
La escultura rompe sus límites tradicionales en Coreografías de la materia, una exposición que explora nuevas formas de ocupar el espacio a través del acero, la cerámica, el textil, las tecnologías digitales, el cuerpo y el sonido.
¿Qué sucede cuando la escultura deja de entenderse como un objeto y comienza a explorar otras formas de ocupar el espacio? Hasta el 19 de diciembre, Efímera. Espacio de Arte Contemporáneo de Murcia, presenta Coreografías de la materia. Una exposición colectiva que reúne a Juan Belando, DelAmorYlaBelleza, Elena Azzedín y NastPlas. Cuatro aproximaciones a la escultura contemporánea que exploran los procesos industriales, la cerámica, el textil y las tecnologías digitales, junto a la danza de Mario G. Sáez y el arte sonoro de Selu Herraiz, ampliando las formas de entender y ocupar el espacio.
Imagen superior: Abylon, 2025. NastPlas
Vista general de la exposición. Foto: Javi Botella
La materia como punto de partida
La escultura contemporánea hace tiempo que dejó de estar limitada al objeto tridimensional. Hoy puede surgir de un proceso industrial, de la acumulación de fragmentos encontrados, de estructuras textiles o de formas concebidas inicialmente en un entorno digital. También puede manifestarse a través del cuerpo en movimiento o de las vibraciones sonoras que transforman nuestra percepción del espacio. Los materiales, los gestos y los lenguajes se entrecruzan, mientras las fronteras entre disciplinas se vuelven cada vez más permeables.
Esta es la premisa de Coreografías de la materia, la exposición comisariada por Belén Vera e inaugurada el pasado 16 de octubre en Efímera, que propone un recorrido por diferentes maneras de entender la escultura desde su condición expandida. La muestra reúne las propuestas de Juan Belando, DelAmorYlaBelleza, Elena Azzedín y NastPlas, a las que se suman la danza contemporánea de Mario G. Sáez y la intervención sonora de Selu Herraiz. Seis prácticas que, desde lenguajes y materiales muy distintos, exploran nuevas formas de ocupar, transformar y experimentar el espacio.
Vista general de la exposición. Foto: Javi Botella
Juan Belando. La fragilidad del acero
El acero, habitualmente asociado a la resistencia y la solidez, adquiere una dimensión inesperada en las esculturas de Juan Belando. Su relación con este material comenzó mucho antes de dedicarse al arte, durante los años que trabajó en la fábrica de su padre, donde aprendió a manipular el metal y a explorar sus posibilidades técnicas. “Teniendo el material a mano y conocimientos para elaborarlo las ideas estaban, fue innato empezar a materializar pensamientos”, recuerda. Aquella experiencia industrial se ha convertido en la base de un lenguaje escultórico propio, en el que la contundencia del material convive con el equilibrio, la fragilidad y, en ocasiones, el humor.
Vista general de la exposición. Pieza Juan Belando. Foto: Javi Botella
Su proceso creativo parte generalmente de un boceto mental que después traslada al dibujo y finalmente al acero, mediante un trabajo manual de corte, soldadura, lijado y aplicación de texturas y color. Cada escultura es una pieza única, construida sin moldes ni plantillas, donde la experimentación desempeña un papel fundamental. “El color y la textura aportan tanto como la forma”, señala el artista, interesado en cómo los contrastes cromáticos pueden modificar la percepción y el significado de una obra.
Los animales ocupan un lugar recurrente en su imaginario, convertidos en protagonistas de una reflexión sobre la conciencia y nuestra relación con otras especies. A través de sus formas y comportamientos, Belando establece paralelismos con la condición humana, sus capacidades y contradicciones. Sus esculturas exploran así las posibilidades expresivas de un material industrial que, lejos de imponer su dureza, se transforma en un vehículo para la observación, la ironía y la sensibilidad.
