
Conversamos con Grip Face sobre transformación, ansiedad, espacio, identidad y los desafíos de sostener una práctica artística hoy en día.
Con dieciséis años de trayectoria, Grip Face atraviesa una etapa de madurez y renovación. Entre exposiciones, publicaciones y proyectos internacionales, su trabajo sigue explorando la identidad, la ansiedad y los espacios de refugio. Hablamos sobre evolución artística, procesos creativos y los retos de construir una carrera sostenible.

Empezaste en el entorno del arte urbano, ¿te sigue atrayendo el trabajo en la calle o prefieres el espacio de una galería?
Grip Face: Gran parte de mi trayectoria se ha desarrollado a través de intervenciones en el espacio público. Sin embargo, en la actualidad mi práctica está más enfocada en el espacio expositivo. Ese background me ha permitido desarrollar una mirada muy espacial a la hora de abordar exposiciones, con un interés creciente por lo escenográfico y lo teatral.
Sigo interesado en realizar proyectos de intervención en contextos poco convencionales, aunque ya no necesariamente en entornos urbanos, sino en espacios más específicos. Por ejemplo, en Encontré tu Disfraz de Encierro Cósmico, una pieza site-specific realizada en una cantera subterránea, o en Not rented to humans, desarrollado en un antiguo almacén abandonado de cabañas de madera.

Tu obra tiene una estética muy reconocible, casi como un lenguaje propio. ¿Cómo fue el proceso hasta encontrar ese estilo?
Grip Face: Mi lenguaje se ha ido desarrollando con el tiempo, pero siempre he buscado construir una obra honesta y con una identidad sólida. Mi trabajo es ecléctico y, en ocasiones, complejo, ya que se sitúa en un equilibrio entre lo conceptual y lo plástico, lo escenográfico y lo poético, así como entre la arquitectura y el diseño gráfico. Me interesa abordar cuestiones relacionadas con mi generación y con el contexto visual diverso en el que se ha desarrollado mi trayectoria.
Suelo articular mi trabajo a partir de distintos elementos que surgen de una profunda introspección, pero que se proyectan hacia una dimensión colectiva.
La máscara, el disfraz, el refugio o el espejo funcionan como dispositivos de protección frente a una ansiedad tanto interna como global, ante la que nos vemos obligados a generar herramientas de defensa.

Muchas de tus piezas parecen reflejar ansiedad o tensión. ¿Tu trabajo nace más de una necesidad personal o de una observación social?
Grip Face: Comencé a padecer trastorno de ansiedad a los 15 años, y recuerdo que una de mis primeras exposiciones, con 20, abordaba precisamente esa experiencia. Desde entonces, el arte ha funcionado para mí como un bálsamo: una herramienta para entender qué me sucedía y por qué encontraba tantas dificultades para habitar un entorno que a menudo percibía como hostil.
La creación ha sido siempre un proceso profundamente visceral y carnal. Me interesa que la obra se nutra de esas capas más profundas para poder construir un discurso honesto, alejado de lo oportunista.

¿Sientes que al pasar de la calle a galerías has tenido que adaptar tu discurso o tu forma de trabajar?
Grip Face: Siento que la búsqueda y el discurso han ido evolucionando de forma orgánica, madurando con el tiempo. A menudo me he situado entre dos aguas, lo que me ha llevado a interesarme por los “no lugares”: espacios que no responden a una etiqueta clara. De alguna manera, también así entiendo mi trabajo. Prefiero que permanezca abierto, evitando clasificaciones rígidas.
Me interesa especialmente trabajar de manera site-specific, desarrollando proyectos que nacen de la relación directa con un espacio. A partir de esa adaptación, construyo narrativas que activan el lugar y dialogan con su contexto. Es, sin duda, uno de los ejes fundamentales de mi práctica.

¿Cómo decides si una idea debe convertirse en escultura o instalación?
Grip Face: Es difícil de determinar, ya que, en la mayoría de los casos, cuando surge una idea, viene ya asociada al medio en el que se va a materializar. En el caso de las instalaciones, el proceso suele partir del espacio: primero aparece el lugar y, a partir de ahí, se desarrolla la adaptación.
En cambio, en las obras objetuales, como la pintura o la escultura, el proceso es más intuitivo. La escultura suele estar vinculada a un proyecto expositivo concreto, mientras que la pintura la abordo, en muchas ocasiones, como una práctica casi meditativa y cotidiana.

