qué te interesaste en las fuentes? ¿Qué significan simbólicamente?

Margherita Moscardini: Al principio, no tenía interés particular en las fuentes, pero para ellos expresan la necesidad de sentir y construir un hogar. Incluso pensando que cada residente quiere volver a Siria en un momento dado, mientras viven en el campo tienen derecho a sentirse como en casa. Muy al principio, en Za’atari, los refugiados recibían tiendas de campaña donde se alojaba toda la familia. Luego las carpas fueron reemplazadas por caravanas. En un momento dado, las familias comenzaron a mover y juntar las caravanas alrededor de un vacío reproduciendo el modelo de casa con patio tradicional árabe.

Los patios con fuente tienen muchos significados. Primero, expresan la necesidad de permanencia, los patios se construyen de cemento, a pesar de que el uso de dicho material está prohibido dentro del campamento —por aquello de la temporalidad—. En segundo lugar, son elementos centrales de la arquitectura tradicional árabe, un espacio semi público que conecta la dimensión privada de la casa con la ciudad, el mundo. Tradicionalmente, tienen varias funciones: son dispositivos climáticos; lugares que reflejan preceptos religiosos y hábitos culturales; o son plazas privadas, donde por la noche la familia se reúne con los invitados. Así pues, los patios son los monumentos privados de la ciudad de Za’atari, y es la clave que he usado para narrar el campamento. El patio también es un vacío, que en la Jerusalén bíblica, por ejemplo, expresó otro modelo de ciudadanía: ser extranjeros y residentes al mismo tiempo, a diferencia de la nación-estado moderna, basada en el principio de territorialidad. En tercer lugar, también son esculturas. Al ser construidos por los propios residentes, contemplé la posibilidad de usar los patios con fuente como modelos para venderlos y reproducirlos como esculturas a nivel internacional, calificar al residente sirio como diseñador y dirigir los beneficios a implementar el sistema económico del campo. Finalmente, reproducir los patios a escala 1:1 en Europa como esculturas con jurisdicción especial, significa materializar ese vacío en términos jurídicos, significa materializar la condición de apátrida y los principios de una idea diferente de ciudadanía.

María Muñoz: ¡Fuentes apátridas!, excelente. Otro punto importante en tu proyecto es la conexión con Kilian Kleinschmidt, quién además de administrar Za’atari en el pasado, ahora está involucrado en varios proyectos cuyo objetivo es conectar los avances tecnológicos y científicos con las necesidades de las personas desfavorecidas. Estuve hablando con él durante la inauguración y, según él, Za’atari es un lugar donde se invirtieron muchos recursos, tecnología experimental e instalaciones avanzadas para suministros energéticos. De este modo Za’atari, a diferencia de otros campos de refugiados, se ha convertido en un laboratorio de sostenibilidad, construcción experimental y uso de nuevos materiales. Kleinschmidt señala que uno de los problemas principales en los campos de refugiados en todo el mundo es que el garantizar los recursos esenciales como agua corriente, alimentos y electricidad ya no es suficiente para que la vida fluya, dice que se necesitan estructuras avanzadas de interacción social, como comercio, religión, deporte o cultura. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Margherita Moscardini: ¡Por supuesto!, no soy un experta en campos de refugiados, pero tiene todo el sentido que tras la fase de emergencia que proporciona las necesidades básicas, más adelante, la comunidad, como ciudad, pueda planificar y construir su propio futuro con educación, trabajo, negocios y construcciones apropiadas … a pesar de que la voluntad general sea volver al país de origen —en este caso Siria— algún día.

María Muñoz: La idea de retorno también me viene a la cabeza, precisamente le pregunté a Kleinschmidt si en base a su experiencia en el manejo de campos de refugiados, los habitantes querían regresar a sus países de origen después de que el conflicto terminase. Él dijo claramente que no, al menos la mayoría. ¿Qué pasa con esta idea de hogar? ¿No está el hogar dentro de nosotros mismos, y de los objetos con los que nos rodeamos, incluyendo obras de arte?

Margherita Moscardini: En Za’atari la mayoría de los residentes esperan regresar a Siria siempre y cuando se pueda estar a salvo. El año pasado, todos los días, al menos una familia abandonó el campamento para regresar. Creo que hogar es donde puedes defender lo que amas.

María Muñoz: Una de las razones principales por las que hacemos esta entrevista, como comentamos al principio, es la exposición temporal en la sede de la Collezione Maramotti, así que pasamos ya a la resolución artística del proyecto. La muestra presenta documentación, videos y dibujos. En mi opinión, el display da una buena visión del proyecto total. ¿Puedes explicar la configuración de la muestra?

Margherita Moscardini: La exhibición está concebida como un show room. En una pared, hay un mapa de Za’atari reproducido a través de la técnica spolvero, como pigmento se usa el polvo importado de la región de Mafraq. En el mapa hay números que corresponden a la localización de los patios con las fuentes catalogadas. A lo largo de la pared principal se presentan los dibujos de dichas fuentes y patios, es un dispositivo comercial, cada dibujo está etiquetado con nombre del autor y del patio con fuente. Luego hay un video-documental filmado en Jordania entre 2017 y 2018, que muestra vistas aéreas y panorámicas del campo. Los subtítulos describen todo el proyecto desde el principio hasta los últimos resultados. En una mesa se muestran los materiales de la investigación: documentos originales, dibujos y mis libros, que se comparten con el público para comunicar que la exposición no es un paso final, sino una plataforma de lanzamiento del proyecto.

