
Entrevistamos a la cineasta argentina Milagros Mumenthaler sobre su nueva película Las Corrientes: “No tenemos respuestas tan claras sobre lo que somos”. El 8 de julio estreno en cines.
Las Corrientes sigue a Lina, una diseñadora de moda de éxito que, tras recibir un premio en Ginebra, se arroja al río y regresa a Buenos Aires sin poder explicarse del todo lo sucedido. A partir de esa desconcertante imagen inicial, el tercer largometraje de Milagros Mumenthaler despliega el retrato de una mujer en crisis que, cuando parece haberlo conseguido todo, empieza a sentirse una extraña en su propia vida.
Tras su paso por San Sebastián, Toronto y Nueva York, el film llega el 8 de julio a los cines españoles como una de sus obras más complejas y sensoriales, atravesada por referencias artísticas y cinematográficas. Hablamos con la cineasta argentina sobre la memoria del cuerpo, la posibilidad de romper con la herencia familiar y las crisis existenciales que afloran cuando menos lo esperamos.
Milagros Mumenthaler. Cortesía de Atalante Cinema.
Las Corrientes parte de una escena impactante: una mujer que, tras recibir un premio en Ginebra, se arroja al río de forma repentina. ¿La película nació de esa imagen?
Milagros Mumenthaler: Sí. Yo estaba en Suiza, paseando un día de invierno junto al río, y de pronto imaginé a una mujer que se arrojaba al agua helada. Esa imagen me abrió muchísimas preguntas: quién era, qué le pasaba, de dónde venía, si tenía madre, si tenía una familia. Pero, sobre todo, había una pregunta importante: si ese gesto era un acto consciente o inconsciente.
Desde el principio tomé la decisión de que fuera inconsciente. Me interesaba mucho la idea de que el cuerpo tiene memoria y de que, a veces, puede manifestarse para decir algo que la mente no puede procesar. Eso traía también la noción de trauma, de pasado, de huellas. Yo suelo trabajar con la historia previa de los personajes, con cómo esa historia deja marcas en el presente. En Lina hay algo de eso, un personaje que se va poniendo capas, que vive en la negación, hasta que de repente el cuerpo habla.
Fotograma de Las Corrientes. Cortesía de Atalante Cinema.
El diseño de sonido es fundamental para acercarnos al estado perceptivo de Lina. Hay sonidos que parecen perseguirla e hipnotizarla: un músico tocando los timbales durante la crisis que sufre en un shooting, el taladro frente a la tienda de la modista, la lluvia, el ritmo de la máquina de coser. ¿Cómo trabajaste esa dimensión sonora?
Milagros Mumenthaler: Para mí el sonido ya está trabajando desde la primera escena, cuando vemos a Lina a través de un vidrio. Ahí aparece algo que ella escucha y que quizás el resto de la sala no: un sonido metálico, una suciedad de la ventilación. Desde ese momento me interesaba pensar qué percibe ella, dónde pone el oído, además de dónde pone la mirada.
También en la secuencia de créditos, con ese sonido de respiración y esas imágenes rojas, ya estamos en un estado interno de Lina. La película trabaja desde su percepción; no se trata solo de contar lo que ocurre objetivamente, sino de entrar en lo que ella oye, en lo que la afecta. En el caso de los timbales, hay algo en ese ritmo que le recuerda a la máquina de coser de la madre; de algún modo, todos los caminos llevan hacia esa figura o hacia algo que Lina tiene que resolver ahí.
Fotograma de Las Corrientes. Cortesía de Atalante Cinema.
Lina se ha reinventado socialmente, trabaja en el mundo de la moda, pertenece a un entorno sofisticado, pero no termina de pertenecer del todo a ningún lugar. Viendo la película pensaba en La Mujer Helada, de Annie Ernaux, y en esa sensación de quedarse atrapada en un limbo, entre la promesa de ascenso social y la pérdida de una parte de una misma. ¿Te interesaba trabajar el desclasamiento como componente fundamental de su crisis?
