
Hacer hablar a las paredes de un teatro es lo que ha conseguido Alessandra García en su último espectáculo ¿Tú Sabes lo que es una Posidonia?
Lejos de acomodarse en la escena, la artista reivindica el escenario como un territorio bello, ancestral y puro donde todo es posible. Guiada por una intuición delicada que alimenta su oxígeno creador, hablamos con ella sobre creencia, instinto y lo que significa ser contemporánea de verdá, con su propio tiempo.

La posidonia es una planta subterránea del Mediterráneo que sostiene el fondo marino y evita que la costa se desmorone. ¿Qué representa la posidonia en tu universo personal o dramático?
Alessandra García: Lo que no puedo obviar y lo que da oxígeno a mi ser creador. Mi posidonia es hacerle caso a mi intuición y a mi latir, aunque nadie lo vea y sea algo delicado que proteger.
¿Qué encuentras en la escucha y el sonido, para que se haya convertido en el sentido que más resignifica y vertebra tu trabajo?
Alessandra García: Qué preciosa pregunta, Rocío. Gracias por escucharme así. Pues creo que la música es la única disciplina artística que habitaba mi casa. Eso, junto con lo goleora que era —me quería enterar de tó—, hace que entienda lo oral y lo sonoro como algo que llevo investigando desde que tenía cuatro años y escuchaba a las vecinas en el bloque.
Tus piezas ponen a prueba el lenguaje. En ¿Tú Sabes lo que es una Posidonia? haces chocar la palabra hablada contra las paredes de un teatro, consiguiendo que dialogue hasta la propia infraestructura del espacio. ¿Cómo surge esa conversación? ¿Quiénes actúan en ella?
Alessandra García: Cada vez me emocionan más las sensibilidades de los lugares. Lo que acarrea un teatro a nivel energético es una barbaridad, y esta conversación surge de la necesidad de tener que pedirle, en cierto modo, su beneplácito. Actúan Violeta Niebla, Ramón Gázquez, el teatro y yo.

Eres la creadora del festival Autóctonxs. ¿Consideras que la escena es el refugio para las propuestas que más rompen e innovan? ¿Se cuida esto en nuestro contexto?
Alessandra García: Creo que cada disciplina tiene el deber de romper e innovar. Claramente, desde Autóctonxs ese es nuestro objetivo crear formatos híbridos, hacer que lo local y lo autonómico se disparen al mundo. En mi opinión, se deberían cuidar más las carreras de lxs creadores, sobre todo dando oportunidad al fracaso y al error. Pero, por encima de todo, se debería cuidar el pensamiento: dar tiempo para pensar.
Tuviste un pasado creyente. Creo que la fe religiosa o el dogma son cosas que está bien atravesar pronto: cuanto antes se viven, antes se entiende lo que dejan. ¿Cómo habita o resuena esa etapa creyente en la Alessandra de hoy?
Alessandra García: Resuena, sobre todo, en mi forma de concebir los cambios artísticos. En muchos momentos entiendo todo dándole al teatro el lugar de Dios.
Me gusta mucho lo de la niña goleora, ¿cuándo te diste cuenta de que el sonido de la vida cotidiana estaba lleno de dramaturgia y verdad?
Alessandra García: No hace mucho que soy consciente. Por eso el tiempo para el pensamiento es tan importante. Muchos de mis proyectos nacen de una fuerte intuición, de una necesidad de hacerlos, y es al cabo de los años cuando empiezo a entenderlos desde otros estadios.Creo que eso se llama madurez con tu propia obra. Y la verdad es que estoy muy feliz de entrar en ese paisaje.
La ruptura, el luto, un cambio de piel… Tu trabajo está atravesado por el tránsito de ser una y luego otra. ¿Es la escena un lugar donde se puede sostener una metamorfosis sin romperte? Aunque está bien romperse y reconstruirse de vez en cuando…
Alessandra García: Por supuesto. Que la vida nos libre del estancamiento, que nada más que trae mosquitos tigre. En la escena, si lo sabes hacer, todo es posible. Es un lugar bello, ancestral y puro.

Convertir lo que nos pasa en obra, ¿puede considerarse tu estilo autoficción? En tu caso rebasas las líneas entre lo íntimo y lo público. ¿Pones límites entre lo personal y el escenario o el teatro se manifiesta como una extensión de ti?
Alessandra García: La verdad es que el mío con el teatro es un amor todopoderoso que ahora se encuentra en plena ruptura. Si el teatro es Dios para mí y el edificio teatral, la parroquia, vengo a la parroquia a decirle a Dios que me voy de misiones.
Ale, has dicho adiós ya. Ahora, ¿a qué le dices hola?
Alessandra García: Le digo hola al acontecimiento, a los espacios infinitos, a mimetizar mi arte con la sociedad y a que, en ese espectáculo que es un bulevar, un centro comercial, una poza o una autovía, yo pueda generar teatro sin que nada de lo que está sucediendo deje de suceder. Quiero ser contemporánea de verdá con mi presente.
Para ser contemporánea de verdá, hace falta alimentarse de muchas fuentes. ¿De qué referentes te nutres?
Alessandra García: Yo soy muy mala pá eso. Tendría que hacer más el esfuerzo de llenar la mesa de artistas, proyectos referentes y, desde ahí, hacer lo mío. Pero la verdad es que no ejecuto así. Tiro mucho de mis honduras y de lo que observo y transito. Así que, si hablo de referentes totales en mis últimos años: mi hermana, un alga endémica del Mediterráneo y todo lo que se me cruce por las orejas y los ojos.
Fotografía: Rocío Madrid