Zearreta: caserío vasco que eligió consumir con el corazón

De vieja carpintería a motor de producto nacional artesano. Zearreta es el caserío a orillas de la playa salvaje de Barrika rescatado por un clan de cuatro vizcaínos dispuestos a contar buenas historias. Comprometidos en poner diseño, sostenibilidad y familia en equilibrio con toda la sencillez y autenticidad posibles.

Madrid, Logroño, Barrika. El cielo estaba despejado y había un viento sur que golpeaba las ventanas del coche con la fuerza de un jugador de pelota. Dejamos atrás Sopelana por la BI2122 en busca de un caserío del que Maps no tenía mucha idea y, cuando llegamos al destino, allí no había nada. Solo campo y una casa blanca cerrada a cal y canto. Salimos a localizar indicios de vida y sin saber muy bien de dónde había salido, apareció uno de los protagonistas de esta historia. Su nombre es Iker (o Roke, que le dicen) y, mientras su perro venía corriendo a olernos, él iba desplegando verjas y puertas de lo que en 5 minutos se transformó en un porche con toda la magia de los caseríos vascos.

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Terminamos de colocar el equipo y aquello ya parecía una escena de la Tribu de los Brady. Niños, carritos y un aire muy puro en un ambiente distendido, cómodo. Isa e Inés nos saludaron con esa forma que tienen aquí arriba de hacerte sentir como en casa aunque vengas de 425 km más abajo. «¿Ya estamos todos?». Solo faltaba Nikola, que vino descalzo poco después, moviéndose por el cemento del patio como si andara por el pasillo de casa. «Nació a principios del siglo XV. Casi nada, ¿eh?». Un porrón, vamos. 500 años desde que a este caserío (el más antiguo de Barrika, Vizcaya) le dieron el nombre de la familia que vivía en él: Zearreta. «Los vecinos de enfrente son los herederos y nos contaron que primero fue serrería, después una constructora de barcos familiar y en los últimos 40 años una carpintería». Y así se lo encontraron. Atravesaron ese aura de polvo y olor a madera y, entre tableros y telarañas, algo les hizo ‘clic’. Otros habían intentado quitársela de encima, pero ellos vieron su futuro en esas viejas paredes.

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Con las puertas de cristal de la entrada abiertas se veía la tienda-obrador. Los ojos se nos van al mostrador de tartas, quesos, cestos, vinos y ramos de flores que descansan sobre un antiguo banco de carpintero que encontraron al llegar y que Roke restauró. A la derecha menaje de madera y terrazo, plantas y lámparas. Al fondo una sala ahogada en luz natural que quieren ir convirtiendo en pop-up. Parece que en esta casa han pasado el filtro estético por cada detalle. Aunque reducirlo a estético sería banal: en realidad cada detalle está perfectamente diseñado.

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Inés, Roke, Isabel y Nikola son 4 creativos y contadores de historias que parten de una muy especial: la suya. Una narrativa llena de fuertes valores made in the north. Cercanía, sencillez, tradición, autenticidad, respeto por el entorno y uno, si cabe, aún más importante: la familia. El reflejo más visceral de los caseríos de Euskadi. Por eso este era el sitio perfecto para seguir construyendo quienes son. Inés y Nikola, hermanos. Niko pareja de Isa, y Roke pareja de Inés. Lo que a unos les suena a trabalenguas a ellos les suena a cimientos y bien fuertes. Crecieron unidos generando inquietudes y sueños comunes, así que en el verano de 2020 se embarcaron en una aventura emocional que convirtió un icono de su tierra en el espacio contemporáneo que haría colisionar todas sus pasiones. Un lugar donde sentir que el trabajo no es trabajo, donde su vida personal fuera lo primero.

