Charlotte Posenenske: Work in Progress

El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) inauguraba el pasado 18 de Octubre la exposición Work in Progress. Se trata de la primera retrospectiva minuciosa dedicada a la artista alemana Charlotte Posenenske desde su muerte. Además de recuperar su legado, la artista fue visionaria y sus observaciones sobre el mundo del arte son más que nunca aplicables al mundo del arte contemporáneo.

Esta exposición, en display hasta el 8 de marzo del próximo año, indaga en la trayectoria de Charlotte Posenenske, una artista revolucionaria, pionera y en cierta forma desconocida –al menos en toda su dimensión– que exploró distintos lenguajes artísticos, fundiendo distintas disciplinas y uniendo conceptos puramente artísticos con los principios del diseño, la arquitectura o la escenografía.

La mayoría de artistas crean piezas únicas o series limitadas –en el caso de fotos o filmes– porque eso lo que genera valor en el mercado del arte. Sin embargo, la desaparecida artista Charlotte Posenenske, en sus solo doce años de intensa creación artística (entre 1956 y 1968), utilizó fabricación industrial, repetición seriada y materiales de construcción, para desarrollar formas minimalistas de producción masiva, que respondían a la realidad socio-económica de su época.

Rechazó el mercado del arte vendiendo las piezas al precio de coste de los materiales, y estuvo en contra de jerarquías formales y culturales convencionales. Sus esculturas modulares permiten al consumidor: comisario, espectador o propietario, cambiar la configuración de la instalación participando así en el proceso creativo.

Charlotte Posenenske: Work in ProgressCharlotte Posenenske: Work in Progress Charlotte Posenenske: Work in Progress

“Las cosas que hago son cambiables, lo más sencillas posible, reproducibles. Son componentes de un espacio porque asemejan elementos de construcción, pueden distribuirse siempre en nuevas combinaciones o posiciones, alterando así el espacio. Esas alteraciones son obra del consumidor, que de este modo participa una y otra vez en el proceso de creación”.

La monotonía es bella

El año 1968 fue uno de esos momentos clave de la historia. Parte de lo que somos hoy cómo sociedad pivota alrededor esos tiempos de revolución libertaria, que encontraron reverberación en la mayoría de las grandes ciudades. El mundo parecía cambiar de forma trepidante, y nuevos patrones culturales irrumpían con la promesa de cambio y de libertad.

Todo aquel espíritu transformador cuyo eco sigue resonando con fuerza con icónicas imágenes que han atravesado el tiempo, fueron el resultado de un conjunto de movimientos que se fueron fraguando, a partir del momento en el que terminó la Segunda Guerra Mundial. Los regímenes totalitarios previstos unas décadas antes funcionaron como revulsivo para unas generaciones que respondieron de distintos modos a la opacidad social y estética reinante durante la década de los cincuenta. No obstante, todo aquel universo infranqueable, supuso también una fuente de inspiración para los artistas del momento.

Charlotte Posenenske: Work in Progress Charlotte Posenenske: Work in Progress

Al final de su etapa como artista y cerrando un ciclo, Charlotte Posenenske rodaba su primera y única película con la que despidió unos años de intensa creación artística transdisciplinar y escrutinio social y cultural. Filmada en Super 8 Monotonie ist schön (La monotonía es bella, 1968), y con compañeros de viaje excepcionales como Paul Maenz y Peter Roehr, la pieza recrea un viaje por los Países Bajos desde la ventanilla de un coche. Paisajes construidos de diques, puentes, postes de luz y autopistas presagiaban el final de una etapa, que tenía como telón de fondo el campo holandés y hablaban con enorme elocuencia, de la preocupación de la artista por la producción industrial, la serialidad y la repetición.

La visión, los valores y la misión de la artista

Nacida como Liselotte Henriette Mayer en Wiesbaden, Alemania (1930-1985) en el seno de una familia judía, Charlotte Posenenske estudió en la Academia Estatal de Bellas Artes de Stuttgart con el escenógrafo y pintor Willi Baumeister, quien la introdujo en el movimiento moderno y el constructivismo soviético. Eran los años 50. En aquella etapa arranca su interés por el espacio, y la forma de intervenir en él a través de los trajes volumétricos y los decorados creados a distintos niveles.

