Entrevista a Laura Morales: “Soy una mártir bien vacilona”

Laura Morales convierte una ruptura amorosa en rebaño y coreografía. Entre danza y pastoreo, reflexiona sobre trabajo, resistencia, feminidad y refugio frente a la violencia.

Laura Morales carga balas de paja de 25 kilos sobre el escenario con una trenza que le llega al suelo y un body de encaje. Su cuerpo acompaña a una actitud fuerte, no se dispersa ante lo que a otres inmoviliza. Ser Pastora es su última pieza, en ella muestra la reacción de una mujer a la que nunca le han roto el corazón y que tras su última ruptura sentimental decide comprarse un rebaño.

Entrevista a Laura Morales: “Soy una mártir bien vacilona”

Digo que nunca me han roto el corazón porque nunca he dejado de comer, de dormir, de querer ir a trabajar, de quererme…

Siglo 21, sociedad de consumo, en este contexto, ¿cómo definirías lo que es “romper el corazón”? Si nunca lo has experimentado, ¿cómo te imaginas que puede doler? Fuera del escenario ¿crees que también puede haber una escenificación debido a cómo se nos plantea que deben de ser las relaciones románticas?

Laura Morales: Romper un corazón hoy es dejar un fuego encendido al pie de una playa, que sabes que subirá la marea y se lo comerá. Se comerá un corazón roto, como nosotras nos comemos un pobre mejillón. Como dice la canción “el amor es un zumbido en el aire, un rumor que se acerca, un brisa ligera…” romper ese corazón hoy, ahora mismo, es sólo esperar un viento más fuerte. Digo que nunca me han roto el corazón porque nunca he dejado de comer, de dormir, de querer ir a trabajar, de quererme por un amor. He disfrutado cada romance, cada amor, cada amante y cuando han dejado de venir a mi lado todo ha continuado, nada se ha parado. Mis amores amantes han sido bonitos, han sido fuego, han sido y son familia, por eso no nos hemos roto.

Entrevista a Laura Morales: “Soy una mártir bien vacilona”

Yo quería que se viera también lo duro que es ser bailarina, ponerte esos taconcitos, esa trenza, ese encaje, y lo duro que es ese paisaje, coger una oveja, coger una bala de paja para que coma, para que sigan contigo.

En Ser Pastora cargas balas de paja. ¿Cómo ha sido preparar, cuerpo y alma, para ello?

Laura Morales: Mi cuerpo es fuerte, tengo una genética que me ha protegido de todas las burradas que he hecho en escena. Pero para esto no estaba tan preparada, sólo sabía que lo quería hacer y que, como no iba a tener animales en escena porque me niego a que vivan ese estrés de teatro, viaje, luces… pues la paja, las balas de paja, iban a ser mis montañas, mis paisajes y mi rebaño. No he sido muy consciente de su peso hasta que gente, después de ver la pieza, se mete en escena y la coge.

Ahí se dan cuenta que he estado levantado unos 20-25 kg, que pesa cada una, durante toda la pieza. A la gente le gusta vernos a las artistas haciendo cosas duras, difíciles. Yo quería que se viera también lo duro que es ser bailarina, ponerte esos taconcitos, esa trenza, ese encaje, y lo duro que es ese paisaje, coger una oveja, coger una bala de paja para que coma, para que sigan contigo. La preparación ha sido el deseo y, que además de estar fuerte, soy bruta y lo iba a hacer sí o sí.

Entrevista a Laura Morales: “Soy una mártir bien vacilona”

Pero, además de ser una mártir bien vacilona también creo que está habiendo un avance y creo que más para el campo que para la danza.

“Creo que no hay mucha diferencia entre una pastora y una coreógrafacreadorademovimientoartesvivasartista. El campo y la danza van de la mano en preciosismo y miseria.” ¿Crees que está habiendo algún avance o podemos considerarte una mártir en ambos campos?

Laura Morales: Soy una mártir. Imagínate que de lo menos cuidado y reconocido y que menos visibilidad tiene en las artes escénicas, como es la danza contemporánea, siendo además mujer y andaluza, de Sevilla, de barrio, después de años de carrera y superando como esos primeros lugares de programación, por los que se supone que hay que empezar y logrando acceder a festivales y programaciones más grandes, fuera de tu comunidad, te das cuenta que no te vas a ganar la vida de eso. Que no es suficiente, que no lo he conseguido. Y, mi alternativa sea irme a hacer una formación de pastora de ovejas, ¿es de mártir de las buenas no?

Pero, además de ser una mártir bien vacilona también creo que está habiendo un avance y creo que más para el campo que para la danza. Evidentemente no sólo por mí, porque hay una red de pastoras, pastoras nómadas, ganaderas en red, artistas que llevan lo rural en su discurso mucho más potente y con mayor repercusión que yo, pero que a mí me hayan invitado este año a las I Jornadas de Trashumancia en Brieva de Cameros, donde hice las prácticas de pastora, que tiene una población de 46 habitantes (en verano), me inviten a sus jornadas, a hablar donde van a hablar sus pastores y programen mi pieza, para mí eso es mi Premio Nacional de Danza.

Entrevista a Laura Morales: “Soy una mártir bien vacilona”

A mí sentir como las ovejas me seguían, como confiaban en el camino que yo encabezaba, como se pegaban a mí sin ningún miedo, eso es un sueño.

De tu experiencia en el campo, ¿qué ha sido lo más bonito que te ha pasado? Hablo de bonito refiriéndome a la experiencia que te haya hecho trascender, ¿la visualizas?

Laura Morales: A mí sentir como las ovejas me seguían, como confiaban en el camino que yo encabezaba, como se pegaban a mí sin ningún miedo, eso es un sueño. Y los cielos que me brindaron esas montañas de La Rioja, no los olvido. Que de repente te cruce un toro de 2000 kilos y que sepas que no va a pasar nada. Ver los caballos salvajes, ahí tranquilos, en su sitio, y tú poder participar también, eso no se me va a olvidar a mí jamás.

¿Algún sueño que tuvieras mientras estabas en el campo?

Laura Morales: Ahora mismo hay mucha violencia: guerras, contra las mujeres y otros colectivos, y también violencia en nuestras rutinas, en la velocidad a la que vivimos. Me gustaría que la película fuese un refugio frente a esa hostilidad. Que recordase que podemos construir pequeños refugios y volver a ellos de vez en cuando para seguir viviendo.

Fotografías Daniel Galán