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Inés y Nikola Susaeta nacieron en Sopelana, Vizcaya. Al amante del surf ya le habrán brillado los ojos. Son hijos de Jon Susaeta, uno de los mejores surfistas vascos de las primeras generaciones. Pionero en la España de los 70 de un deporte que de aquella aún no tenía rodaje en nuestra costa. Inés estudió diseño de joyería, Nikola empresariales y comercio internacional. El combo perfecto para emprender y crear juntos la marca Inés Susaeta, un concepto de joyas con piedras únicas de la playa talladas por Inés e inspiradas en el Cantábrico. El mar que les vio nacer, subir y caer de sus tablas una y otra vez. Porque no todo fue un camino de arena fina: trabajar con distribuidores puso en peligro la esencia del proyecto, por ello decidieron volver a producir menos pero de forma más personal. Así crearon, entre otras colaboraciones, una colección de joyas, ropa y tablas de edición limitada junto a Adur Letamienda (hijo de Íñigo Letamienda, otra leyenda del surfing), creador de Pukas, la mítica marca de tablas de surf artesanales. «Adur es amigo de toda la vida y esta colección cuenta la historia de nuestras 2 familias», dice Inés mientras pasa las páginas del catálogo que hicieron, lleno de fotos de infancia y surf.

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Isabel Serna es de Algorta, Vizcaya, y estudió con Nikola en la universidad. Allí se conocieron (y se enamoraron). Isa empezó a dirigir un hotel tras graduarse, pero su verdadero fuerte era la repostería. Se armó de valor y montó junto a Niko una foodtruck como escaparate andante para sus tartas. Y vino la marca: Abasotas. Sandwiches masa madre, cakes y brownies con los mejores ingredientes que hay. Con ella aparecieron los encargos y el obrador improvisado en casa de los padres de Isa muy a lo garageband, pero también las ganas de encontrar un centro de operaciones más suyo, donde desarrollar su marca y todas esas inquietudes gastronómicas que tenían.

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Iker Basterretxea (Roke) es un fotógrafo de Sopelana que cambió el diseño gráfico por una cámara. Empezó disparando para revistas de surf y de manera orgánica pasó a fotografiar a varias marcas de su tierra. La repostería de Abasotas y las joyas de Ines, su chica, no fueron la excepción. Nos enseña algunas de sus editoriales, entre ellas una de nuestras favoritas: la campaña de abrigos Ura que hizo Loreak cuando dejó durante un tiempo de ser Mendian. Este y muchos de sus proyectos los realizó con Pensando en Blanco, un estudio de dirección de arte, arquitectura interior y diseño de producto de Hondarribia (Guipúzcoa).

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Imágenes superiores de Iker Basterretxea

Hermano de Inés, pareja de Isa y cuñado de Roke: Nikola Susaeta es el surfista y mente inquieta que se ha convertido en el hilo conductor de las 3 historias anteriores. No solo ha creado Inés Susaeta y Abasotas junto a Pensando en Blanco, también trabaja con este estudio como project manager gestionando, entre otros, proyectos como el de la marca Ondarreta. «En la universidad estudié cómo ganar dinero con una empresa, literal», dice. Una bomba de relojería si no cae en buenas manos. Pero él supo invertir lo aprendido y aplicarlo a talento pequeño con valores como los suyos.

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No es casualidad que Pensando en Blanco destaque en estas líneas. El estudio lo fundaron Aurora Polo y Borja Garmendia y en él atrapan con mucha maña la esencia de cada marca que pasa por sus manos, convirtiéndolas en proyectos de una sensibilidad exquisita. Niko y Roke los conocieron en 2008 a nivel profesional, para después afianzar una amistad de años: «Han servido como un catalizador que nos ha unido a la hora de entender y ejecutar nuestras ideas creativas», nos cuentan. Con Zearreta también han colaborado diseñando todo el planteamiento y su distribución, dando forma al obrador, al estudio-vivienda y al apartamento que está justo detrás.