Eran tiempos en los que imperaban el informalismo y el expresionismo abstracto, y Charlotte Posenenske no fue ajena a estas tendencias, en las que encontró ciertas afinidades que dieron complejidad y originalidad a su discurso artístico. Sin embargo, su pasión por la arquitectura la conducían a aquello que marcó su lenguaje: la serialidad, los gestos mecánicos y todo aquello que podía reproducirse, repetirse.

La obra de Charlotte Ponsenenske, tal y como se nos revela en esta muestra, está marcada por el minimalismo, el conceptualismo, el arte participativo y la performance. Toda esa atmósfera aparentemente opaca que aparece ante nuestros ojos a lo largo de una serie de trabajos experimentales repartidos en varias salas, trataron de indagar sobre el poder del dibujo, la arquitectura, la pintura o la escenografía para convertirse en el relato de una forma de narrativa artística superior. Utilizó técnicas experimentales y materiales jamás imaginados en aquel momento: el metal flexible arrugado o doblado, dibujos esquemáticos, piezas tridimensionales que ponían a la realidad contra las cuerdas, relieves de aluminio o esculturas modulares.

Charlotte Posenenske: Work in Progress Charlotte Posenenske: Work in Progress Charlotte Posenenske: Work in Progress

Serialismo no aurático y el mercado del arte

Charlotte Posenenske desarrolló una forma de minimalismo de construcción masiva, que respondía a las preocupaciones sociales recogidas en su manifiesto de 1968. Fue ferozmente crítica con el mercado del arte, y con todos los conceptos que lo rodean: las jerarquías culturales, los convencionalismos estéticos, el inmovilismo, la propia autoría de la obra, y especialmente con lo exclusivo, lo único y lo irrepetible.

Sus esculturas modulares permiten al usuario o consumidor intervenir sobre la obra, y demostrar así la capacidad de influencia de ésta sobre el espacio (metáfora de lo público) y del poder de la movilización. Esto es: inmovilismo y movilización. Intervención o manipulación. Renunciar a la autoría de la obra y promover el arte, la cultura y los oficios creativos como servicio público, como parte de un compromiso con la ciudadanía y el bien común, fue el hilo conductor de sus años como autora.

En la obra de Charlotte Posenenske, el minimalismo no es estético, sino discursivo. Éste responde a la necesidad de generar utilidad, funcionalidad y participación. Sus esculturas modulares pretendían que todo fuera replicable, y nada estuviera sujeto a la edición limitada. Los modelos de creación y comercialización del arte eran, a su juicio, excluyentes.

La artista alemana se convirtió en una azote para el mercado del arte, al dinamitar sus cimientos vendiendo sus obras al precio del coste del material. Esta participación e intervención sobre el espacio y sobre la obra artística por parte del consumidor, fueron las bases de una voz, que quiso ser la voz de una generación. Una creadora y visionaria que trató de transformar el mundo a través de la mirada del arte, deconstruyendo su dimensión más elitista.

El final de un viaje

En 1968, probablemente al final de aquel viaje revelador y transformador por las carreteras de Holanda, Charlotte Ponsenenske se sintió decepcionada por la incapacidad del arte para cambiar las cosas, mejorar la vida de una sociedad adormecida y de ser útil para la revolución. Tras rodar aquella película, la artista comenzó a dedicarse a la sociología, y se especializó en el estudio del trabajo y la producción industrial.

Además el MACBA ha editado un catálogo en castellano que recupera el legado de Charlotte Posenenske, para que futuras generaciones puedan revisitar las aportaciones al discurso minimalista, conceptual y participativo, y a las propuestas revolucionarias provocadoras una mujer caracterizada por generar respuestas. Su estilo y su forma de entender el arte fue pionero, y las vanguardias posteriores son deudoras del carácter rebelde y visionario de Charlotte Ponsenenske.


Texto: Jaume Amills y María Muñoz
Vistas de la exposición Work in Progress. Fotos: Miquel Coll