Paulo Arraiano lleva la memoria oceánica al Centro Párraga

El Centro Párraga acoge Unless The Water Is Safer Than The Land, una instalación de Paulo Arraiano que explora el mar como espacio de memoria, migración y conflicto.

Con motivo de Unless The Water Is Safer Than The Land, la instalación que presenta en el Centro Párraga de Murcia, conversamos con Paulo Arraiano sobre las conexiones entre migración, colonialismo, extracción de recursos y crisis climática. A través de imagen, sonido y tecnologías digitales, el artista explora el océano como un espacio atravesado por memorias, desplazamientos y relaciones de poder, proponiendo una mirada que entrelaza historias humanas y más-que-humanas.

Imágenes: Unless the water is safer than the land. Paulo Arraiano. Centro Párraga: Batalla (Adoración Martínez).

Paulo Arraiano lleva la memoria oceánica al Centro Párraga

El océano como territorio vivo

Unless The Water Is Safer Than The Land, de Paulo Arraiano, toma el océano como punto de partida para reflexionar sobre la memoria, la violencia y el movimiento de cuerpos y territorios. A través de una poética que entrelaza ciencia, mito y tecnologías contemporáneas, el proyecto explora cómo las dinámicas migratorias, extractivas y geopolíticas atraviesan tanto los ecosistemas como las vidas humanas.

La instalación parte de la idea de que las condiciones oceánicas primordiales siguen inscritas en nuestros cuerpos, evocando la relación entre la sangre, los sistemas de circulación y el mar ancestral. Desde esa conexión profunda entre cuerpo y océano, la obra vincula historia, migración, tecnología y ecología, proponiendo una mirada que desdibuja las fronteras entre lo biológico, lo cultural y lo territorial.

Paulo Arraiano lleva la memoria oceánica al Centro Párraga

La práctica de Paulo Arraiano se articula en torno a lo que denomina una “sismografía visual”, una herramienta para rastrear las tensiones y desplazamientos que configuran los paisajes contemporáneos. Su trabajo conecta cuerpo, territorio y tecnología para abordar cuestiones vinculadas a la crisis climática, el Antropoceno y las geografías del desequilibrio.

La obra fue producida originalmente en el marco del proyecto de investigación From Lagos to Lagos, desarrollado entre Lagos (Nigeria) y Lagos (Portugal) junto a la artista Yagazie Emezi y bajo la curaduría de Lynhan Balatbat. Su presentación en el Centro Párraga dialoga además con las piezas de Arraiano incluidas en la exposición colectiva Formas de habitar. Nuevas ecologías para un mundo en transformación, que puede visitarse en Efímera hasta el 18 de junio.

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Hilos invisibles

Belén Vera: En Unless The Water Is Safer Than The Land el mar aparece como un espacio donde confluyen memoria, desplazamiento y distintas formas de vida. ¿Qué te interesaba explorar a través de esta relación entre cuerpos, historias y agua?

Paulo Arraiano: Unless The Water Is Safer Than The Land parte del océano como testigo vivo, un espacio donde la memoria, los cuerpos y las historias circulan, se sedimentan y, en ocasiones, colisionan. La conexión entre Lagos (Nigeria) y Lagos (Portugal) no era solo un gesto geográfico, sino una forma de trazar los hilos invisibles de historias coloniales, diásporas y migraciones humanas y más-que-humanas que siguen configurando nuestro presente. El agua transporta esas historias, pero también las transforma, ofreciendo un espacio donde aquello que fue perdido, ocultado o silenciado puede emerger de nuevo.

Paulo Arraiano lleva la memoria oceánica al Centro Párraga

Aquí, el océano se convierte en un colaborador. Mide el tiempo de otra manera, moldea la percepción y nos recuerda que los cuerpos y los entornos son inseparables. A partir de mitos, rituales y cosmologías ancestrales, la obra activa el mar como un lugar donde conviven la violencia, el anhelo y la resiliencia, y donde pueden surgir otras formas de imaginar el cuidado y la pertenencia. El proyecto invita no solo a observar, sino a sumergirse; a sentir las corrientes de la historia, escuchar lo que el agua recuerda y habitar un espacio que es al mismo tiempo íntimo, ancestral y planetario. En ese sentido, funciona tanto como una meditación como una provocación; una forma de pensar con el océano como archivo vivo y sensible.

“Hoy, la lógica de la extracción persiste, no solo materialmente sino también energéticamente, circulando a través de redes, infraestructuras y las propias atmósferas que sostienen nuestras vidas. En cierto sentido, la tecnología es el nuevo imperio.” Paulo Arraiano.