Margherita Moscardini. Las Fuentes de Za’atari Margherita Moscardini. Las Fuentes de Za’atari

Mahallat el-Ghouta 94, Block 8, District 4, 2019. Fuente de mármol. Parque Alcide Cervi, Reggio Emilia. Collezione Maramotti Ph. Andrea Rossetti.

María Muñoz: Respecto al video, ¿no temes caer en el tema de la estetización de la precariedad, la pobreza o incluso la estetización de la guerra y los conflictos, tan común en los circuitos artísticos?

Margherita Moscardini: No en absoluto, el video-documento es la única imagen del campamento que he decidido mostrar. El campamento está filmado desde una perspectiva urbana y es un modo de mostrar al público de qué estamos hablando.

María Muñoz: He leído que has diseñado varios trabajos para espacios públicos italianos, muchos de los cuáles nunca se implementaron. ¿Es la relación entre lo público y lo privado uno de los temas principales de tu práctica artística?

Margherita Moscardini: Me interesan las potencialidades de los vacíos urbanos, que a menudo son espacios públicos dentro de nuestras ciudades.

María Muñoz: Y esto nos lleva al tercer elemento de la exposición, una fuente escultórica permanente ubicada en uno de los parques públicos de Reggio Emilia. ¿Es tu primera escultura pública permanente? ¿Por qué seleccionaste esa fuente en particular?

Margherita Moscardini: Ese modelo es uno de los más sencillos de construir.

María Muñoz: Acerca de la extraterritorialidad y los conceptos de apátrida, no sé si conoces la obra de la artista Nuria Güell. Nuria tiene un corpus de trabajo muy importante sobre estos temas. Uno de sus proyectos era renunciar a la nacionalidad española y convertirse ella misma en apátrida aunque parece que hoy por hoy no es posible ser apátrida —parece que puedes renunciar a tu ciudadanía pero necesitas adoptar otra— … No sé cómo es la implicación legal de un objeto, ¿la fuente instalada en Reggio Emilia pretende ser el primer “trozo de tierra” sin estado en Europa?

Margherita Moscardini: Comparto parte de las preocupaciones de Nuria Güell. La ley es una suma de convenciones y, en mi caso, como punto de partida, elegimos continuar con las inmunidades. Mis colaboradores no encontraron ningún precedente, pero no buscamos la primacía, si se descubren casos similares en el mundo, estaremos encantados de aprovecharlos para seguir con el objetivo, construir espacios que no puedan ser sometidos a la soberanía de ningún estado.

María Muñoz: Y, dejando de lado el simbolismo, ¿pueden concederse todas las inmunidades diplomáticas a un objeto? Si es así, ¿con qué propósito?

Margherita Moscardini: Siempre dejo el simbolismo a un lado. El símbolo pertenece al arte como la biografía pertenece a cualquier autor. Nuestro proceso es continuo y delicado. Como digo, el propósito es generar un espacio que no pueda ser sometido a la soberanía de ningún estado. Yo misma me ocuparé de mantenerte informada.

María Muñoz: Para terminar y pensando en el sistema del arte en sí, especialmente en occidente. Estoy segura de que hay un espacio donde el arte puede encontrar un compromiso para actuar y ser consciente de su propio tiempo. En tu caso, el arte es el vehículo a través del cuál muchos conocen estos temas y problemas. ¿Qué opinas del papel del arte, debería ser ético antes que estético?

Margherita Moscardini: El arte tiene que expresar las emergencias de su tiempo. Tiene que sufrir su tiempo adecuadamente para poder imaginar y construir nuevos tiempos. De modo pragmático, creo que hoy más que nunca, el arte tiene que dejar de referirse a sí mismo y actuar como un dispositivo. Eso no significa que tenga que sacrificar sus formas y sus contenidos, o ser más ético, y menos malo, desobediente, o peligroso. Entonces no sería arte. Más bien, tiene que ser todo esto a la vez, para volver a ser un gran proyecto.

María Muñoz: Y finalmente, ¿cómo te posicionas frente al mercado del arte?

Margherita Moscardini: Lo uso como una herramienta para financiar una parte de mi trabajo, así como para vivir, porque en mi caso el arte también es un trabajo. Sin embargo, creo que hay obras de arte que deben superar al mercado del arte. Las Fuentes de Za’atari es una de éstas, mediante una herramienta comercial que utiliza los canales del mercado del arte se implementa la economía del campo Za’atari. Yo, como autora, no lo comercializo, hasta ahora ha sido financiado por el Ministerio de Patrimonio y Actividades Culturales de Italia y por la Colección Maramotti.

Texto: María Muñoz
Imágenes obras: Cortesía Collezione Maramotti y Fondazione Pastificio Cerere, Roma.
Retrato de Margherita Moscardini: Bruno Cattani (c) Foto Superstudio