¿Qué importancia tiene el error o lo imperfecto dentro de tu proceso creativo?
Grip Face: En mi caso, el error es un elemento controlado. Me interesa especialmente el concepto de error digital, aunque lo genero de manera intencionada. Mi proceso es bastante metódico y preciso, por lo que el error por sí mismo rara vez me resulta útil; siempre aparece en relación con una búsqueda de equilibrio.
¿Qué estás preparando ahora mismo en el estudio?
Grip Face: Actualmente estoy finalizando el diseño y la maquetación de mi tercer libro, que se publicará próximamente. Paralelamente, estoy comenzando a desarrollar mi próxima exposición en el Museo Es Baluard, prevista para el próximo año, y trabajando en un nuevo proyecto junto a mi galería en Taipei. Además, continúo desarrollando otras propuestas en curso.

¿Qué artistas, movimientos o escenas actuales te están influyendo ahora mismo?
Grip Face: En los últimos años he estado muy atento a lo que se está haciendo en algunos países del este de Europa. Me interesan especialmente aquellos lenguajes que combinan lo conceptual con imaginarios de fantasía neomedieval, así como ciertas instalaciones oscuras, mitológicas y cargadas de simbolismo.
También sigo con interés lo que está ocurriendo en México en torno a prácticas artísticas vinculadas al textil. En realidad, no podría señalar influencias concretas; es más bien una suma de referencias, sensibilidades y procesos que, de una forma u otra, van captando mi atención.
Quizá por la saturación visual de los últimos años, ahora estoy consumiendo menos redes sociales y volviendo a descubrir proyectos a través de páginas web, publicaciones especializadas y revistas impresas. Disfruto más de esos tiempos de observación pausada, donde las obras pueden desplegarse fuera de la velocidad constante del entorno digital.

Si pudieras intervenir cualquier espacio del mundo sin limitaciones, ¿dónde sería y qué harías?
Grip Face: Llevo tiempo imaginando intervenciones fluviales en movimiento. Me interesa la idea de desarrollar un proyecto vinculado a la descontaminación de los ríos, creando obras flotantes que, a través de su propio desplazamiento y relación con la corriente, contribuyan activamente a limpiar y regenerar el entorno.
Si pudiera empezar en algún lugar, probablemente sería en el Danubio. Me atrae la dimensión simbólica de un río que atraviesa tantos territorios, culturas e historias distintas.
Pensar una intervención artística capaz de recorrerlo, transformarse con él y, al mismo tiempo, tener un impacto ecológico real, me parece una de las posibilidades más estimulantes que puedo imaginar.

Ahora mismo, ¿en qué punto sientes que estás como artista, tanto a nivel creativo como personal?
Grip Face: Ahora mismo me encuentro en un momento de muchos cambios, tanto a nivel personal como profesional. Este verano cumplo dieciséis años de carrera y, al mirar atrás, veo un recorrido marcado por el aprendizaje constante, la investigación, los errores y la capacidad de volver a empezar una y otra vez.
Siento que he alcanzado un punto de madurez en mi trabajo que me permite afrontar los proyectos con más claridad y equilibrio. Sin embargo, también percibo que el contexto actual es mucho más complejo y exigente que hace unos años.
El entorno cultural, económico y social plantea nuevos desafíos, y siempre aparecen obstáculos que obligan a replantearse las cosas. Aun así, creo que estoy en un momento de balance. Mantengo la curiosidad y las ganas de seguir explorando, pero con una estabilidad interna que antes no tenía. Quizá esa sea la principal diferencia: ya no siento la necesidad de correr constantemente, sino de construir desde un lugar más consciente y sostenible.

¿Se puede vivir hoy del arte de forma desahogada o sigue siendo una lucha constante?
Grip Face: Siempre es una especie de lucha constante…

¿Cómo es tu relación actual con galeristas?
Grip Face: Mi relación actual con las galerías se basa, sobre todo, en el equilibrio. A lo largo de estos años he vivido experiencias muy distintas: algunas han sido extraordinarias y han dado lugar a colaboraciones y amistades que todavía conservo; otras, en cambio, han sido más difíciles y me han dejado aprendizajes importantes.
Con el tiempo entiendes que todo forma parte del proceso. Cuando empiezas, aceptas determinadas condiciones o dinámicas sin cuestionarlas demasiado, muchas veces por inexperiencia o por las ganas de sacar adelante los proyectos. Después de dieciséis años de trayectoria, uno desarrolla más criterio y sabe mejor qué necesita para trabajar de forma honesta y sostenible.
Por eso, más allá de los acuerdos profesionales, para mí es fundamental que exista un respeto mutuo. Las galerías con las que colaboro deben entender y respetar mi manera de trabajar, así como la visión personal desde la que construyo cada proyecto. Cuando eso sucede, la relación puede ser realmente enriquecedora para ambas partes.