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Cuando el mundo entero enmudeció por el virus ellos confinaron al miedo y se lanzaron con las obras de su nuevo concepto. Los martillazos hicieron ruido (literal y metafórico) en un pueblo donde nos dicen «no hay nada, solo tráfico». Volvieron a entrar al agua y en una de esas charlas esperando la siguiente serie, los locales querían saber qué se traían entre manos reformando ese viejo caserío. «¡En este pueblo no hay buen pan!», se quejaban. Y no lo dudaron: empezaron a vender el mejor pan del País Vasco. El de los hermanos Eneko y Unai Elgezabal, de Gure Ogia. Y esto fue solo el principio. Este lugar centenario ha renacido para fomentar relaciones con distintas marcas y dar a conocer historias de las que se sienten orgullosos. «Queremos pasárnoslo bien consumiendo productos de verdad, hechos con el corazón. Proyectos artesanos pequeños y muy especiales».

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En Zearreta han encontrado un hogar de talento y sinergias. Un concepto creativo relajado y honesto con el que enriquecer su imaginación. Donde unir gastronomía, diseño y responsabilidad rodeados de su naturaleza, siempre con ese arraigo por sus raíces como plataforma. Todos son hijos de pueblos pequeños del norte donde el mayor placer es disfrutar del entorno y de las cosas sencillas. Ahí descubrieron todo el valor. Gracias a ello han sido cuidadosos eligiendo las marcas con las que trabajar, siempre empeñados en darle a lo único, bonito y funcional la importancia que merece.

 

Si les visitas verás que albergan una selección de productos artesanales que ellos mismos consumen y de los que conocen muy de cerca productores, procesos y valores: piezas de Juan Ruiz-Rivas, artesano madrileño que produce objetos de diseño solo con materiales nobles y naturales; bucólicas coronas y ramos que elaboran con cariño en Fiore, un taller de flores de Bilbao; tablas de surf hechas por Adrián López de Adrokultura; pañuelos de Zubi; zapatos de Steve Mono; bolsos de Oficio Studio; mobiliario de Siete Formas; bolsas orgánicas de 03AM; y por supuesto, las joyas de Inés Susaeta, entre otras.

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En gastronomía no solo está Abasotas con sus deliciosas tartas y bizcochos, las nut bars o los originales brokies (mitad brownie, mitad cookie). También hay aceite de oliva virgen extra de Granja de Nuestra señora de Remelluri, kombucha elaborada con fermentación de hierbas y tés de Ama Brewery Basque, mantequilla ahumada de Rooftop Smokehouse (procedente de vacas de pasto de alta montaña y ahumada siguiendo técnicas artesanas y tradicionales), o el queso de La Manducateca.

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Pero a esta casona no les gusta llamarla tienda, sino ‘espacio vivo’. Por ello su próximo paso es desenmascarar talento y traerlo al caserío a que nazca la energía. Abrir canales temáticos a través de charlas, eventos y talleres con un discurso que rompa melones, eduque y genere valor: el workshop de un diseñador, la cata de un bodeguero o la lucha de una asociación. Personas con ideas propias que potencien sus proyectos tal y como ellos arropan los suyos. Invitados que se alojarán ahí mismo, conociendo su pasión por la gastronomía, la naturaleza y la vida familiar en un buen intercambio de ‘vibras’.

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Imágenes superiores de Carlos Alba

Zearreta es la recompensa de una vida con la que estos 4 amigos se sienten en paz, pero también el reflejo de una carrera de fondo, trabajo duro, altibajos y decisiones de esas que a veces cuesta tanto tomar. Ya lo decía Nat Young en los 80 «En caso de duda, rema». Así que vendrán pandemias e incertidumbre a dejarles temblando, nosotros estamos seguros de que esa forma tan pura de ilusionarse por lo que hacen les hará salir a flote después de cualquier mala ola que venga sin avisar.

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Fotos: Carlos Alba e Iker Basterretxea

+ www.zearreta.com