
En Foto por Privado, Simon Chevrier explora el deseo, la soledad y el poder de las imágenes en la era digital. El autor reflexiona sobre identidad, prostitución, enfermedad y escritura, en una novela donde la búsqueda de compañía atraviesa cada página.
En Foto por Privado , Simon Chevrier (Francia, 1992) construye un relato atravesado por la imagen, el deseo y la soledad en la era digital. A partir de la obsesión del narrador por una fotografía y de sus experiencias en aplicaciones de encuentros, la novela explora los límites entre exposición e identidad, intimidad y transacción. Tras el aplauso unánime de la crítica y arrasar en ventas, el autor reflexiona sobre el poder de las imágenes, la precariedad emocional y económica, y el modo en que la escritura puede dar forma a aquello que duele y, al mismo tiempo, acompaña.
Imagen superior: Foto Dorian Prost
Peter Hujar. Daniel Schook Sucking Toe. 1981
La fotografía está muy presente en la novela, tanto como arte como documento. Aparece en una doble dimensión: la imagen de Daniel Schock fotografiado por Hujar (1981), que obsesiona al narrador, y las fotografías en aplicaciones de encuentros. ¿Cuál es tu relación con la fotografía?
Simon Chevrier: Más que con la fotografía, tengo una relación compleja con la imagen en general. Me interesa como concepto: puede ser visual, televisiva, incluso una imagen viva. No soy un experto en fotografía, pero esa imagen me fascinó porque no sabía nada de ella. Descubrí al fotógrafo a través del modelo. La vi como cuento en el libro: sobre una cama, pegada con cinta, sin marco. Sabía que era famosa, pero el anonimato del modelo me inquietaba. Me parecía injusto que alguien estuviera tan expuesto sin que se conociera su identidad. Esa incomodidad me llevó a investigar.
¿La fotografía te planteaba preguntas?
Simon Chevrier: Sí. Reflexiono sobre la relación entre el sujeto fotografiado y quien posee los derechos, el fotógrafo. Ambos son importantes. Recuerdo el caso de una mujer retratada durante la Gran Depresión que descubrió décadas después que su imagen se había difundido sin su conocimiento. Demandó al fotógrafo y fue compensada. Ese caso me hizo pensar en la importancia de la identidad. Me interesaba esa frontera entre el anonimato y convertirse en imagen pública.
Pensaba en Roland Barthes y su idea de que una imagen puede herirnos. ¿Te ocurrió algo así?
Simon Chevrier: Quizá no como herida. Reconocí en ese joven algo cercano: físicamente se parecía a mí. Pero, sobre todo, me pareció muy sensual y seguro de sí mismo. Pensaba que la foto era de los ochenta, en un contexto en el que mostrarse así tenía algo muy potente. Más que una herida, era la sensación de que era alguien casi inalcanzable.
¿Crees que las imágenes pueden ejercer control dentro del universo gay, especialmente en apps de citas?
Simon Chevrier: Sí. Hoy funcionan como validación. Antes también ocurría, pero de otra forma. Ahora la primera impresión pasa por la fotografía. En ese sentido, estamos sometidos a la imagen.
Simon Chevrier (c) Archivo del autor
En la novela mencionas a artistas como Peter Hujar, David Wojnarowicz, Hervé Guibert, Annie Ernaux o Nan Goldin. ¿Tu novela nace también del sufrimiento?
Simon Chevrier: Me inspiraron mucho. Partía de la idea de escribir sobre el dolor emocional, sobre el sufrimiento en las relaciones, especialmente en los encuentros entre hombres. Ese fue el impulso inicial.
Al abordar la prostitución, ¿buscas incomodar o provocar?
Simon Chevrier: No. Quería mostrar cómo son esas relaciones: la preparación, los gestos, el estado mental. Me interesa más lo que ocurre alrededor que el acto en sí.
¿El narrador siente empatía por sus clientes?
Simon Chevrier: Sí. Intento escribir sin juzgar. El narrador comprende su soledad.
La enfermedad también está presente: el sida y el coronavirus. ¿Qué papel juegan?
Simon Chevrier: pérdida. Me interesaba ese momento en el que alguien cae en la inestabilidad y tiene que aprender a gestionarla.
La soledad también es central.
Simon Chevrier: Totalmente. El narrador lucha contra ella constantemente. La investigación funciona como refugio, como un propósito que lo conecta con la vida.
¿Esa investigación es también una búsqueda de compañía?
Simon Chevrier: Sí, sin duda. Se siente acompañado por ese joven y por su historia.

La novela nace durante tu máster en Le Havre. ¿Cómo fue el proceso?
Simon Chevrier: Empecé en 2021 con textos fragmentarios. Envié algunos al máster y fui aceptado. Durante dos años trabajé sin una estructura clara, acompañado por una escritora. Fue al final cuando el proyecto tomó forma de novela.
Toulouse está presente. ¿Era imprescindible?
Simon Chevrier: No. Quería una gran ciudad, pero podría haber sido otra.
La estructura es fragmentaria. ¿Qué buscabas con ella?
Simon Chevrier: Contar la historia como fragmentos de vida, momentos intensos sin continuidad lineal, algo cercano a un falso diario.
Da la impresión de ser una escritura espontánea.
Simon Chevrier: En realidad, reescribo mucho. Busco una escritura depurada y coherente. Trabajo el equilibrio y la musicalidad, y leo en voz alta varias veces para ajustar el texto.
Has terminado tu segunda novela. ¿Mantiene continuidad?
Simon Chevrier: Sí. Retoma al narrador con 19 años en París, en un contexto familiar difícil. Descubre el modelaje, inspirado en mi experiencia en castings para Saint Laurent o Dior. Es más corta, más lineal y aborda un primer amor.
Una etapa especialmente vulnerable.
Simon Chevrier: Exacto. Es una novela de iniciación, con una voz más joven pero un estilo similar.
Entrevista Guillermo Juberías
Texto Juan Martí