¿Y con los coleccionistas? ¿Notas que entienden tu trabajo o a veces lo consumen de otra manera?
Grip Face: Con los coleccionistas me ha sucedido algo parecido. A lo largo de estos años he tenido experiencias muy diversas, pero afortunadamente siempre he contado con personas que han creído en mi trabajo y me han apoyado de una manera muy generosa. En muchos casos, esa relación ha trascendido lo profesional y se ha convertido en una amistad que todavía conservo. Creo que el papel del coleccionista, entendido casi como una figura de mecenazgo contemporáneo, sigue siendo fundamental. No solo porque adquiere una obra, sino porque muchas veces hace posible proyectos que serían difíciles de financiar por otros medios. Hay investigaciones, procesos o piezas que nacen desde una lógica poco comercial y que necesitan tiempo, confianza y apoyo para existir.
Para un artista, resulta especialmente satisfactorio encontrarse con coleccionistas que sienten una curiosidad genuina por el trabajo que hay detrás de las obras. Personas que se toman el tiempo de investigar, hacer preguntas, profundizar y mantener una mente abierta. Cuando eso ocurre, la relación trasciende la transacción y se convierte en un diálogo mucho más enriquecedor. De alguna manera, encuentras un sentido más profundo a lo que estás haciendo.
Por supuesto, existen perfiles muy distintos. Hay quienes se acercan al arte desde un interés real por el proceso y el pensamiento que lo sustenta, y otros que lo consumen de una forma más superficial o ligada a dinámicas de tendencia. Forma parte del ecosistema. Pero tengo la suerte de que muchos de los coleccionistas que me acompañaron hace años siguen estando presentes hoy, y eso para mí tiene un valor enorme.

¿Qué proyectos tienes entre manos ahora mismo que te estén ilusionando especialmente?
Grip Face: Ahora mismo estoy inmerso en varios proyectos que me ilusionan especialmente. Uno de ellos es una exposición para el próximo año en el Museo Es Baluard, comisariada por Pilar Rubí, con quien mantengo una relación profesional y personal desde hace muchos años. Es un proyecto que todavía está en una fase inicial, pero precisamente por eso resulta tan estimulante: es el momento en el que las ideas empiezan a tomar forma.
También estoy trabajando en una nueva exposición individual con SC Gallery. Hace seis años que no realizábamos una muestra juntos y me hace especial ilusión volver a encontrarnos en este contexto y plantear una nueva etapa de trabajo compartido.
El proyecto que más emoción me genera ahora mismo es la publicación de mi tercer libro, que verá la luz a finales de este año.
Los libros ocupan un lugar muy importante dentro de mi práctica porque me permiten construir relatos y conexiones que van más allá de la exposición o la obra individual. Después de mucho tiempo de trabajo, investigación y edición, verlo materializado siempre es algo muy especial.
A todo esto se suman otros proyectos internacionales que todavía están en desarrollo y que espero poder compartir pronto. En general, siento que estoy en un momento muy fértil, con varias líneas de trabajo abiertas y muchas ganas de seguir explorando nuevos formatos y contextos.

¿Estás atravesando algún cambio de estilo o de enfoque en tu obra últimamente?
Grip Face: Sí, creo que estoy atravesando un momento de transformación. A nivel pictórico me encuentro en un proceso de deconstrucción. La poca figuración que todavía permanecía en mi trabajo se está diluyendo progresivamente para dar paso a paisajes más abiertos, fragmentados y oníricos, donde la atmósfera y la sensación tienen más peso que la representación en sí misma. Al mismo tiempo, cada vez estoy más interesado en la dimensión escenográfica e instalativa de la obra.
Me atrae la posibilidad de construir entornos y experiencias que envuelvan al espectador, más allá de la pieza individual.
En los últimos años he sentido la necesidad de expandir el lenguaje pictórico hacia otros formatos y ocupar el espacio de una manera más inmersiva. Quizá el cambio más importante tenga que ver con la búsqueda de equilibrio entre dos aspectos que siempre han estado presentes en mi práctica: por un lado, la investigación y el componente conceptual de los proyectos; por otro, la dimensión más visual, intuitiva y plástica de la obra. En este momento me interesa especialmente que ambas convivan y se potencien mutuamente.