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B.V.: El agua aparece en tu trabajo como materia física, pero también como memoria, territorio y agente de transformación. ¿Cómo conviven todas esas dimensiones dentro de tu práctica?

Paulo Arraiano: Conceptualmente, mi trabajo se articula desde un pensamiento pan-oceánico, entendiendo el océano como un tejido conectivo entre continentes, diásporas y cosmologías. Me apoyo en referencias como Derek Walcott, Drexciya o José María Arguedas, que abordan el agua como portadora de memoria, identidad y resistencia. Los océanos son, en este sentido, espacios de tránsito donde memoria, identidad y resistencia permanecen en constante circulación. En la práctica, el agua es el punto de partida y el elemento guía. Mis instalaciones, vídeos y performances siguen sus flujos y ritmos, permitiéndole moldear la percepción, el tiempo y la memoria. El océano se convierte así en un medio para la escucha y la transformación, conectando mundos humanos y más-que-humanos, y abriendo un espacio donde las historias pueden revisitarse y reimaginarse.

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Cartografías del Atlántico

B.V.: Unless The Water Is Safer Than The Land forma parte de From Lagos to Lagos, desarrollado junto a Yagazie Emezi y bajo la curaduría de Lynhan Balatbat. ¿Cómo influyeron ese marco curatorial y el proceso colaborativo en el desarrollo conceptual del proyecto?

Paulo Arraiano: Todo el proyecto se desarrolló durante un año mediante una estrecha colaboración con la artista nigeriana Yagazie Emezi. La relación establecida entre Lagos (Portugal) y Lagos (Nigeria) buscaba traer a la superficie historias y memorias vinculadas al agua, la migración y la herencia colonial. El proceso tomó la forma de una correspondencia visual basada en el intercambio de imágenes, objetos, gestos e ideas a través del Atlántico. Dentro de este diálogo, el mito, la espiritualidad y las cosmologías más-que-humanas se convirtieron en fuerzas fundamentales del proyecto. También fue clave pensar cómo ciertas historias han sido narradas históricamente desde la perspectiva de quienes ocuparon, extrajeron y controlaron estos territorios.

Paulo Arraiano lleva la memoria oceánica al Centro Párraga

El marco curatorial desarrollado por Lynhan Balatbat-Helbock fue esencial para abordar el proyecto desde la escucha, las contranarrativas y las prácticas archivísticas participativas. Su aproximación abrió nuevas formas de conectar territorios, memorias y relatos silenciados, transformando la instalación en un espacio de reconstrucción especulativa y relacional. En muchos sentidos, el proyecto dialoga con la noción de opacidad y relacionalidad de Édouard Glissant, donde las historias no permanecen fijas, sino que circulan a través de corrientes, fragmentos y encuentros. En este contexto, el océano aparece no solo como escenario, sino como una entidad activa capaz de transportar memorias, heridas y formas alternativas de imaginar la relación entre territorios, cuerpos e historias compartidas.

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La tecnología como nuevo imperio

B.V.: En la exposición sugieres que las lógicas extractivas del colonialismo no han desaparecido, sino que han adoptado nuevas formas ligadas a la tecnología y a la explotación de recursos. ¿Qué continuidades observas entre ambos procesos?

Paulo Arraiano: Veo una continuidad entre el extractivismo histórico y las corrientes que configuran nuestro presente, fluyendo como mareas profundas a través del tiempo. El extractivismo colonial desplazó humanos, minerales y ecologías a través de los océanos, rompiendo relaciones, sistemas de conocimiento y conexiones ancestrales. Hoy, la lógica de la extracción persiste, no solo materialmente sino también energéticamente, circulando a través de redes, infraestructuras y las propias atmósferas que sostienen nuestras vidas. En cierto sentido, la tecnología es el nuevo imperio.

“(…) quién navegará las nuevas carabelas, naves espaciales… por qué océanos, qué estrellas […] quién será el patrón o el rey (…) quién será forzado a navegar o a nadar estas aguas oscuras, y a excavar en el vientre del planeta en busca de cristales que nos guíen hacia la nube (…)” Extracto de Wired tides, Blue Gold, White Bones, Paulo Arraiano

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El extractivismo histórico continúa, pero sus formas han cambiado, donde antes se explotaban oro, especias y cuerpos humanos, ahora el litio y los minerales raros alimentan máquinas de ambición imperial, impulsando un capitalismo deshumanizador que intensifica los desequilibrios planetarios y sociales. Estos procesos generan nuevas guerras, desplazamientos y formas de control neocolonial, donde la tecnología y el discurso del progreso se entrelazan con sistemas de dominación. En esta lógica, la relación entre los humanos y la naturaleza, con los ancestros y con la vida natural y espiritual, se borra, subordinada a una narrativa de explotación y destrucción planetaria. Las mismas corrientes que transportaron cuerpos a través de los océanos hoy hacen circular energía y capital de formas que amenazan tanto la Tierra como nuestra capacidad colectiva de habitarla.

