La Embajada, tu nuevo viejo bar de Lavapiés

Nosotros que, con más ansia que los inspectores Michelin, atravesamos océanos y valles angostos para disfrutar de una buena ración de bravas o de un pepito con el que empalar nuestra desaforada hambre de tasca española, acudimos prestos a la llamada de un poco de esperanza en los bares de barrio. La Embajada ya es santo y seña de la calle Embajadores y solicitarán en ella las más distinguidas criaturas de la postmodernidad, adictas a las cañas con espuma y a la ensaladilla rusa sin huevas de esturión, su correspondiente asilo diplomático.

Antes, este esquinazo, donde se podrá seguir practicando el terraceo, olía a fritanga y sus cristales apenas transparentaban a causa de la grasa acumulada. Ahora, con un sencillo pero efectivo lavado de cara, la cosa respira atmósfera más oxigenada para tratar de no perder la esencia de bar castizo. Regentado por jovenzuelos, que es lo que toca.

Ahí está la barra central alrededor de la que se apostan los taburetes de rigor. Mármol y servilletas de papel. Sus repisas a los lados para no perder la costumbre de acodarse con chulería gatuna frente a unos calamares fritos. Todo, sin que se note demasiado —es un piropo—, es obra de Javier González, interiorista del estudio Lab Matic. La luz ya entra a chorro desde la calle y la plaza. Entre grafitis de Okuda, presiones gentrificadoras y los mismos problemas y las mismas alegrías de siempre, La Embajada encaja, desde la frontera de Embajadores, en un Lavapiés que parece querer llenarse de renovadas vibraciones con incluso algún que otro bareto de moda. Éste podrá serlo.

La Embajada, tu nuevo viejo bar de Lavapiés

Imágenes superiores: bocata de carne mechada y la barra de La Embajada

La Embajada, tu nuevo viejo bar de Lavapiés

Imagen superior: rincón de La Embajada y surtido de raciones con vermú

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Imagen superior: detalle de La Embajada, ración de calamares y huevos con jamón

El testigo de ese dinamismo lo recogen Marcelo Caschili y Andrea Pirastu, de Cerdeña pero muy madrileños ellos desde hace ya una década, para hacer de este espacio no-neutral un bar de cervezas y vermús de grifo, de raciones y bocatas. Lo de siempre, vamos, pero otra y otra vez ya que aquello de antes está que se cae de desinterés o directamente se extingue en el centro de Madrid.

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Imagen superior: tosta de aguacate, huevo poché y salsa benedict

La Embajada abre en horario de desayuno, pues sólo faltaba si quiere dar el callo obrero, con su pincho de tortilla a punto, su sándwich mixto sagrado, su tostada de jamón con tomate, sus churros y sus porras para mojar aunque sea en carajillo. Los más finolis, esos que madrugan para ir de brunch, igual se apuntarán a la tosta de aguacate, huevo poché y salsa benedict, una deliciosa concesión que se compensa ipso facto con un par de huevos fritos con beicon y salchichas presentados en vajilla metalizada de latón eterno.

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La Embajada, tu nuevo viejo bar de Lavapiés

Imágenes superiores: ración de albóndigas con tomate, bocadillo de calamares, patatas alioli y patatas con anchoas

El día se pasará ración va, bocadillo viene, esencia de la felicidad sin pretensiones. Lo mismo una carne mechada que unas albóndigas con tomate, entrepanes o no. Y es que quién puede negar el virtuosismo de un buen bocadillo de albóndigas, ¿eh, Tony Soprano? La recomendación en el inmediato boca-oreja ya es la ración de berenjena a la parmigiania. En formato bocata, con chorizo y todo. Ale.

La Embajada, tu nuevo viejo bar de Lavapiés

Imagen superior: bocadillo de carne mechada de La Embajada

Hasta las 16:30, de lunes a viernes, el menú del día toma forma de plato combinado a elegir entre cinco proteicas versiones. Por 8,5 euros, bebida, café o fruta incluidas, coleguis.

La Embajada, tu nuevo viejo bar de Lavapiés

Imagen superior: la barra de La Embajada y ración de berenjena a la parmigiana

Y de beber… Albóndigas. Para pasarlas del todo, rondas de caña tras caña y vermús con su aceituna ensartada. Echamos en falta, eso sí, algún cóctel a modo de especialidad, un mañanito, un martini divertido, un algo sin más. Que las almas de Lavapiés también tienen derecho a levantar el meñique con estilo. Por lo demás, muchas buenas intenciones y buen rollo asegurado en La Embajada, tu nuevo viejo bar de Lavapiés.

La Embajada, tu nuevo viejo bar de Lavapiés

Imagen superior: bocadillo de berenjena a la parmigiana

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La Embajada de Embajadores
Calle Embajadores, 66, Madrid

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