¿Te sigue interesando intervenir en el espacio público como antes, o tu relación con la calle ha cambiado?
Grip Face: Depende mucho del proyecto. Con el tiempo he dejado de sentir la necesidad de intervenir espacios por el simple hecho de hacerlo. Me interesa que exista una razón para establecer ese diálogo y que la intervención surja de una manera natural.
Cada vez me atraen más los no lugares, los espacios inesperados que aparecen en el camino y que no necesariamente estás buscando.
Antes quizá tenía una actitud más cercana a la de un cazador de espacios, siempre atento a encontrar nuevas localizaciones donde actuar. Hoy esa relación es mucho más orgánica.
Lo que realmente me interesa es encontrar lugares que contengan una historia, una atmósfera o una tensión que pueda activar a través del proyecto. Si siento que existe la posibilidad de construir un site-specific honesto, capaz de dialogar con el contexto sin imponerse sobre él de forma invasiva, entonces sí aparece el deseo de intervenir. Me interesa más escuchar el lugar que ocuparlo.

¿Quién suele llamarte para trabajar hoy: marcas, instituciones, galerías…? ¿Ha cambiado ese perfil con los años?
Grip Face: No suelo trabajar con marcas porque mi práctica está más vinculada al contexto expositivo, la investigación y los proyectos de largo recorrido. Cuando surge una posible colaboración, para mí es fundamental que exista una afinidad real con los valores de la marca y que se genere un diálogo interesante. No me interesa colaborar por colaborar.
Siempre he intentado mantener cierta coherencia y honestidad con mi manera de trabajar. Sin embargo, también soy consciente de la realidad material que implica producir arte. Muchas veces las obras, las instalaciones o los proyectos de investigación requieren recursos importantes y no siempre existen las ayudas necesarias para llevarlos a cabo.
A lo largo de mi trayectoria ha habido momentos en los que he aceptado determinadas colaboraciones porque me permitían financiar proyectos más personales o asumir producciones que de otro modo habrían sido inviables.
Creo que esa es una realidad compartida por muchos artistas. Lo importante es que esas colaboraciones no condicionen el núcleo de tu trabajo ni desplacen aquello que realmente quieres investigar y desarrollar. Al final, en un contexto cada vez más condicionado por la lógica económica, encontrar apoyos —ya sea a través de instituciones, coleccionistas, mecenas o colaboraciones puntuales— sigue siendo una parte necesaria para que muchos proyectos puedan existir. La clave está en encontrar un equilibrio que permita sostener la práctica artística sin renunciar a la propia identidad.

En tu día a día, ¿qué parte pesa más: la creación o todo lo que rodea al sistema del arte (gestión, ventas, visibilidad)?
Grip Face: Sin duda, todo lo que rodea al sistema del arte. La creación sigue siendo la parte mágica de este oficio, el espacio donde aparecen las ideas, la intuición y esa sensación de estar construyendo algo que da sentido a todo lo demás. Es lo que realmente nos alimenta a quienes dedicamos nuestra vida a crear.
La realidad cotidiana está atravesada por muchas otras cuestiones: gestión, producción, financiación, comunicación, ventas, logística o relaciones profesionales. A veces da la sensación de que gran parte del tiempo se destina a sostener la estructura que permite que la obra exista.
Curiosamente, con los años no siento que esa parte se vuelva más sencilla. Al contrario, cada vez soy más consciente de la complejidad del sistema artístico y de la cantidad de factores externos que pueden influir en una carrera. Es un ecosistema donde conviven intereses muy diversos y donde no todo depende únicamente de la calidad del trabajo.
Por eso intento proteger el tiempo dedicado a la creación. Es el lugar al que vuelvo constantemente y el motivo por el que empecé a hacer esto. Todo lo demás es necesario, pero la obra sigue siendo el centro de gravedad de todo el proceso.

¿Hay algo que te esté costando especialmente en este momento de tu carrera y de lo que no se suele hablar tanto?
Grip Face: Si tuviera que señalar algo que me cuesta especialmente en este momento, diría que es encontrar una relación saludable con la incertidumbre y la ansiedad que genera esta profesión. Es un tema del que no siempre se habla lo suficiente, quizá porque desde fuera muchas veces solo se ve la parte visible de los proyectos o los logros.
Después de muchos años de trayectoria, sigo sintiendo que el verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio entre entregarte por completo a tu manera de entender el mundo, a aquello que necesitas expresar como artista, y al mismo tiempo construir una vida digna y sostenible. Mantener ese balance no siempre es sencillo.
Vivimos en una época marcada por la velocidad, la precariedad y una sensación constante de exigencia. A veces parece que nunca es suficiente, que siempre hay que producir más, estar más presente o asumir más proyectos. Aprender a poner límites y proteger ciertos espacios personales se ha convertido para mí en una parte tan importante como la propia creación.