Vista general de la exposición. Piezas de Juan Belando. Foto: Sylvie Rappanel
DelAmorYlaBelleza. La memoria del paisaje
Para Carlos Jiménez Cenamor, creador de DelAmorYlaBelleza, la cerámica es un territorio de experimentación donde confluyen artesanía, diseño, memoria y conciencia medioambiental. Desde su taller en la huerta murciana, el artista desarrolla una práctica que encuentra en las transformaciones del paisaje una fuente constante de inspiración. “Actualmente me sigue interesando sobremanera describir el cambio del paisaje en el que vivo: una huerta en un entorno semiindustrial que hace las veces de salón, comedor y despacho, y también de lugar para meditar”, explica. Su interés por los oficios tradicionales, especialmente por técnicas locales como el esparto jumillano, convive con una voluntad de explorar nuevas posibilidades materiales y trasladar la cerámica más allá de sus aplicaciones habituales, desde el objeto doméstico hasta la intervención arquitectónica.
Vista general de la exposición. Pieza de DelAmorYlaBelleza. Foto: Javi Botella
En Coreografías de la Materia, presenta una serie de volúmenes de porcelana concebidos como cuadernos de bitácora de sus paseos a lo largo de un año. Organizados mediante retículas que recuerdan al papel milimetrado, incorporan pequeños fragmentos pétreos, cerámicos, de vidrio y otros Materiales recogidos durante sus recorridos. Cada elemento ocupa una posición vinculada al día y al mes de su recolección, convirtiendo estas piezas en una suerte de cartografías personales donde se entrecruzan lugares, encuentros y experiencias. Para el artista, son “una celebración de las pequeñas cosas que hacen de la vida una experiencia mágica”.
Muchos de los fragmentos proceden de desechos abandonados en entornos naturales o habitados. Su incorporación a la porcelana introduce una reflexión sobre la huella humana en el territorio y la posibilidad de transformar aquello que descartamos. La escultura se convierte así en un archivo material del tiempo vivido, donde los gestos cotidianos y los pequeños hallazgos adquieren una nueva dimensión.
Vista general de la exposición. Pieza de DelAmorYlaBelleza. Foto: Javi Botella
Elena Azzedín. Tejer el espacio
En la práctica de Elena Azzedín, el hilo y el tejido abandonan su condición de materiales domésticos para convertirse en estructuras escultóricas capaces de transformar nuestra percepción del espacio. Su trabajo cuestiona las fronteras entre arte y artesanía, recuperando técnicas tradicionalmente vinculadas a los cuidados y al trabajo femenino para trasladarlas al ámbito de la creación contemporánea. “Me interesa retar la concepción que tenemos sobre los materiales. Usar el hilo como escultura o incluso intentar modular la arquitectura me parecen formas de expandir sus usos”, explica la artista.
Sus intervenciones establecen un diálogo directo con los lugares que ocupan, incorporando sus características arquitectónicas, históricas y sociales. Para Coreografías de la materia, Azzedín ha creado dos piezas site-specific concebidas expresamente para Efímera. Una de ellas, Sostener, requirió 56 horas y 40 minutos de trabajo y está formada por un total de 972 nudos, haciendo visible la importancia del tiempo y el gesto manual en su proceso creativo. En su práctica, el tejido se convierte en una forma de habitar y transformar el espacio, donde la relación entre materia, arquitectura y cuerpo adquiere una dimensión escultórica.
Sostener, obra site-specific, Elena Azzedín. Foto: Sylvie Rappanel
Vinculada durante más de una década a AADK Spain, en el Valle de Ricote, su práctica también se nutre del intercambio con otros artistas y de una concepción colectiva de la creación. “Las manos piensan y nos enseñan el mundo de otra forma”, afirma. Desde esta perspectiva, el textil adquiere una dimensión que trasciende lo puramente formal: se convierte en una herramienta para activar relaciones, recuperar saberes y proponer otras maneras de ocupar y experimentar el espacio.
Sostener, obra site-specific, Elena Azzedín. Foto: Javi Botella
NastPlas. La escultura más allá de la materia
¿Puede existir la escultura sin materia física? Esta pregunta atraviesa la práctica de NastPlas, el dúo formado por Fran Rodríguez y Natalia Molinos, que lleva años explorando las posibilidades del CGI, la inteligencia artificial y el modelado tridimensional para crear formas escultóricas en entornos digitales. Su trabajo amplía los límites tradicionales de la disciplina, trasladando la investigación sobre el volumen, la textura y la transformación de la materia a un espacio virtual donde las formas pueden evolucionar al margen de las leyes físicas.