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Del Atlántico al Mediterráneo

B.V.: Aunque el proyecto conecta Lagos (Nigeria) y Lagos (Portugal), la instalación se presenta ahora en Murcia, otro territorio marcado por el mar, la migración y las transformaciones del paisaje. ¿Cómo dialoga la obra con este nuevo contexto?

Paulo Arraiano: Aunque el proyecto nace del diálogo entre Lagos (Nigeria) y Lagos (Portugal), su presentación en Murcia abre otro umbral geográfico y simbólico. El Mediterráneo entra inevitablemente en la obra como otro territorio atravesado por migraciones, comercio, extracción y transformaciones constantes del paisaje. En este sentido, no aparece separado del Atlántico, sino como parte de una misma corriente histórica de circulación, violencia y desplazamiento que sigue definiendo tanto las formas coloniales como muchas dinámicas contemporáneas. Lo que cambia muchas veces son las superficies y los nombres. Donde antes circulaban carabelas y rutas imperiales, hoy lo hacen infraestructuras digitales, mercancías, minerales estratégicos y nuevas formas de control económico. Sin embargo, las lógicas de extracción y explotación continúan atravesando tanto los territorios como los cuerpos.

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Murcia se convierte así en otro punto resonante dentro de esta cartografía oceánica. La fragilidad ecológica, la presión sobre los recursos naturales, la extracción agrícola, las economías turísticas o las rutas migratorias reflejan muchas de las tensiones presentes en el proyecto. Los paisajes que se transforman y los movimientos precarios de cuerpos a través del mar evocan continuidades históricas que la instalación busca poner en relación. La obra dialoga con este contexto no desde la representación directa, sino desde la resonancia, entendiendo el Mediterráneo como otro archivo vivo donde continúan sedimentándose historias de ocupación, desplazamiento y supervivencia. En este sentido, el mar aparece no solo como testigo de estas continuidades, sino también como un espacio capaz de abrir otras formas de relación basadas en la escucha, la reciprocidad y el cuidado.

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Imaginar otros futuros

B.V.: En tu trabajo, la ficción especulativa aparece como una herramienta para pensar otras formas de relación entre cuerpos, territorios y ecologías. ¿Puede ayudarnos también a imaginar nuevas formas de comunidad y coexistencia?

Paulo Arraiano: La ficción especulativa ofrece una herramienta clave para imaginar mundos más allá de la violencia histórica y contemporánea. Inspirándome en autores como Glissant, Walcott, Arguedas o Ghosh, entiendo el océano no solo como archivo de memoria y trauma, sino como un espacio de posibilidad y relacionalidad. Estas narrativas nos invitan a superar las jerarquías coloniales y pensar en sistemas basados en flujos, redes y responsabilidad compartida. En mi trabajo, esta dimensión se vincula con la escucha del agua, el conocimiento ancestral y las agencias más-que-humanas. A través de este enfoque, podemos imaginar futuros basados en el cuidado, la reciprocidad y la coexistencia.

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La cultura como forma de acción

B.V.: Formas parte del patronato de Korp Foundation. ¿Cómo surge esta fundación y qué propone?

Paulo Arraiano: En un contexto de policrisis acelerada, la posición tradicional del artista resulta cada vez más insuficiente. Mi práctica ha estado vinculada al Antropoceno, los desplazamientos y las relaciones entre sistemas humanos y naturales, pero llega un momento en que la pregunta deja de ser qué puede representar el arte para convertirse en cómo puede intervenir en el mundo. Mi implicación en Korp Foundation surge precisamente de esa inquietud. Fundada por Stefan Nilsson, la organización reúne a artistas, investigadoras, científicas y agentes culturales para abordar cuestiones como la crisis climática, las desigualdades estructurales o las transformaciones ecosociales desde una perspectiva interdisciplinar. Su trabajo se articula a través de residencias, encuentros e investigaciones colectivas que conectan saberes artísticos, científicos y locales en distintos contextos geográficos.

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Lo que me interesa de Korp es que entiende la cultura como una herramienta para comprender y actuar sobre la realidad. Más que una institución convencional, funciona como una plataforma de colaboración donde pueden surgir nuevas formas de conocimiento, imaginación y respuesta frente a los desafíos contemporáneos. Para mí no es algo separado de mi práctica artística, sino una extensión natural de ella.

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Unless The Water Is Safer Than The Land de Paulo Arraiano puede visitarse hasta el 25 de junio en el Centro Párraga. Más información en este enlace.