Milagros Mumenthaler: Sí, creo que en Lina hay una crisis del lugar de pertenencia. Es una mujer desplazada, con una infancia marcada por el abandono y por una madre con una carencia muy fuerte. Cuando hay carencia, la vida te pone a prueba de otra manera. Si una persona crece en un entorno donde todo fluye, se mueve con más seguridad en el mundo.
Yo siento que Lina siempre estuvo en el esfuerzo: por pertenecer, por triunfar, por alcanzar algo, como si le debiera algo a alguien. Y eso, en un determinado momento de su vida, se le vuelve en su contra. Empieza a mirar con distancia las decisiones que fue tomando y ya no sabe cuánto se reconoce en ellas. Hay algo de esa búsqueda de pertenencia que se resquebraja, porque Lina ha construido una vida, pero no necesariamente un lugar propio en ella.
Póster de Las Corrientes. Cortesía de Atalante Cinema.
Las Corrientes conecta con una genealogía de protagonistas del cine moderno atravesadas por la alienación y la crisis existencial: desde Gena Rowlands en A Woman Under the Influence, de John Cassavetes, o Anna en Les Rendez-vous d’Anna, de Chantal Akerman, hasta figuras más recientes como las de Melancholia, de Lars von Trier, o The Lost Daughter, de Maggie Gyllenhaal. Mujeres que parecen haber llegado a un impasse, incluso después de ciertos avances sociales o feministas. ¿Sientes que Lina dialoga con esa tradición?
Milagros Mumenthaler: Me parece interesante pensarlo así. Creo que durante mucho tiempo las representaciones fueron construidas desde una mirada masculina, pero ahora empiezan a surgir otros lugares desde los que pensar. Quizás, si esas miradas hubieran existido antes, también habríamos visto antes este tipo de crisis existenciales en personajes femeninos, pero desde otros puntos de vista.
En Lina hay algo de haber cumplido con muchos objetivos que se había dado o que le habían impuesto. Tiene 35 años, recibe un premio de reconocimiento a su carrera, es madre, tiene marido, tiene una vida armada y, entonces, aparece esa pregunta: ¿y ahora qué? El éxito profesional, una hija y una pareja no necesariamente resuelven una vida.
También me parece importante no pensar a Lina solo desde un diagnóstico o una explicación cerrada. La película la acompaña en ese estado que atraviesa y que tiene que ver con la maternidad, con la clase, con la historia familiar, con la época y con las decisiones que fue tomando.
La visita a la madre parece uno de los grandes núcleos emocionales de la película. Lina vuelve después de años de ausencia, pero no encuentra una resolución clara a aquello que las distanció. ¿Qué descubre de sí misma en ese regreso al hogar materno?
Milagros Mumenthaler: Creo que la revelación, para ella, tiene más que ver con su propia maternidad que con su madre. Allí encuentra algo en relación con su hija. Aunque hay en Lina un impulso casi epidérmico de irse de ese entorno, de esa vida que eligió, hay algo en su propia maternidad, en su hija, que la mantiene ahí. La visita a su madre no resuelve el pasado, pero le confirma algo: la necesidad de no repetir la misma cadena de abandono. Lina entiende que quizá puede reparar algo de su herida en el vínculo con su propia hija.
Fotograma de Las Corrientes. Cortesía de Atalante Cinema.
En ese sentido, Las Corrientes parece preguntarse quién cuida a las mujeres que cuidan, dónde pueden descansar las madres cuando algo se quiebra en ellas. ¿Te interesaba dejar abierta esa pregunta sobre la sororidad, el cuidado y la posibilidad de reparación?
Milagros Mumenthaler: Sí, aunque Lina no va a la casa a cuidar de su madre: acude buscando, quizás, una reparación o cierto confort al volver a su habitación, pero la frustración sigue. En ese momento, sabe que no va a cambiar a su madre, que el trabajo lo tiene que hacer ella, aunque en la película todavía no lo hace del todo.
Pero sí hay un movimiento: una necesidad de volver a mirar eso que había dejado atrás. Y en ese gesto, aunque sea incompleto, aparece la posibilidad de no repetir exactamente la misma cadena. La película no cierra esa pregunta; la deja abierta, porque tampoco creo que las personas tengamos respuestas tan claras sobre lo que somos, sobre lo que heredamos o sobre cómo reparamos lo que nos pasó.