Vista general de la exposición. NastPlast. Foto: Sylvie Rappanel
En Coreografías de la Materia presentan Abylon, una obra inspirada en las profundidades oceánicas que imagina nuevas morfologías surgidas de la interacción entre organismos vivos y sistemas tecnológicos. A través de procesos algorítmicos, las estructuras marinas se transforman en organismos híbridos que parecen evolucionar siguiendo sus propias reglas. “No se trata de imitar lo natural, sino de imaginar nuevas ecologías posibles donde lo biológico y lo artificial coexisten”, explican.
En sus investigaciones más recientes, NastPlas ha comenzado a trasladar estas exploraciones digitales al terreno físico mediante la cerámica y la arcilla. Este tránsito introduce nuevas variables en su proceso creativo: el peso, la temperatura, la textura y las imperfecciones propias del trabajo manual. “Nos interesa esa traducción entre mundos, cómo algo nacido en un entorno algorítmico puede transformarse en una escultura o en una cerámica”, señalan. Su práctica plantea así una relación de ida y vuelta entre lo virtual y lo tangible, donde la escultura se libera de sus soportes tradicionales para explorar nuevas formas de existencia.
Abylon, 2025. NastPlas
Mario G. Sáez. El cuerpo como materia
El cuerpo también es una forma de ocupar y transformar el espacio. A través del movimiento, la danza contemporánea introduce una dimensión temporal y efímera de la escultura, donde los gestos y desplazamientos dibujan formas que aparecen y desaparecen. Esta idea se incorpora a Coreografías de la materia el próximo 30 de octubre con Devenir (el cuerpo lo sabe), una pieza de Mario G. Sáez que explora la memoria corporal, el paso del tiempo y la transformación constante. Entre la presencia y la desaparición, el cuerpo se convierte en archivo de experiencias vividas y en territorio de nuevas posibilidades. «No es una autobiografía, es la de un cuerpo. Un cuerpo que ha sentido y tocado muchos cuerpos. Que ha sido muchos cuerpos». La danza propone así otra manera de entender la escultura: una forma viva y cambiante que transforma el espacio mientras lo habita.
Mario G. Sáez
Selu Herraiz. La materia invisible
La exposición incorpora también una dimensión sonora a través de la intervención que Selu Herraiz realizará el 6 de noviembre. Su práctica, situada entre el arte sonoro, la electrónica experimental y las grabaciones de campo, amplía la noción de escultura hacia una materia intangible que ocupa el espacio y transforma nuestra percepción. «El sonido se convierte en un medio en el que entrar, un espacio que habitar, más que algo que escuchar», explica.
Bajo el nombre de Munda, Herraiz publicará el 11 de noviembre Delia, su nuevo álbum en el sello Discrepant. Concebido durante una residencia en un antiguo convento de Cal Rosal, el disco explora las resonancias arquitectónicas, la repetición y los estados de conciencia mediante sonidos electrónicos y materiales encontrados, proponiendo una experiencia inmersiva donde el sonido adquiere una presencia casi física.
Munda de Selu Herraiz
XYZ: Una exposición que continúa en papel
Coreografías de la materia se acompaña del tercer número de XYZ, la revista de Efímera, dedicada en esta edición a la escultura expandida. Concebida como una publicación independiente, con un cuidado diseño editorial de Diego Lizán. La revista reúne entrevistas, artículos y otros contenidos que profundizan en las investigaciones de los artistas y amplían las reflexiones planteadas en la exposición. Estableciendo así nuevas conexiones con otras disciplinas y prácticas contemporáneas. Más allá de documentar lo que sucede en Efímera, XYZ propone un espacio propio para la lectura, el pensamiento y el descubrimiento, reivindicando el valor de la edición impresa como objeto cultural.
Portada de XYZ, revista de Efímera. Foto: Diego Lizán
Interior de XYZ, revista de Efímera. Foto: Diego Lizán
La exposición Coreografías de la Materia puede visitarse en Efímera. Espacio de Arte Contemporaneo (Murcia) hasta el 19 de noviembre de 2026.
Más información en la Web de Efímera.