Una Antorcha helada de Felicidad por Miguel A. Palomo

¿Hay alguien ahí? Me dirijo al mundo exterior desde mi casa, menudo soy, convertida como la de cada cual en búnker de la esperanza –o desesperación, según toque— sobre el que hemos aprendido ya a mirar con visión de rayos X a través de un muro acorazado de dudas.

No se me cae el optimismo, queda claro. Pero como currito de alquiler sé lo que es aferrarme a mi escaño de cuatro paredes. Resistir y valorar la resistencia ajena. Sin cantar la maldita canción siquiera. Como lo hace esta revista, que de aguantar el tipo y salir airosa sabe un rato. Más que de sonidos y danzas urbanas, que ya es decir. Pero aquí hemos venido a hablar de tortilla de patatas, copas heladas y actualidad gastronómica. Hablemos, comamos y bebamos, que esta ronda la pago yo.

Imagen superior: Polémica preparación de Saray, una concursante de Masterchef

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Imagen superior: un plato de Andoni Luis Aduriz publicado en un número de Neo2 donde él fue nuestro Guest Creative invitado

¿Qué ha pasado hasta hoy desde que el bicho nos sacara a patadas del bar? Antes de responder, un chupito por el último de los bares en el que estuvimos a.C.. El mío fue el Savas, un encantador garito del barrio de Lavapiés regentado por Gintas y Dovi, todavía más encantadores que lituanos. Pienso en su Negroni Nórdico, en su Margarita con mezcal o en su Bourbon Punch a base de ginger beer casero y me tiemblan las canillas. No son agujetas, lo juro, que no salgo a correr ni por el pasillo. Es la nostalgia, que estos días es gasolina para que los anhelos acaben frustrados. Lo dicho, soy una fiesta.

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Imagen superior: Rollitos del restaurante Nakeima

Recopilemos asuntos, que de ello iba. Hemos perpetrado pan, aunque sigamos sin bajar al río a lavar la ropa. Nos hemos puesto ciegos de azúcar refinado para bajar las abdominales, en ese orden. Hemos visto a una concursante televisiva dar un nuevo sentido a la caza à la royale. A favor del gore y la pluma. Hemos asistido a mucha política fast-food. Demasiada. Hemos leído a Carmen Alcaraz del Blanco, @BonaVivant para los tuiteros, dando en el clavo de tanto km.0 reducido a mero hashtag. Hemos visto montar mamparas en restaurantes que ahora parecen locutorios. Hemos aplaudido la solidaridad bien guisada y con todos sus nutrientes. Hemos pedido a domicilio mucho de todo, incluso libros de gastronomíaque hablan de comer en tiempos difíciles. Hemos esperado ansiosos a que Nakeima monte su servicio delivery para terminar llorando al descubrir que sus dumplings por ahora no llegarán hasta nuestro distrito. Hemos flipado porque el Pegu Club, una de las coctelerías más influyentes del siglo, haya tenido que cerrar definitivamente porque Nueva York no admite prisioneros. Hemos visto a Ferran Adrià pegado a una tableta y algo despegado de la realidad. Hemos observado la vigencia del discurso que Alice Waters pronunció en el congreso FRUTO de Sao Paulo hace un año acerca de la cultura fast-food. ¡Hace un año es hace océanos de eones!. Hemos admirado la manera de encarar el futuro de Andoni Luis Aduriz en su editorial Lo insostenible, publicado por Euro-Toques en el último número de Papeles de cocina. Hemos leído también en él las interesantísimas reflexiones de la arquitecta Carolyn Steel acerca de la dualidad comida-ciudad. Y hemos constatado que, en algunos foros, estemos o no confinados, las mujeres llevan la voz cantante, son la solución, mientras en otros permanecen ignoradas.

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Imagen superior: La pizza de la polémica política fast-food

Hemos celebrado el Día de la Madre, que es como decir el día de nuestras cocineras favoritas, salvo la mía, que sólo es mi favorita a secas. Hemos discutido sobre fases y trifases en el sector hostelero. Hemos agitado con nuestras manitas cócteles, muchísimos, mientras nos alertábamos del incremento de las ventas de alcohol durante este encierro. Serán otros a los que se les va la mano, que nosotros bebemos en plan Sinatra, controlando y con pijama de etiqueta.

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Imágenes superiores: A la izquierda una antorcha helada y a la derecha el actor Jeff Goldblum

Y, como tarea pendiente, nos hemos metido en el arco iris Disney de Jeff Goldblum. En el capítulo de su programa dedicado al helado, el actor más ultracool hace su propia mezcla helada artesana con Oaxalis oregana. Tras recordar, a bordo del USS America, la tradición de la fiesta del helado en la Marina estadounidense hace un alegato del poder evocador, casi medicinal, de un mero cucurucho. La infancia. Otra punzada de nostalgia. “El helado es como una máquina del tiempo, capaz de llevarnos a un momento en el que éramos muy felices, una antorcha que ilumina el camino hacia un futuro esperanzador”. Ojalá compartamos pronto un helado en la playa. Para no ser optimista al final lo he arreglado un poco ¿no?