Los Niños Están Bien: Crónica de una ausencia inesperada

Tras conquistar el Festival de Málaga, Los Niños Están Bien la nueva obra del joven cineasta Nathan Ambrosioni se postula como uno de los retratos familiares más lúcidos y conmovedores del cine europeo contemporáneo.

La reciente clausura de la 29ª edición del Festival de Málaga nos ha dejado una noticia celebrada por crítica y público: el triunfo de Los Niños Están Bien (Les Enfants Vont Bien). La cinta francesa, que se alzó con la Biznaga de Plata Premio del Público a la Mejor Película de la Sección Oficial Mosaico, llega avalada por una sensibilidad que ha desarmado a los espectadores. Su estreno en salas está previsto para el próximo 12 de junio, prometiendo ser una bonita película para la temporada estival.

 

Los Niños Están Bien: Crónica de una ausencia inesperada

Una premisa de vacío y reconstrucción

La narrativa nos sitúa en una asfixiante y a la vez luminosa noche de verano. Suzanne (Juliette Armanet) aparece sin previo aviso en casa de su hermana Jeanne (Camille Cottin) acompañada de sus dos hijos. Lo que parece un reencuentro familiar se torna en un misterio existencial cuando, a la mañana siguiente, Suzanne desaparece dejando solo una nota.

Los Niños Están Bien: Crónica de una ausencia inesperada

A diferencia de los thrillers convencionales, Ambrosioni decide alejarse del suspense policial para adentrarse en el terreno de las “desapariciones voluntarias”. La película explora la ira y el desconcierto de Jeanne al descubrir que, legalmente, no hay delito que perseguir: su hermana simplemente ha decidido desaparecer y dejar de ser madre. Este punto de partida sirve para diseccionar los vínculos de sangre desde una perspectiva de cuidados forzosos y amor improvisado.

Nathan Ambrosioni: El prodigio de la mirada íntima

Resulta imposible analizar esta obra sin detenerse en la figura de su director. Nathan Ambrosioni es, a sus 26 años, una anomalía fascinante en la industria. Debutó en el largometraje con apenas 19 años (Les Drapeaux de Papier) y desde entonces ha demostrado una madurez impropia de su edad para capturar la psicología femenina y los pliegues de la intimidad.

Los Niños Están Bien: Crónica de una ausencia inesperada

Ambrosioni no filma como un joven que quiere impresionar, sino como un observador veterano que entiende que la verdadera épica reside en los pequeños gestos cotidianos. Su labor como director, guionista y montador le otorga un control total sobre el ritmo de la cinta, algo que ya le valió el premio a la Mejor Dirección en el Festival de Karlovy Vary. Su juventud no es un accesorio, sino una virtud que le permite acercarse a los personajes infantiles (interpretados con una naturalidad pasmosa por Manoã Varvat y Nina Birman) con una horizontalidad y respeto admirables.

Los Niños Están Bien: Crónica de una ausencia inesperada

El magnetismo de Cottin y el apoyo de Chokri

El peso emocional de la película descansa sobre los hombros de una Camille Cottin en estado de gracia. La actriz entrega una interpretación evolutiva: su personaje, Jeanne, transita desde el rechazo inicial hacia una aceptación resiliente del caos. Sin embargo, Jeanne no está sola en este proceso de maternidad accidental.

Es aquí donde cobra importancia el personaje de Monia Chokri, quien interpreta a la ex pareja de Jeanne. Chokri, conocida mundialmente como la musa de Xavier Dolan, aporta una calidez intelectual necesaria a la trama. La química entre Cottin y Chokri construye un refugio de madurez y sentido común; es la relación de dos mujeres que, a pesar de no estar ya juntas sentimentalmente, forman una red de seguridad para los niños abandonados. Junto a la presencia etérea y casi fantasmal de la cantante Juliette Armanet en el papel de la hermana desaparecida, el film logra un equilibrio interpretativo de altísimo nivel.

Los Niños Están Bien: Crónica de una ausencia inesperada

¿Que han dicho de Los Niños Están Bien los medios internacionales?

La recepción fuera de nuestras fronteras ha sido entusiasta. Medios como Cineuropa han destacado el uso del “realismo social elevado”, comparando la precisión de sus encuadres con la de los hermanos Dardenne. Aunque también han señalado algunos puntos discutibles en la película.
– Excesiva prudencia narrativa: Algunos sectores consideran que la película es “demasiado amable”. Al evitar juzgar a la madre que desaparece, el film puede sentirse en ocasiones falto de riesgo o de una confrontación dramática más cruda que profundice en el tabú del arrepentimiento materno.
– Un cierre abierto al debate: El final de la cinta ha sido tildado de “apresurado” por ciertos críticos, quienes consideran que la resolución poética deja demasiados hilos sueltos para el espectador que busca una catarsis convencional.

Los Niños Están Bien: Crónica de una ausencia inesperada

Cine de la ausencia sin culpables

A pesar de estas pequeñas aristas, Los niños están bien es una obra necesaria. Es un cine de la ausencia que no busca culpables, sino que se centra en quienes se quedan para recoger los pedazos. Con una fotografía de Victor Seguin que captura la luz estival como un personaje más, la película nos recuerda que la familia no es solo el lugar de donde venimos, sino el refugio que construimos cuando todo lo demás falla.